jueves, 16 de julio de 2015

LAS VISITAS DEL DELIRIO



Las Visitas del Delirio
Por Federico Boccanera
16 de julio de 2015

Desde hace ya unos cuantos años, se habla en Venezuela de tiempos de decadencia, de parálisis, de indiferencia y desidia, tiempos de apatía y sumisión, de “anomia”.

Sin duda el país entró en lo que bien debería denominarse un callejón sin salida, en donde no se vislumbra aparentemente una salida distinta al hambre, el caos y por lo tanto la instauración definitiva de un régimen totalitario, desprovisto de oponentes y otros contratiempos. Incluso en estos días ha comenzado a hablarse de gravedades tales como fragmentación territorial y guerra civil, lo cual refleja el casi total desconocimiento de la sociedad venezolana.

Con respecto al régimen imperante, la pérdida del principio de unidad de mando e incluso del principio de “autoridad revolucionaria”, debe verse como la consecuencia de la desaparición del caudillo, y sobre todo de esa gran capacidad de arbitraje que tenía sobre la población, más allá de su carisma innegable ante la masa y los recursos ingentes de los que pudo disponer para repartir e “incluir” a su manera, a todos los poderes bajo su mando omnímodo.

De la cadena de mando única e incontrastada del comandante único, insustituible y “eterno”, pasamos a una “cadena civil” que ya desde su cúspide se presenta dual por la presencia malformada de dos siameses cuya principales características obedecen a carencias absolutas, de autonomía uno y de escrúpulos el otro, este hecho que de por si un presagio grave, se hace aún más ominoso si analizamos la estructura del poder chavista, sus ramificaciones extensas, y sobre todo la jerarquía militar inamovible que constituye su basamento.

Hugo Chávez a ese pueblo, al que supuestamente veneró, no ha podido tratarlo de peor forma, es más fue particularmente cruel con él, pues la inoculación de esperanza y redención no se transformó en “Patria” no, se transformó en pesadilla, y basta ver a Nicolás Maduro, solo verlo, o escuchar a Diosdado Cabello, o a cualquiera de estos “sucesores” que nos “legó” para darnos cuenta del horror de su estafa histórica. Desde luego la población es entendible que tarde en asimilar un final tan espantoso para su ilusión, pues los ritmos de extinción de la esperanza se sabe que pueden resistir al tiempo mejor que cualquier cosa.

Por otro lado, el país opuesto a Chávez tampoco se encuentra en modo alguno en mejor situación con respecto a su esperanza, más bien, se encuentra tanto o más abandonado que el pueblo chavista, al sufrir el también de la decadencia profunda de sus élites, sus dirigentes, de una clase política degenerada y encerrada en sí misma, de una ausencia de liderazgo que logre realmente trascender la reducida y desesperada dimensión rentista y electoral en la cual nos encerraron, por insuficiencia no solo individual sino generacional e histórica.

Ambos, pueblo opositor y pueblo chavista, constituyen un solo pueblo abandonado a su suerte, unido en un país que se evapora frente a ellos, unido por la desgracia de haber quedado sin alternativa, sin futuro, sin destino.

LAS VISITAS DEL DELIRIO

Este título hace tiempo lo escogí, para ponérselo a una recopilación personal que hice de unos artículos publicados por el finado Jorge Olavarría en el año 2003. El primer artículo se llama “La Fuerza de la Irracionalidad” y el segundo “Las Anomias Venezolanas”. Estos escritos nos ilustran sobre dos hechos que considero cruciales para el entendimiento del contexto histórico actual y es que: a) vivimos en un estado de anomia colectiva y b) no es la primera vez que esto nos pasa como sociedad.

En el artículo sobre “La Fuerza de la Irracionalidad”, Olavarría se centra en la caída de la segunda república en 1814 y describe como una sociedad en zozobra y al borde de la disolución, cegada por el pánico, la desesperación y el abandono de toda esperanza, toma el camino siniestro de su propia autodestrucción, sin llegar a comprender siquiera, que estuvo más bien al borde de la liberación y la redención.

En el artículo sobre “Las Anomias Venezolanas”, Jorge Olavarría en una muestra de erudición histórica realmente notable (y que me hace añorar su ausencia en forma especial) nos explica como esas anomias nos han atacado en tres ocasiones a través de la historia, siendo la última, la que “estalla” con la llegada al poder de Hugo Chávez Frías.

Explica también cómo estas anomias en cada ocasión se resolvieron con la insurgencia en la historia de ciertas y determinadas figuras, unos “reyes de la baraja” como los llamaría Francisco Herrera Luque: Antonio Guzmán Blanco y Juan Vicente Gómez.

Pero con el permiso de los lectores, quisiera hacer hincapié en el primer artículo, el que alude a esa irracionalidad que por lo visto puede atacar no solo a Venezuela sino a cualquier nación en ciertos momentos, sin distingo de su gloria y grandeza, pasada y presente.

Porque para este servidor, tan importante como la descripción que el autor hace de la patología suicida de aquella sociedad, lo es el relato del particular temple mostrado por Simón Bolívar en esa Caracas a punto de caer en la barbarie, relato brevísimo pero intenso y esclarecedor, de ese Bolívar post Manifiesto de Cartagena y post Decreto de Guerra a Muerte, o sea de un “Bolívar 2.0” profundamente transmutado y minuciosamente consciente de la circunstancia histórica que le toca.

En el aparte de “Las Memorias de Morán” (José Trinidad Morán) se describe primero a un Bolívar que, consciente de las limitaciones de su autoridad, renuncia (más bien se libera) de su mando civil para después ocuparse con “ejecutividad marcial” de restablecer el orden público “haciendo presente que él no era ya Jefe de la Nación, pero como General, estaba en el deber de no permitir el desorden…”

Faltaría más, a Olavarría no se le escapa el hecho y lo resalta, y desde luego, Bolívar ceñido en apariencia a un rigor institucional absolutamente impecable, es justificado en el mismo testimonio de Morán con el deber ser de esos “dos mil soldados que le quedaban al Libertador que obedecíamos y no deliberábamos pues éramos soldados y no tribunos".

Pero no nos engañemos amigos lectores, y menos sabiendo cómo fue que todo terminó: pues ese al que alude el relato, ya no es el General Bolívar obediente a una letra de la ley, un militar no deliberante y respetuoso de normas y formas, es ya el Bolívar obediente a un destino, ejecutando su destino.

El episodio concluye si se quiere gloriosamente, a pesar del momento inglorioso, y además con lo que pareciera ser de alguna forma, una clarividente admonición sobre el presente que nos toca vivir, pues "cansado el pueblo sensato y más aún los partidos de vejarse mutuamente en sus candidatos y propósitos, por un movimiento general aclamaron nuevamente para Jefe Supremo de Venezuela al Libertador, encomendándole que salvara la patria…”

De hecho, en los pasajes donde se narra lo ocurrido en la asamblea de ciudadanos y en el cabildo abierto de junio y julio de 1814, en aquella Caracas a punto de sucumbir ante las hordas de Boves, no puedo dejar de ver un paralelismo con la insensata alharaca electoralista de nuestra pobrísima clase política actual, en su disputa estéril por “espacios” de poder ante la amenaza en puertas, inminente y tangible, de desolación y muerte para la república.

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Jorge Olavarría
LA FUERZA DE LA IRRACIONALIDAD
4 de marzo de 2003

Mala, muy mala, se veía la situación de los patriotas para mediados de 1814. La espantosa derrota sufrida por Bolívar y Mariño en La Puerta el 15 de junio, había abierto el camino de Valencia y Caracas a la horda salvaje de llaneros pardos y negros que seguían a Boves y a Morales. Al concluir la batalla en una huida desordenada, los derrotados sabían que nada y nadie era capaz de detener a la feroz marejada humana de odio racial y codicia, en su empeño de llegar y ocupar Valencia y Caracas. Bolívar, andando a marcha forzada de noche y acompañado de un asistente llamado “el Turco”, fue el primero que entró en Caracas.

Su prisa, era para impedir que la noticia del desastre de La Puerta creara un desaliento capaz de producir el derrumbe de la autoridad del gobierno.

Cuando la noticia llegó, Bolívar estaba preparado para afrontar sus consecuencias. El 17 decretó la Ley Marcial, y a medida que llegaban los restos de las tropas derrotadas, organizaba con ellas tres batallones que puso al mando del teniente coronel Hermógenes Maza. Con energía y diligencia, éste impidió los pillajes que empezaron a brotar por doquier. Con esto y con la colaboración de los magistrados republicanos que se mantuvieron firmes, Bolívar logró mantener el orden y el gobierno. Sin embargo, las críticas a su persona aumentaban a medida que los derrotados llegaban a la ciudad inundándola con los macabros detalles de la espantosa derrota.

El miedo se volvió pavor cuando se supo que Boves estaba acampado en La Victoria. Para encerrar las críticas acerca de lo mal que se había hecho esto y lo otro, y encaminar las proposiciones sobre lo que se debía hacer, en un debate organizado, Bolívar reunió en los patios del Convento de San Francisco -hoy Palacio de Las Academias- una Asamblea de Ciudadanos.

Este es uno de los más curiosos y menos conocidos episodios de todo lo que sucedió en los espantosos años trece y catorce.

La Asamblea de Ciudadanos que deliberó tras la derrota de La Puerta fue la tribuna para la exposición de las más extravagantes ideas. Como se había asomado la proposición de hacer salir de la ciudad mujeres, niños y ancianos, hubo oradores que calificaron esto de cobardía y traición gritando “que todos mueran”.

Vicente Lecuna, en su estudio sobre la Guerra a Muerte, comenta que unos demagogos “alardeando heroísmo pedían el régimen de comunidad de bienes para que cada ciudadano tomase lo que necesitase donde lo encuentre”, observando de paso que esos mismos extremistas serían los aduladores de Boves un mes más tarde.

Martín Tovar Ponte, hijo del Conde de Tovar y jefe de una familia insospechablemente devota de la causa republicana, todos campeones de la Independencia desde 1810, que pagaron con sus vidas y sus fortunas su adhesión a la causa de la libertad, contaba a su esposa Rosa Galindo que en el camino de Antímano, dos niñas les fueron arrebatadas a sus padres por unos negros y violadas en su presencia. Su explicación era sencilla: “No tenemos gobierno”. “Sálvate con nuestros hijos. A mí siempre me encontrarás en el campo del honor”.

LA ACCIÓN CONTRARIA AL PROPIO INTERÉS

La irracionalidad es más frecuente de lo que se piensa. Bárbara Tuchman explica esta realidad en su libro “The March of Folly” donde examina el enigmático fenómeno del error consciente deliberado y persistente, de quienes siguen un curso de acción contrario a su propio interés. En nuestras narices tenemos el caso del suicidio del “paro cívico” de 63 días, iniciado el 2 de diciembre (de 2002, ndr).

Tuchman examina casos que se resumen en preguntas sin respuesta lógica: ¿Por qué los troyanos, sordos a las advertencias que se les hacían, dejaron que el sospechoso regalo de un caballo de madera fuese introducido en su ciudad asediada, y no hurgaron el vientre donde se ocultaban los griegos que abrieron las puertas?

¿Por qué los papas del siglo XV siguieron en forma persistente y consciente una política que llevó a la cristiandad al cisma de la reforma protestante? ¿Por qué los ministros de Jorge III de Inglaterra acosaron a los colonos americanos con impuestos y los arrinconaron a la rebeldía? ¿Por qué Hitler invadió Rusia y no aprendió del desastre de Napoleón?

¿Por qué sucesivos gobiernos de Estados Unidos se dejaron arrastrar hacia el desastre por la absurda guerra de Vietnam, que alienó a su nación al punto de una guerra civil?

En esta línea de raciocinios, los venezolanos podemos preguntarnos: ¿Qué llevó en 1987 al partido Acción Democrática a escoger como su candidato a Carlos Andrés Pérez, después de lo que de él sabían y conocían? ¿Qué hizo que los venezolanos reeligieran en 1988 a Carlos Andrés Pérez, quien 10 años atrás había concluido su gobierno en el fracaso, después de haber dilapidado en una orgía de insensatez y corrupción, la mejor oportunidad que presidente alguno había tenido en nuestra historia, antes de la de Chávez?

¿Qué llevó a que Luis Herrera Campins, después de haber visto el colosal endeudamiento del país por Carlos Andrés Pérez, repitiera la dilapidación de los ingresos petroleros extraordinarios que se produjeron con la caída del Sha de Irán, y ahondara el endeudamiento de su predecesor al punto de llevar al colapso monetario de 1983?

¿Qué hizo que los venezolanos reeligieran a Rafael Caldera, para que repitiera y aumentara los errores de su primer gobierno? ¿Qué hizo que Caldera sobreseyera la causa de los militares rebeldes del 4 de febrero de 1992? ¿Qué llevó a la candidatura de Luis Alfaro Ucero y de Irene Sáez en 1998? ¿Cómo fue posible que ambas candidaturas terminaran en el bochornoso espectáculo de su endoso a Salas Römer?

¿Cómo fue posible que el 12 y 13 de abril de 2002 los militares y civiles que tenían en sus manos el destino del país, se condujeran en tal forma de permitir el regreso de Chávez? ¿Qué fue lo que hizo que un hombre como Pedro Carmona, que parecía prudente y sensato, hiciera lo que hizo? ¿Qué razones tuvo la Coordinadora Democrática para preferir la enmienda para adelantar las elecciones en la cual está enredada, al referéndum revocatorio acerca del cual nada hay que negociar, pues está en la Constitución y lleva a la inexorable salida de Chávez?

LAS MEMORIAS DE MORÁN

José Trinidad Morán fue testigo de lo que sucedió en Caracas poco antes de la emigración a Oriente en junio y julio de 1814. Sus memorias nos han dejado algunas reflexiones que se podrían aplicar en esta hora si hubiera mentes abiertas a la racionalidad.

Morán cuenta que cuando las avanzadas de Boves estaban en Las Adjuntas, Bolívar consciente de que su autoridad no era suficiente para dominar la irracionalidad desbocada, reunió a los hombres más notables de Caracas en un Cabildo abierto y renunció a su autoridad, ofreciéndose a servir a quien el Cabildo eligiese para reemplazarlo.

Morán cuenta que: “testigo de esa escena calamitosa, arrimado a una columna del Convento de San Francisco, niño aún, casi no podía formarme juicio de lo que era el pueblo soberano deliberando. Mil candidatos se presentaron pretendiendo el mando supremo, pero la masa del pueblo los rechazaba.

Tres días llevábamos en estas reuniones populares sin que nadie se entendiera y a lo último ya no había quien discurriese con lógica ni quien mandase ni tampoco quienes obedeciesen. La capital de mi patria era juguete de los partidos; la intriga y la cábala habían tomado el lugar del patriotismo, el populacho quería saqueo ya, diciendo que todos los blancos eran godos. El Libertador los contuvo haciendo fusilar a dos iniciadores de esta “patriótica” ocupación. Hecho este ejemplar castigo, Bolívar se presentó en la Asamblea y dio cuenta de la pena que le había impuesto a los criminales, haciendo presente que él no era ya Jefe de la Nación, pero como General, estaba en el deber de no permitir el desorden, lo cual le atrajo multitud de aplausos”.

Esto sucedió hace casi dos siglos. Hoy, debería hacer pensar a los civiles y a los militares acerca de lo que son sus responsabilidades y lealtades con la patria.

Morán cuenta que "Las deliberaciones y muchos despropósitos populares seguían y si el orden no se alteraba en Caracas, era debido a los dos mil soldados que le quedaban al Libertador que obedecíamos y no deliberábamos pues éramos soldados y no tribunos".

Sucedió entonces lo que sucede siempre. Los extremistas que eran los que en 1812 habían adulado a Monteverde, en 1814 adularán a Boves. Eso terminó como debía terminar. Morán recuerda que "cansado el pueblo sensato y más aún los partidos de vejarse mutuamente en sus candidatos y propósitos, por un movimiento general aclamaron nuevamente para Jefe Supremo de Venezuela al Libertador, encomendándole que salvara la patria. Pero ya no era tiempo. Boves marchaba sobre Caracas con un ejército vencedor sembrando por todas partes la desolación y la muerte."

La emigración de Caracas en 1814 es una de las mayores tragedias de nuestra historia. Deformada en la explicación e interpretación de sus causas, por quienes han escrito acerca de los años de la guerra a muerte, la historiografía prevaleciente ha perdido de vista que las migraciones masivas de poblaciones fue una de las características de aquellos dos años, acerca de las cuales se omite explicar que quienes emigraban eran los blancos lanzados a tan desesperada acción, por la acometida de negros y pardos convertidos en hordas de asesinos y ladrones por la prédica primero de Monteverde y luego de Boves.

Ambos, usurpadores de la autoridad realista, se apoyaron en el odio racial para formar y enardecer las huestes que necesitaban para combatir a los rebeldes republicanos cuyas ideas y cuyo modelo de gobierno, no era entendida por quienes podían y debían beneficiarse de ellas, y prefirieron el pillaje y el saqueo a la igualdad y libertad que se les ofrecía.

Dentro de lo que sucedió en los escasos días que siguieron a la catástrofe de La Puerta del 15 de junio de 1814, y la emigración de los caraqueños a Oriente, iniciada el 7 de julio, la Asamblea Popular de junio y el Cabildo Abierto de julio, son dos singulares episodios que evidencian la paradoja de la enorme fuerza de la irracionalidad.

Una lección que debe sacarse de estos episodios es que, en momentos críticos, los energúmenos extremistas son los peores enemigos de la causa que dicen defender.

Otra, lección es que las deliberaciones complicadas* tienden a extraviar la percepción de la realidad, despiertan y le dan tribuna a las ambiciones bastardas, hacen perder de vista lo fundamental, en obsequio de la miopía de lo accidental, y le abren la puerta a oportunistas, logreros y buscones que con su gritería exacerban la irracionalidad colectiva.

*deliberaciones complicadas ¿o democráticas?

Jorge Olavarría
LAS ANOMIAS VENEZOLANAS
11 de Marzo de 2003

¡Cómo pasa el tiempo! Para noviembre de 1908 cuando Cipriano Castro se disponía a embarcarse para irse a Berlín, para que le sanaran el riñón enfermo que en Venezuela nadie se atrevía a tratar, ya habían transcurrido nueve años y medio desde aquel 23 de mayo de 1899, cuando al frente de 60 hombres había atravesado la frontera del río Táchira, para lanzar en Capacho la proclama de la Revolución Liberal Restauradora.

Era la tercera revolución que en menos de un año se hacía en contra del gobierno de Ignacio Andrade.

Cinco meses después Castro, que no había logrado ni siquiera derrocar al gobierno regional del Táchira, llegó a Tocuyito en las afueras de Valencia. Se había batido con coraje y había triunfado en todos los combates... aunque había la sospecha de que sus victorias habían sido derrotas deliberadas de sus contrincantes. Lo cierto era que cuando Castro llegó a Tocuyito, lo único que había conquistado era la tierra que pisaban las alpargatas del desarrapado millar y medio de tachirenses que lo seguían, y las armas que le habían quitado al enemigo.

Andrade envió a Tocuyito una fuerza que triplicaba la de Castro al mando de los generales Ferrer y Fernández. Estos se detestaban, no se entendían, no se acordaron en nada y maniobraron en tal forma de aniquilarse el uno con el otro. La catástrofe de Tocuyito no fue una victoria para Castro, que quedó tan maltrecho que no podía ni pensar en moverse.

Pero eso desencadenó maniobras, duplicidades, cobardías y traiciones que llevaron el derrumbamiento del gobierno de Ignacio Andrade. Y los que fueron encomendados con la misión de atacar a Castro lo colocaron en la presidencia, pensando que era un fenómeno pasajero. Cuando quisieron sacarlo, no pudieron.

Castro había sacado de la cárcel y había nombrado ministro al Mocho Hernández. A los dos días se alzó. Así se inició en 1899 el gobierno de la restauración liberal. Para 1908, de los nueve años que llevaba gobernando, cinco habían sido una sucesión constante de sangrientas revoluciones, guerras, y gravísimos conflictos internacionales; y cuatro años de incesante agitación y tensión interna y externa.

Cuando Castro partió, Venezuela tenía rotas las relaciones diplomáticas con Colombia, Francia, Holanda y Estados Unidos. Una escuadra holandesa estaba concentrada en Curazao y se disponía a bloquear Puerto Cabello y La Guaira con el apoyo de Washington. En Trinidad, el general Nocivas Rolando, se preparaba para reiniciar la revolución que había perdido en 1903.

Estas eran las circunstancias bajo las cuales, el 24 de noviembre de 1908 el vicepresidente Juan Vicente Gómez se encargó de la Presidencia. Nadie pensaba que Gómez mandaría en Venezuela en los siguientes 27 años. Lo que todos querían era que Gómez acabara con la pesadilla del gobierno de Cipriano Castro.

LA ANOMIA SEGÚN DURKHEIM

En 1897, el sociólogo francés Emile Durkheim introdujo a las ciencias sociales el término “anomia”, para describir situaciones en las cuales una profunda fractura de las reglas que cohesionan a las sociedades humanas, producen crisis que llevan al desánimo y la pérdida del sentido de identidad, individual y colectiva. Durkheim estudió la anomia en su libro El Suicidio: un estudio sociológico como un fenómeno social proclive a generar conductas patológicas que llevan a diferentes formas de suicidio colectivo.

Se suele pensar que los suicidios colectivos son fenómenos grotescos y raros, propios de cultos religiosos como el de Jim Jones en Guyana y David Koresh en Texas. No es así. Los suicidios colectivos son fenómenos históricos tan antiguos como recurrentes.

Las guerras son –en su mayoría– la forma más frecuente de suicidio colectivo. Las huelgas generales e indefinidas pueden llegar a serlo. Si se las examina bien, las razones que en algunos casos se dan para matar y morir en una guerra, son tan absurdas e irracionales como las de los fanáticos religiosos para inmolarse. Todos los suicidios colectivos están dirigidos por personas fanatizadas por creencias dogmáticas.

Entre 1914 y 1945 la paranoia destructiva de guerras suicidas tomó proporciones de pandemia mundial. Entre 1914 y 1917 las antiguas dinastías gobernantes de Rusia, Alemania y Turquía se suicidaron.

El caso más dramático de anomia que llevó a un suicidio colectivo fue el de Alemania.

La incapacidad de su liderazgo para entender y aceptar la causa y el resultado de la primera guerra, hizo que en 1933 los alemanes llevaran al poder a Adolfo Hitler que desató la Segunda Guerra que desembocó en el más espantoso suicidio colectivo de los tiempos modernos.

Los casos de patología social generadores de anomia con tendencia al suicidio colectivo, no se reconocen como tales sino cuando la avalancha desencadenada se hace indetenible hasta para quienes la desataron. Esto sucedió con el paro cívico de Venezuela en diciembre de 2002. La razón de esta ceguera colectiva es que la irracionalidad, propia del estado de ánimo colectivo de la anomia, opera como el macabro carrusel que gira en círculos viciosos, donde la causa y el efecto se potencian el uno al otro.

La anomia tiende a consagrar liderazgos mesiánicos que conducen al suicidio colectivo. Visto en retrospectiva, en todos los casos, al inicio del camino que llevó al suicidio colectivo, abundaron voces que advirtieron los peligros de empezar algo que no se podía detener. Una de las características de la anomia suicida es que las voces de minorías estridentes de extremistas fanáticos privan sobre las voces de la sensatez, que casi siempre son mayoría. Pero sucede que en los climas de anomia, la emoción le gana a la razón. El temor a verse acusados de cobardes o de traidores, por una masa a la cual se la condiciona con gritos repetitivos, apaga, inhibe o descalifica toda advertencia. Así es como las sociedades a veces ruedan hacia su autodestrucción en un frenesí demencial.

LAS ANOMIAS VENEZOLANAS

En la historia republicana de Venezuela a partir de 1830, hay tres momentos en los cuales se crearon estados de anomia. El primero se hizo evidente en 1869, 10 años después de haberse iniciado la Guerra Federal. La crisis del sistema creado por la Constitución de 1830 tuvo como síntoma de suprema insensatez, la conmemoración del asalto al Congreso de 1848 como una fecha patria. El derrocamiento de José Tadeo Monagas en marzo de 1858 abrió una esperanza para corregir ese rumbo, el cual se materializó en la Convención de Valencia, que aprobó lo que en su letra fue la mejor Constitución del siglo pasado. Sin embargo, a los pocos días de aprobada, pasó a ser letra muerta por el inicio de la guerra larga. Hacia 1864, la anomia del venezolano llegó a ser de tal intensidad, que llevó a un alma tan noble y justa como la de Fermín Toro, a dirigirle una carta a la reina Victoria de Inglaterra rogándole colonizar para educar a un país incapaz de gobernarse a sí mismo.

Ese ciclo de locura, pillaje y destrucción llegó al delirio con el regreso al poder del viejo José Tadeo Monagas en 1868, sucedido a su muerte por su hijo José Ruperto. Un indicio del estado al que se había llegado fue que como las aduanas estaban en poder de los Estados “soberanos”, el gobierno no percibía ingresos. Cuando Monagas decretó la autoridad del gobierno federal sobre las aduanas, Venancio Pulgar, declaró al Zulia Estado soberano e independiente. Monagas derrotó y encerró a Pulgar en el castillo de Puerto Cabello. Pero el costo de la campaña agotó al Tesoro y el gobierno cayó en la indigencia total, lo cual produjo rebeliones en Aragua, Guárico, Carabobo y Oriente.

Los gastos para enfrentar esas revoluciones llevaron a más impuestos, empréstitos forzosos, confiscaciones y reclutas que a su vez estimulaban más rebeliones. Venezuela fue rescatada de ese estado de anomia por Antonio Guzmán Blanco, quien a partir de 1870 creó las estructuras de gobierno de una República ordenada.

El segundo caso de anomia empezó con la crisis del sistema creado por Guzmán Blanco, que empezó a desmoronarse con las presidencias de Rojas y Andueza y la revolución “legalista” de Crespo en 1892. Esta se deslegitimó con la trampa de las elecciones de 1897 que le negaron al Mocho Hernández su derecho a la victoria y que hicieron a Ignacio Andrade presidente títere de Joaquín Crespo. El Mocho se alzó, provocó la muerte de Crespo en abril de 1898 y eso creó un vacío que desencadenó las revoluciones de Ramón Guerra y Cipriano Castro.

Castro incrementó el estado de anomia que llegó a su cenit cuando en octubre de 1908 todos los municipios se manifestaron a favor de una reforma constitucional que lo haría presidente vitalicio. Eso se interrumpió cuando Castro cayó en una seria crisis de salud. Los venezolanos podían hacer a Castro presidente vitalicio, pero no podían hacerlo inmortal.

El diagnóstico era indudable. Para corregir el mal, la cirugía era imprescindible. Era eso o la muerte. Decidido el viaje, doña Zoila influyó para que Juan Vicente Gómez quedara encargado de la Presidencia.

Castro partió el 24 de noviembre. En la madrugada del 19 de diciembre de 1908 Gómez tomó el control de los cuarteles de Caracas y arrestó al gobernador Pedro María Cárdenas. No se disparó un tiro y los castristas presos no pasaron de 20. Cuando se supo lo que había sucedido, una gran multitud, que ovacionaba a Gómez y daba mueras a Castro se formó en la plaza Bolívar. Alguien le pidió a Gómez hablar desde el balcón. Este respondió “No señor, nada de discursos porque eso no trae nada bueno”. Saludó con la mano y se retiró. Un nuevo estilo de gobierno había empezado. De la locuacidad de Castro se pasó al mutismo de Gómez.

Unos propusieron que se convocara elecciones para una Asamblea Constituyente, y se declarara la Dictadura “provisional”. Gómez lo rechazó. Según la Constitución era el legítimo vicepresidente encargado de la Presidencia. Nadie reaccionó a favor de Castro. El hombre que hacía seis meses estaba a punto de ser consagrado por “aclamación” presidente vitalicio, pasó con inusitada facilidad a ser blanco del oprobio general. En el Congreso no se levantó, ni se levantará, una sola voz para defenderlo.

Y en la Corte, se le abrieron juicios por instigación a delinquir y el asesinato de Antonio Paredes.

La tercera anomia de nuestra historia estalló en 1999. No sabemos cómo terminará. Lo que sí sabemos es que a la primera la corrigió un Antonio Guzmán Blanco y la segunda la corrigió un Juan Vicente Gómez.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

·       “HISTORIA VIVA 2002-2003: La rebelión civil, el referéndun revocatorio”
Jorge Olavarría
Caracas, Alfadil Ediciones, Primera Edición, 2003.

·       Diario EL NACIONAL
Año 2003.

domingo, 14 de junio de 2015

ODIO A LOS INDIFERENTES



Odio a los indiferentes. Creo, como Friedrich Hebbel, que “vivir significa tomar partido”. No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes.

La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador, es la materia inerte en la que a menudo se ahogan los entusiasmos más brillantes, es el pantano que rodea a la vieja ciudad y la defiende mejor que la muralla más sólida, mejor que las corazas de sus guerreros, que se traga a los asaltantes en su remolino de lodo, y los diezma y los amilana, y en ocasiones los hace desistir de cualquier empresa heroica.

La indiferencia opera con fuerza en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad, aquello con lo que no se puede contar, aquello que altera los programas, que trastorna los planes mejor elaborados, es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la estrangula.

Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, ocurre porque la masa de los hombres abdica de su voluntad. Deja que se aten los nudos que luego sólo la espada podrá cortar, deja promulgar leyes que sólo la revuelta podrá derogar, dejar subir al poder a hombres que sólo un motín podrá derrocar.

La fatalidad que parece dominar la historia, no es otra que la apariencia ilusoria de esta indiferencia, de este absentismo. Los hechos maduran en la sombra, entre unas pocas manos no vigiladas por control alguno, que tejen la trama de la vida colectiva y la masa lo ignora, porque no se preocupa. Entonces parece ser la fatalidad la que lo arrolla a todo y a todos, entonces parece que la historia no es más que un enorme fenómeno natural, una erupción, un terremoto del que son víctimas todos, quien quería y quien no quería, el que sabía y el que no sabía, el activo como el indiferente. Y este último se irrita, querría escaparse de las consecuencias, querría dejar claro que él no quería, que él no es el responsable. Algunos lloriquean compasivamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas? ¿Habría ocurrido lo que pasó?

La mayoría de ellos, sin embargo, pasados los acontecimientos, prefiere hablar del fracaso de los ideales, de programas definitivamente en ruinas y otras lindezas similares. Eluden asumir cualquier responsabilidad. Y no es que ya no vean las cosas claras, y que a veces no sean capaces de pensar en hermosas soluciones a los problemas. Pero estas soluciones resultan bellamente infecundas, y esa contribución a la vida colectiva no está motivada por ninguna luz moral, es producto de la curiosidad intelectual, pero no de un fuerte sentido de la responsabilidad histórica que quiere a todos activos en la vida, que no admite agnosticismos e indiferencias de ningún género.

Odio a los indiferentes también porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos sobre cómo han desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, sobre aquello que han hecho y especialmente sobre aquello que no han hecho. Y siento que puedo ser implacable, que no tengo que malgastar mi compasión, que no tengo que compartir con ellos mis lágrimas.

Vivo, soy partisano. Siento en la conciencia viril de los míos, latir la actividad de la ciudad futura que están construyendo. Y en ella la cadena social no pesa sobre unos pocos, en ella nada de lo que sucede se debe al azar, a la fatalidad, sino a la obra inteligente de los ciudadanos. En ella no hay nadie mirando por la ventana mientras unos pocos se sacrifican y se desangran en el sacrificio.

Vivo, soy partisano. Por eso odio a los que no toman partido, por eso odio a los indiferentes.

Tomado y traducido de:
“Odio gli indifferenti”
Antonio Gramsci
11 de febrero de 1917

domingo, 7 de junio de 2015

LAS ELECCIONES: EL CALLEJÓN SIN SALIDA...


Una vez más, el país se encuentra ante un año electoral, y una vez más al país se le llevará a un nuevo engaño, a un nuevo callejón sin salida que no solucionará nada y más bien prolongará su sufrimiento. Este artículo, del cual pido de antemano disculpas por su extensión, es una recopilación de mi pensamiento sobre el tema, y servirá para justificar políticamente mi decisión de volverme abstencionista frente a las actuales circunstancias, en contra de lo que he sido siempre en el pasado.

I. MI POSICIÓN, MI DECISIÓN

Nunca he sido abstencionista siempre he sido todo lo contrario, he sido consecuente votante en todos los procesos electorales de los últimos años, mejor dicho, desde 1988.

Creo en el voto, y creo en él en cuanto derecho, expresión soberana, y arma política.

Es más, creo en la política, soy un apasionado de su estudio (autodidacta) y creo en los partidos políticos, además fui militante de Acción Democrática (AD), un militante activo en contra de sus actuales autoridades, que han traicionado y pisoteado todo su legado histórico.

Nadie puede acusarme de ser antipolítico ni antipartido, ni un "terco" abstencionista.

Sin embargo:

No creo en esta clase política, y cuando me refiero a clase política, me refiero a la englobada tanto en la “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD) como en el “Gran Polo Patriótico” (GPP): no creo en ninguno de los partidos que la conforman y hoy en día, el partido en el que menos creo es precisamente AD.

Como me considero opositor, particularmente objetaré a la MUD, pues he demostrado hasta la saciedad, casi hasta el vómito, que no es oposición.

Y mi posición frente a las próximas elecciones, supuestamente elecciones a la Asamblea Nacional (AN), será la de NO IR A VOTAR.

II. MI PENSAMIENTO SOBRE LO ELECTORAL EN LAS ACTUALES CIRCUNSTANCIAS

1. VOTAR NO ES PARTICIPAR

Votar no necesariamente implica participar, y cuando se da en determinadas circunstancias se vuelve más bien la consagración de la sumisión, se trata de participar en un ritual supuestamente “soberano” que ha sido totalmente desvirtuado pues no permite verdadera elección -sólo una falsa opción bipolar predeterminada por las respectivas castas o bandas políticas- y tampoco permite renovación ni cambio, ni en las autoridades ni en la situación del país.

Desde hace años, las supuestas elecciones no son otra cosa que un rito de distracción, una puesta en escena consensuada que ejemplifica mejor que ninguna, el control social que sobre una sociedad políticamente anulada ha logrado el actual régimen y la clase política que medra a su sombra, la cual incluye un sector de oposición, la MUD, que es la que realmente cumple de factor legitimador del régimen, eso sí, siempre y cuando pueda validarse a su vez en esos mismos eventos electorales, un negocio redondo para el poder y para unos políticos de absoluta mediocridad que jamás tendrían vida en cualquier otra situación.

Aquí el discurso que se debe afrontar, ya ni siquiera es una cuestión de otorgar o negar legitimidad, pues se ha vuelto, simple y llanamente, en un discurso de NO a la complicidad, de NO a la actuación de toda un clase política que es la que tiene secuestrada a la nación, incluso más allá del autoritarismo imperante, pues también la clase política opositora refugiada en la MUD en cuanto supuesta alternativa, no solo se niega a dar la lucha previa indispensable para restituir precisamente la democracia, sino que además es activamente antidemocrática en cuanto descalifica, difama y denuncia a quienes proponen otra vías políticas, sobre todo de acción política.

(La MUD encarna la antipolítica en su expresión más esencial, en cuanto política encerrada en sí misma, que no reconoce lo político, la política que niega lo político, que sataniza el conflicto en la sociedad y de la misma sociedad queda aislada).

La actual oposición MUD es notoria comensalista del Estado rentista y no cambiará nada importante ni trascendente, mientras pueda usufructuar del actual reparto, es más, la actual modalidad arbitraria, mafiosa y hamponil del régimen madurista le permite una serie de ventajas en el usufructo de las tajadas del reparto, que constituyen muy convenientes oportunidades para poder levantar plataformas de publicidad y mercadeo para proyectos personalistas y de “negocios” de múltiple naturaleza, que en ninguna otra circunstancia tendría la oportunidad de armar, dado el grado patético de deficiencia y mediocridad de sus dirigentes, los cuales, en cualquier otro país o momento distinto, simplemente no prosperarían ni sobrevivirían.

Los de la MUD son en cierta forma, los “mochos” complementarios que la clase política dominante del chavismo necesita para rascarse. Los cuales en plena conciencia de sus mutuas deficiencias, acceden a cierta convivencia que no se da única y exclusivamente dentro del ámbito electoral, ya que esta se extiende a las parcelas de reparto rentista que el Estado acepta ceder por conveniencia múltiple de imagen institucional, y de preservación de una oposición deficitaria, absolutamente incapaz de provocarle daño alguno.

La actual oposición no aporta otra cosa que la conveniente “diversidad” para impedir la tipificación del actual régimen en uno inequívocamente dictatorial, pero este impedimento solo es nominal, y de hecho, no ha impedido el cese de la república, la muerte de la democracia en todo sentido, especialmente en cuanto posibilidad de alternabilidad, además del abuso de poder, la corrupción sin límites, la ruina económica y la entrega de la soberanía.

2. VOTAR NO ES ELEGIR, SOLO SE ELIGE EN DEMOCRACIA

Las elecciones casi nunca son prueba de democracia, y si no se celebran en libertad, sobre todo en libertad política, sólo generan y consolidan oligarquía.

Las elecciones en Corea del Norte son cada 5 años, hay 3 partidos políticos, y se celebran en total paz y civismo, la abstención es casi cero.

Las elecciones en Cuba son cada 5 años, hay un sólo partido político y se celebran en total paz y civismo, la abstención no llega al 5%.

En Corea del Norte y Cuba se celebran elecciones regularmente, en total paz y civismo, no hay “radicales”, ni “guarimberos”, ni “golpistas”.

Importante recalcar que en Corea del Norte y Cuba, las elecciones se celebran obedeciendo a "la autoridad, la constitución, la ley y las instituciones".

Así que nada como ir a votar en sana paz, obedeciendo la ley, y sin nadie quedándose en casa, pregunten en Corea del Norte o Cuba…

¿Cuál es la conclusión?

Para este servidor la única conclusión posible, es que los ciudadanos reducidos a meros votantes ¡NO SON NECESARIOS EN ESTE MOMENTO! la de “elector” no es la faceta requerida cuando se ha perdido la democracia.

3. NO NOS REPRESENTAN

Ni el GPP representa a los partidarios del régimen ni la MUD es oposición, y el caso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es patético, pues dista mucho de ser el partido “hegemónico” que el régimen chavista de dominación debería tener como basamento, pues no pasa de ser una organización electorera dócil, pequeño burguesa e instrumentalizada, que no genera doctrina, ni dirigencia, ni programas, ni equipos de gobierno, que no agrupa vanguardia ni proporciona relevos. Una organización de nula credibilidad que sólo provee un servicio burocrático de postulación para consumo de ciertas clientelas menores, y eso sí y muy importante, contribuye con la colosal maquinaria de movilización electoral el día de los comicios.

Sobre la MUD bastante este servidor ha dicho ya, sobre una agrupación que ya no reúne partidos políticos sino agencias de mercadeo político para proyectos personalistas, y de captación de tajadas de la renta petrolera (los benditos “espacios” que ellos tanto pregonan como objetivo sagrado, de defensa y conservación ineludible).

LA MUD ES UNA INSTITUCIÓN DEL RÉGIMEN, tan alineada con su mandato que a duras penas simula su condición de agrupación opositora (más bien busca denodadamente constituirse en la alternativa chavista al madurismo “traidor del legado”) hasta el punto de negarse a objetar las casi ridículas condiciones electorales en las cuales debe siempre competir y más bien colabora con el estado opresor, en la persecución y represión de la protesta ciudadana (tal como ocurrió el año pasado).

Falsos partidos con falsos liderazgos que al acudir a elecciones escenifican una aparente competencia en una supuesta arena democrática, pues ninguno de ellos puede acceder al poder ¡ni el GPP ni la MUD pueden hacerlo! pues sólo pueden orbitar alrededor de él, conformando un sistema planetario al que se le permite, vía asignación y usufructo de ciertos espacios de poder institucional o regional (cotos de renta), la producción de cierta gravitación clientelar la cual permite su supervivencia, los mantiene con cierta organicidad mafiosa, habilita la estafa que califica como democrático a un régimen dictatorial, y certifica a la “variopinta” fauna política que medra en el conjunto, como plural y legítima.

En cuanto a la labor representativa hasta ahora desempeñada por casi todos los diputados a la Asamblea Nacional desde el 2010 (salvo excepciones escasísimas y honrosas, como las de María Corina Machado) y me refiero a todos los diputados sin distingo de partido, o de pertenencia o no al régimen o a la oposición, mejor sería ni hablar...

Comparsa, lo que se llama comparsa, es como se debe definir al grupo de diputados tanto de “gobierno” como de "oposición" a la actual Asamblea Nacional, es que no hay mejor palabra para describirlos con exactitud: son la definición más acabada, la definición perfecta, de una comparsa.

En particular, los diputados "opositores" a la AN desde el principio de su investidura y como “representantes” que supuestamente son de un electorado en creciente zozobra de vida, han debido encarnar la denuncia, la protesta, la rebeldía permanente, han debido ser un dolor de cabeza constante para el régimen, la piedrita, más bien ¡LA ROCA EN EL ZAPATO! primero para las botas de Chávez, y luego para las zapatillas bailarinas de Maduro, de hecho, el estándar contestatario (mínimo) lo estableció la misma María Corina casi que en solitario, del resto solo se podría hablar de sumisos rutinarios…

4. El ASFIXIANTE ELECTORALISMO

El permanente y asfixiante electoralismo, produce además los siguientes efectos nocivos en la actividad política y los partidos:

a. Concentra toda captación y asignación de recursos para la actividad política tanto materiales como humanos en la pura operación electoral, y por lo tanto en los requerimientos organizativos de cúpulas y comandos de campaña, abandonando cualquier otra labor propia del activismo político permanente: tareas de acompañamiento, análisis y reflexión con la militancia y la ciudadanía, actividades de contacto y canalización de inquietudes y proyectos con las comunidades, organizaciones sociales y gremios, elaboración y recolección de propuestas generales y sectoriales, construcción y coordinación de redes, capacitación y doctrina, revisión y actualización programática, captación de nuevos simpatizantes, militantes y liderazgos naturales, selección y preparación de equipos de gobierno, etc.

La deformación electoralista hace que todo, absolutamente todo, quede relegado, supeditado, subordinado a la cuestión electoral, candidatural, promocional, mercadotécnica, y toda la vida partidista en toda su complejidad y extensión, el verdadero trabajo político abocado al país y no al candidato de turno, se reduce, suspende o posterga por tiempo indefinido.

b. El permanente requerimiento de organización específica para actividades exclusivamente electorales, consolida la “ley de hierro de la oligarquía” [1] al imponer la exigencia disciplinaria como “modus vivendi partidista”, con la consecuente cristalización de las líneas partidistas y las cadenas de mando ligadas a cogollos nacionales y regionales, con la consecuente paralización de todo proceso de discusión, de circulación vertical, de democracia interna en los partidos políticos.

c. En el caso de la MUD, la obsesión desmesurada por la captación del eventual voto de los chavistas decepcionados, ha terminado por moldear en forma estrictamente mercadotécnica toda propuesta programática y toda comunicación hacia la sociedad, concentrándola excesivamente en un determinado sector (el “pueblo”) hasta el extremo de incluso manifestar hostilidad y burla hacia su mercado político natural en la clase media.

d. Otra arista particularmente antipolítica de este problema, es que el electoralismo favorece sobremanera la especialización tecnocrática relacionada con campañas candidaturales en operación constante, proceso que ha terminado por transformar a los partidos en agencias de publicidad y mercadeo.

III. PENSAMIENTOS FETICHISTAS

1. NO HAY QUE ENTREGARLES “TODO”

A un régimen que acabó con la separación de poderes y que actúa al margen de la ley, o sea que arrasó con la república, que además tiene a PDVSA y controla el narcotráfico, o sea, tiene el monopolio de los ingresos, de los recursos económicos, sobre todo de las divisas, y por si fuera poco también tiene a la fuerza armada, nada más y nada menos que el monopolio de la fuerza, a un poder así, omnímodo y omnipotente, no se le “refuerza” o se le “debilita” por el resultado de una elección a un “cuerpo legislativo” que se tuvo a bien dejarlo relativamente accesible, para poder mostrar ante la palestra internacional alguna apariencia de debate democrático, cual “teatro de los muppets” para monigotes teledirigidos por comandos y cogollos escondidos, de lado y lado.

Porque para un poder de semejante naturaleza, la cuestión de “los espacios” en el sentido democrático de espacios de control, limitación y contrapeso entre poderes públicos, esa cuestión ha perdido todo sentido, y aún en el supuesto de que el régimen perdiese el espacio legislativo, ya vimos como la voluntad popular puede ser desconocida y pisoteada de la forma más descarada y abusiva posible, tal como pasó en el caso de la diputada María Corina Machado, y sin que semejante atropello suscitara una reacción en bloque, como un cuerpo sólo, de esa oposición que tanto se jacta de su “unidad”.

De hecho la supuesta conquista de la Asamblea Nacional (AN) por parte de una oposición perfectamente integrada a la institucionalidad chavista, no implicaría la conquista de un poder público, el cual por disolución autoritaria dejó de existir hace mucho, pero implicaría sí la conquista de una “presencia sensible” en las entrañas del Estado, cuya única significación real es la testimonial de una supuesta “rutina democrática” y por lo tanto favorece directamente al régimen, al constituirse esa asamblea en una vitrina, una pecera ornamental, que puede exhibirse como muestra legítima de pluralidad y tolerancia.

En la MUD es tan fuerte el divorcio de la ciudadanía, y la dependencia y asimilación institucional al Estado chavista, que ni siquiera consideraron oportuna la iniciativa de celebrar elecciones primarias para un porcentaje mayoritario de los circuitos, y así convertirlas en ejercicio de participación ciudadana, de organización colectiva y de verdadera diferenciación ideológica/cultural del régimen.

Es tan fuerte ese divorcio y erosión espiritual de la MUD y su sometimiento a la ilegalidad, al atropello y a la opresión, que nunca consideró el convertir (ni por un segundo) cada preso político, cada perseguido político, en los principales candidatos, en los candidatos naturales para la Asamblea Nacional y ni hablar de proponer eso como lucha principista por la libertad.

2. LAS ELECCIONES SERVIRÁN PARA DEFINIR LA “MAYORÍA”

Estas elecciones incluso carecen de la importancia residual que algunas almas ingenuas le otorgan a la supuesta definición de dónde está la supuesta “mayoría”, propuesta “paraplebiscitaria” con la cual se intenta disimular o cortocircuitar el problema de la confiabilidad del árbitro, esta vez con la peregrina tesis de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) puede que no sea válido para distribuir con justa proporcionalidad, los escaños entre los vencedores, pero si lo puede ser para llevar un conteo imparcial de los totales de votación a nivel nacional.

Si semejante tesis fuese cierta, todo el problema de la no parcialidad quedaría entonces circunscrito, a la mera manipulación de los circuitos electorales, cuando es bien sabido que, si bien esa manipulación constituye uno de los aspectos, un aspecto “cualitativo” importante, no es en modo alguno el único factor de alteración de la voluntad popular y que son muchos los factores condicionantes que alteran en lo cuantitativo la totalización, tanto la regional como la nacional.

De todos modos, aquí el problema no es de definición de la mayoría porque al haberse anulado toda posibilidad de conquista electoral del poder, esa mayoría no puede imponerse por vía soberana, de hecho, al haber cesado la república y la democracia, no es la masa en su faceta votante, sino la masa en su faceta desobediente, la que podría hacer algo por su eventual autodeterminación.

En condiciones como estas son más bien minorías, minorías esclarecidas y capaces de nuclear verdaderas vanguardias, las que pueden sacar a los países de sus atolladeros y la demostración está en que no otra cosa es lo que ha pasado históricamente, con la generación del 28 y con las juntas que lucharon contra la opresión en 1945 y 1958, las cuales, agrupando fuerzas no solo políticas, pero todas actuantes desde lo político, lograron organizar la desobediencia pacífica de la sociedad, más allá de las operaciones de resistencia y conspiración, reforzando la legitimidad de sus acciones.

De hecho, la legitimidad comienza a cobrar importancia sólo cuando un régimen pierde la hegemonía y comienza a aflorar la insubordinación, más aún si el Estado se ve obligado a recurrir a la represión. Por eso, es importante coordinar la abstención con una corriente de acción promotora de la desobediencia civil en ámbitos que trasciendan lo electoral, sólo así el efecto deslegitimador podría llegar a ser eficaz y transmisible a los ejecutores directos de la insurrección.

3. EL PLEBISCITO CHILENO

Es el pensamiento fetiche por excelencia, y se trata de la fantasía auto erótica de una teórica transposición del plebiscito chileno contra Pinochet a la situación actual de Venezuela, toda una producción digna de onanistas o de estafadores de pacotilla.

Lo primero que se debe comentar con respecto a esta fabulación política, es que en Chile si se armó una VERDADERA OPOSICIÓN contra Pinochet, no una de partidos comensalistas adictos al reparto rentista y deseosos de un nuevo pacto de consenso.

En Chile se armó un verdadero grupo opositor, con partidos y frentes auténticos, una concertación de partidos y organizaciones civiles independientes del sistema, no dependientes de espacios clientelares concedidos por el poder tal como los que tenemos en el corporativismo prebendario del petroestado rentista venezolano.

Esta no es una pequeña diferencia, es una diferencia sustancial, que imposibilita cualquier comparación, mejor dicho, invalida cualquier intento manipulador de establecer un paralelismo.

Además, y nunca está de más recalcarlo, en Chile no había CNE ni “maquinitas” de votación, ni el extenso universo de trampas, trapacerías y pillerías incalificables que plagan nuestro sistema electoral, su registro y también al registro civil. Afortunadamente los chilenos no pudieron contar con la simpática presencia de Tibisay Lucena, ni tuvieron que someterse a sus “tendencias irreversibles”. (Esto desde luego es algo que los de la MUD se cuidan mucho de hacer notar con la debida contundencia, porque al CNE “ni con el pétalo de una rosa”).

Por último pero igual de importante, se debe hacer notar que las fuerzas armadas chilenas eran institucionales, y obligaron a cumplir con una constitución, la de 1980 (emanada desde el mismo régimen) que establecía la conducción del Estado por parte de Pinochet, como un periodo transitorio cuya continuidad debía ser sometida a consulta ciudadana mediante plebiscito.

(el solo obviar la importancia del papel decisivo de las fuerzas armadas, que son la verdadera base del poder chavista, el verdadero poder mafioso inamovible, da cuenta del grado de manipulación y engaño de los promotores del “plebiscito chileno”)

En realidad sólo habría una forma de que pudiese emularse de alguna forma, la fantasía erótica del plebiscito chileno y la explicaré más adelante, al tratar la nada fácil cuestión de las eventuales excepciones a mi postura abstencionista.

IV. LA ABSTENCIÓN COMO TAL, NO ES NADA

La abstención no debería limitarse a ser un acto de ausencia el día de las elecciones, debe ser un acto de protesta contra la imposición de toda una clase política desconectada y divorciada del país, un acto de ruptura política con líderes y partidos inútiles, sean rojos, rojitos, amarillitos, blanquitos ¡del color que sean! Debería ser la consecuencia de una toma de conciencia sobre la necesaria independencia absoluta, que como ciudadanos deberíamos adoptar en un momento histórico como este.

La abstención debe ser activa y por lo tanto opuesta a la sumisión, el conformismo y la capitulación, es la actitud histórica que nos debería enlazar con un pasado que nos dio independencia en el siglo XIX, democracia en el XX, y que en el siglo XXI deberá darnos toda la capacidad creativa y constructiva para acabar con nuestros principales enemigos históricos: el Estado rentista (y la pobreza que lo sostiene y refuerza en forma recalcitrante) y el militarismo como tutor de ese Estado (y de la sociedad).

LA LECCIÓN NUNCA COMPRENDIDA DE 2005

La abstención desértica que ocurrió precisamente durante unas elecciones parlamentarias, las de 2005, fue el momento de mejor calidad en la conciencia colectiva desobediente, un hito que fue protagonizado tanto por el electorado chavista como el opositor, pues ambos decidieron retirarles la alfombra a todos los políticos. El piso político quedaba al desnudo.

De hecho, al CNE no le quedó más remedio que anunciar finalmente una abstención del 75%, maquillaje de emergencia de un registro histórico que en realidad roza el 90%.

Era el momento para que una verdadera oposición, con una dirección esclarecida, con un liderazgo real, aprovechase la circunstancia para capitalizar todo ese descontento servido en bandeja de plata, y orientarlo hacia la insurrección.

En cambio una oposición carente de visión, carente de toda grandeza, carente de toda base social trabajada, la misma que ante el referendo revocatorio de 2004 en vez de agarrar a la masa desconsolada para energizarla y agitar la crisis, optó por “abstenerse” y abandonarla a su suerte y retirarse con el rabo entre las patas, esa misma oposición en el 2005 se volverá a “abstener” y al poco tiempo se volteará hacia el cálculo político, provechoso en términos rentistas, de “re-electoralizar” la política con vista a las presidenciales de 2006 ¿y por qué actuó de esa forma? PORQUE EL DIÁLOGO HABÍA COMENZADO, el colaboracionismo había empezado, los perdedores, eran perdedores natos, y además de eso TRAIDORES.

(En realidad el “diálogo pro vía constitucional” había comenzado en 2003 después de la temporada insurreccional de 2002, y están los que afirman que incluso comenzó antes, la verdad es que el petroestado rentista venezolano siempre fue un Estado de régimen consensual desde 1936, salvo la interrupción de 1945 a 1958 y la caída de la partitocracia bipartidista consensuada que ocurrió en 1993 y que abrió las puertas al “fenómeno Chávez”. De todos modos, el diálogo post 2005 es un hecho innegable que me consta y que además de cimentar la vía institucional, consolidó la modalidad comensalista-colaboracionista no solo de la oposición sino de todos los “factores de poder”)

Lamentablemente, de la mega-abstención de 2005 no surgió una alternativa decente: la gente barrió de su cabeza a los micropolíticos que se rindieron en 2004 y los lanza al cesto al año siguiente, pero como ese vacío no lo llenó nadie, ellos volvieron por sus fueros, cómplice esa carestía de valores que impide que nada quede impreso en la memoria por mucho tiempo, y es así como comienza una triste historia que se prolonga hasta hoy.

Es la historia de una abstención que al no trascender lo potencial, de la pasividad pasa a la parálisis y de la parálisis a la sumisión. 

La lección imperativa es que la abstención debería indicar la reactivación de una ciudadanía dispuesta a participar, siempre por vía pacífica, en la reconquista de su espacio político que es el  espacio público, única acción coherente con el ruinoso estado por el que atraviesa la nación, cada vez más próximo al estado de necesidad, y la única acción democrática compatible con la indispensable insurrección a otros niveles, proceso de fuerza por el cual deberemos transitar para por fin llegar a ser una nación libre, independiente y democrática, y superar este perverso Estado rentista, que impide nuestro desarrollo moral y material.

La abstención rebelde no cuestiona los procesos electorales, cuestiona su uso por parte de un Estado que ha caído en la ilegalidad y que hace rato cayó en la tiranía. No cuestiona al ciudadano activo deseoso de participar y ejercer un derecho, más bien defiende al ciudadano que con buena fe en la mayoría de los casos, es estafado reiteradamente al votar por líderes sumisos que mansamente se prestan para una puesta en escena abrumadoramente fraudulenta en todos los sentidos y que no responde en modo alguno, a la confianza, íntima y esperanzada, depositada en el mismo acto del voto.

V. LAS EXCEPCIONES A LA POSTURA ABSTENCIONISTA

Como lo dije al principio creo en el voto, pero sólo en democracia, y el día que volvamos a tenerla, desistiré con el mayor gusto de mi actual posición abstencionista.

De todos modos me parece importante aclarar, que esta postura de negarme a votar de “salvar mi voto” no es una postura irrevocable, aunque esté basada en principios irreductiblemente democráticos. Pero no puede ser irrevocable pues los caminos de la política pueden ser tortuosos, más aún cuando se lucha contra un poder carente de toda moral y escrúpulo, de hecho, la posición abstencionista que defiendo en estos momentos contempla sus excepciones, precisamente en circunstancias excepcionales, en donde la dinámica de los acontecimientos hasta podría incorporar lo electoral, pero no para acceder a compartimientos del poder, sino precisamente para desalojar al actual poder de todos los compartimientos que ocupa.

1. PROVOCAR LA CRISIS

Contra un régimen como este, sin ley ni instituciones, eventualmente se acude a elecciones para provocar un impasse y precipitar una crisis, una crisis terminal. Si tuviésemos una clase política distinta no comprometida con el régimen en su dependencia rentista, y una dirección política clara y valerosa ¡hasta podríamos darnos el lujo de acudir a unas elecciones, independientemente de las condiciones que imponga el CNE! ¡es más! si estuviésemos realmente unidos y resteados, sociedad civil y políticos de verdad, con el tipo de lucha que hay que dar contra un régimen como este -materialización insigne del fraude y la trampa- esa ausencia de condiciones ¡hasta obraría a nuestro favor! en todo caso, la estrategia no sería otra que la de denunciar, hasta mas no poder y con la mayor contundencia posible, la ausencia de condiciones electorales mínimamente aceptables, para luego participar de todos modos bajo protesta y denuncia, y ante el fraude flagrante, precipitar una crisis sin retorno (sin que el pulso nos tiemble).

Si es tal como dicen la impopularidad del régimen, nada mejor para disparar una reacción de indignación popular que denunciar unas elecciones robadas, y el no intentar algo así sería una demostración de inhabilidad y cobardía política en grado extremo, tal como ocurrió el 14 de abril de 2013 con Henrique Capriles evitando "una masacre”, lo cual dio como resultado que la única vida que realmente salvó, fue la de Maduro.

Pero justamente así es la “oposición” MUD, es demasiado mediocre, demasiado sumisa y enana para atreverse a un reto de semejante magnitud.

2. LOS PRESOS Y PERSEGUIDOS POLÍTICOS COMO CANDIDATOS:
    LA OCASIÓN DE ORO

Con los presos y perseguidos políticos, especialmente después de los trágicos sucesos del año pasado, se presentó la ocasión de oro de contar con los mejores candidatos posibles para representarnos a todos, en algo que si hubiese podido representar la concreción de una verdadera "unidad superior".

Pero tristemente, por ambiciones, cálculos y mezquindades de los microcogollos y micropolíticos agrupados en la MUD, desechamos la mejor oportunidad en décadas de conciliar en forma inobjetable y virtuosa la lucha por los derechos humanos y por los derechos políticos al mismo tiempo, la lucha por la libertad y el respeto al ser humano, y por la democracia no sólo social sino política, en fin, la lucha por la reivindicación de la protesta y el voto, en un solo movimiento.

¡Qué lástima! y es sencillamente increíble el desperdicio de semejante oportunidad por parte de una clase política crónicamente carente de sabiduría, visión, habilidad, grandeza, estatura… una clase política históricamente derrotada.

De hecho, mi mayor reproche hacía el trío de “La Salida” en 2014, el trío López-Machado-Ledezma, y muy especialmente hacia el partido Voluntad Popular (VP), es que siendo el partido que más ha sufrido por la prisión y la persecución, no haya sido el partido promotor de esta iniciativa.

VP, el partido que tiene preso a su secretario general, perseguidos a importantes dirigentes, derrocados cuatro alcaldes, ha debido ser el portaestandarte de la nominación de los presos y perseguidos políticos como los candidatos de la libertad, el promotor de llevar verdaderos luchadores a la asamblea, y ha debido dar esa batalla política sin ceder un milímetro en el honor, pero no, a ese partido toca verlo con grima y pena, en un plan de consenso cogollérico negociando sus candidatos a la AN con los dinosaurios y politiqueros de la MUD, o peor aún, improvisando maniobras descuidadas como la de la constituyente, o despistándose en acciones exquisitamente pasivas y depresivas, como huelgas de hambre, ayunos, vigilias, rezos… Definitivamente, un partido sin ninguna dirección clara, el partido de los tumbos sin rumbo, tirando flechas a diestra y siniestra.

Desde luego, la nominación de los presos y perseguidos políticos como nuestros candidatos y la lucha consecuente en todos los frentes que ha debido darse, habría contado con mi total apoyo, incluyendo el de ir a elecciones (eso sí, siempre con el objetivo ya descrito en el paso 1, de provocar una crisis terminal).

3. LA SUSPENSIÓN DE LAS ELECCIONES

La suspensión de las elecciones es una hipótesis poco creíble porque puntual se presenta como rumor en cada ocasión, de todos modos es algo que no se debería excluir en cumplimiento de un “deber de previsión” que tendría sentido si tuviésemos una dirigencia distinta dispuesta a luchar. En cualquier caso y otorgándole visos de posibilidad a un hecho improbable, olvídense de una suspensión de elecciones “por miedo” del régimen a medirse, como lo afirma el coro siempre unísono de la corte MUD. En cambio el régimen podría optar, cediendo a presiones internas rato largo represadas, por dar al fin el “gran salto adelante” hacia el Estado comunal, y en "acto revolucionario puro" en honor al “legado de Chávez”, ir hacia la ruptura histórica y acabar con la “geometría del poder burgués” establecida en la cuarta república.

Desde luego, semejante audacia sería para establecer el comunismo y estabilizar un país de sistema dual, un narco-petro Estado rentista, que bajo tutela militar ponga en su sitio ciertas jerarquías dentro del hervidero depredador de mafias, clientelas, poderes fácticos, partidos, banca, boliburguesía, pranes, colectivos, más las exigencias de Cuba, Rusia, China, Irán, las FARC y pare Ud. de contar…

Esto lo podrían hacer, y SIN RENUNCIAR A ELECCIONES como lo enseñan los casos de Cuba y Corea del Norte, y se puede hacer también sin renunciar a partidos de oposición, como ocurre en la "democracia perfecta" nicaragüense.

Porque el desespero de esta compleja y extensa federación de comunistas y sus sinónimos: militares, criminales, lúmpenes, psicópatas, parásitos y oportunistas, no es por miedo a perder su chamba en unas elecciones, sino el de caer en un caos creciente sin una autoridad central que pueda poner orden y concierto en la rebatiña (que era la verdadera “función constituyente” del árbitro Chávez).

Cuidado que semejante patada a la mesa, que tampoco debe excluirse por locura o enceguecimiento terminal (eso ha pasado más de una vez), cambiaría todas las condiciones y por ende, toda la estrategia a seguir, pues ya se trataría de una guerra que debería darse en todos los frentes, incluso el electoral, una guerra que incluya manifestaciones masivas y la desobediencia civil, y en el ámbito clandestino la resistencia y la conspiración clásicas, procedimientos todos que a la actual clase política le provocan alergia y aversión, repugnancia que de hecho demostraron al repudiar y rechazar hasta la ignominia, cualquier acto de protesta que se presentó el año pasado.

Desde luego que a esta guerra le faltaría cumplir con el timing acertado, en otras palabras, hacerla ahora sería hacer lo que justamente el enemigo está esperando y esto vale también para los dispuestos a emprender la vía de la resistencia y la vía conspirativa.

Todavía no es tiempo, y no lo será por un buen trecho, al menos mientras Maduro siga en el poder y un nuevo régimen de consenso gatopardiano necesitado de estabilidad, no haya impuesto su “Pax Rentista”.

4. LA VUELTA HISTÓRICA DEL PLEBISCITO

Si la hipótesis de una suspensión de las elecciones es poco creíble, esta debería sonar increíble, y sin embargo debe ser contemplada: se trata, nada más y nada menos que de la vuelta histórica al plebiscito, pero no al chileno de 1988 sino al perezjimenista de 1957, para ratificar no solo a Maduro, sino a todos los nuevos y flamantes poderes surgidos de la consolidación de un escenario como el expuesto en la hipótesis anterior.

Frente a esto cabría perfectamente ir hacia una gran alianza nacional que también en este caso debería trascender a la MUD (salvo que ocurra el milagro colosal de su renovación, comenzando por su actual dirigencia mil veces desvencijada y mil veces derrotada) movimiento que debería integrar a gran parte de la sociedad civil para primero, ante ese "plebiscito" dar la gran batalla por las condiciones electorales en todo los frentes nacionales e internacionales, sin ceder un ápice, convirtiendo cada requerimiento ante el CNE en punto de honor (entonces y en un caso así, el tiempo y las dilaciones obrarían a nuestro favor), para acudir, sin el menor apuro, al plebiscito bajo reclamo y si lo perdemos, aplicar la expuesto en el punto 1, la crisis terminal.

Esto desde luego requiere de un órgano de sincronización entre la desobediencia en el frente público, acciones de resistencia, y la conspiración dentro del mismo Estado, esto que les digo no es nada nuevo, les estoy contando la historia de lo que justamente culminó en los acontecimientos de 1957.

De todos modos, aun la abstención como acto solitario, aislado de una verdadera lucha, es mil veces mejor que votar en las actuales circunstancias, y como faltan aún muchas elecciones por recorrer, espero que en el futuro salga alguien que comprenda esto, capte la implicación y mejore las propuestas.

[1] la formulada por Robert Michels


miércoles, 3 de junio de 2015

A UN AÑO DEL GOLPE DE ESTADO EN UCRANIA (Audio)

(O sobre cómo es que hay golpes de golpes...)




Invito a escuchar con atención este audio de César Vidal, personaje del cual no se puede sospechar ninguna inclinación de izquierda o pro-rusa (todo lo contrario). Este audio sirve sobre todo, para arrojar luz sobre un hecho que todavía está siendo analizado e interpretado en forma “errónea” (en realidad manipulada), en los países de occidente, ni hablar de Venezuela.

Los hechos del último año y medio en Ucrania constituyen una desgracia, que afectó también a Venezuela, de hecho, la transmisión casi que en cadena internacional, de la supuesta épica del pueblo ucraniano por la libertad, acaparó toda la atención mundial, y dejó en segundo plano las protestas en nuestro país.

Pero para Venezuela queda una lección que se puede fácilmente deducir de este audio, y es que, si la comunidad internacional lo considera conveniente a sus intereses, dar un golpe de estado contra autoridades legítimas, es algo PERFECTAMENTE ADMISIBLE, aún a plena luz del siglo 21, y que además la gracia contará con el apoyo no sólo político, sino institucional y comunicacional masivo, de los gobiernos, instituciones y medios del bloque de los países supuestamente defensores de la libertad y, faltaría más, de la democracia.

Desde luego, este audio no es apto para almas puras que piensen que hay un lado del bien y un lado del mal, en la escena internacional, esa nitidez no existe, y si de verdad queremos estar claros, es hora de abrir los ojos -y la mente- pues no se trata de defender a Putin y a Rusia, sino de entender, más allá de todo candor,  cómo es que se bate el cobre en la escena mundial “multipolar”.



sábado, 25 de abril de 2015

De la vez que la literatura llegó al poder…


Esta semana fui invitado por la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, para participar en un foro sobre: “La influencia de la literatura como medio de expresión del ciudadano en la actualidad” en el marco del evento “Zaperoco en la U”.

La invitación, la aproveché para tocar un tema sobre el cual he reflexionado muchas veces, y que planteo expandir en el siguiente exposición.

La verdad, es que sobre la influencia no sólo de la literatura, sino de cualquier cosa en la actualidad, al principio no sabría mucho qué decir, primero, porque pareciera que hoy en día nada tiene influencia, y lo digo porque en este país, cada día pasa de todo y al mismo tiempo, no pasa nada.

Por lo mismo y antes de pasar a la actualidad, quisiera más bien retroceder para anunciarle al gentil y paciente público que, con respecto a la literatura, ya en este país paso lo máximo que podía ocurrir, y es que la literatura ya llegó al poder una vez y lo hizo obteniendo la más resonante victoria jamás alcanzada por aspirante alguno al poder, de hecho, un tal Rómulo Gallegos, escritor e intelectual de fama y prestigio, fue electo presidente por mayoría abrumadora e inigualada.

Eso ocurrió un 14 de diciembre de hace 68 años, cuando a este país se le proporcionó, por primera vez en su historia, la oportunidad increíble de votar, de votar realmente por sus gobernantes en elecciones libres, universales, directas y secretas, en elecciones en donde sólo se tenía que cumplir con el requisito vital de tener 18 años, en unas elecciones ¡en donde se podía ser mujer y poder votar! ¡en donde ni leer ni escribir hacía falta! y es que por primera vez, este país se dignaba de ofrecerse a sí mismo en un gesto de patria única, de hogar único, un acto tan singular en donde hasta el más mísero, humilde, esquelético e iletrado, tendría tanto poder como el que más, para elegir nada más y nada menos ¡que al Presidente de la República!

Y ese país que amaneció ese día de luz eterna de 1947, ese país aun de rurales estrenando urbanidad, de mujeres estrenando ciudadanía, de niños estrenando alpargatas, de estudiantes estrenando pupitres, incluso de citadinos estrenando pocetas… [1] en ese país en donde todo era un estreno, porque apenas un puñado de décadas lo separaban de estadios apenas superiores a la supervivencia extrema disputada día a día contra el salvajismo, ese país, aún enclenque, desnutrido, desdentado e inocente, eligió al más prestigioso de sus escritores, al más insigne de sus intelectuales, y ese pronunciamiento “ingenuo” quedará inmortalizado, en el más alto porcentaje jamás alcanzado por candidato vencedor alguno: 74,5 %

¡74,5 %!...

¡Caramba pero que ignorantes eran!

Y así fue como este país decide estrenarse en la democracia, en la libertad, y asumir su primer reto existencial, confiándole su destino a su mejor escritor, votando a la tarjeta de un partido que tenía como máximos líderes -máximos líderes en el sentido popular- a un escritor y a un poeta, uno, escritor del país adentro, el otro, poeta del corazón adentro, ambos venezolanos comprometidos de la mayor forma posible en dedicar todo su talento y su creación al amor por el país, y siempre en notas estrictamente humanas, severas y sonrientes como las de un buen padre, nunca en tonos de patria patriotera, de sacrificio inefable en altares regados de odio y bañados de sangre, sino en tonos amables, esperanzados, luminosos.

Esa era la calidad de Rómulo Gallegos y de Andrés Eloy Blanco, venezolanos gigantes, venezolanos eternos, que además de ser escritores, poetas, académicos, en otras palabras, intelectuales, también eran, y oigan bien esto: también eran políticos…

¡Sí! ¡Eran políticos! y eran militantes y dirigentes de un partido político que después de estrenarse en la acción en 1945, ahora se estrenaba en la democracia, y no estará nunca de más recordar que la condición de “político” en aquel entonces, no era estimada como algo que pudiese desvalorizarlos, todo lo contrario: Gallegos y Blanco eligieron ser políticos, porque toda ruta de excelencia, de sana y virtuosa ambición, que coincida con una voluntad fuerte y generosa a la vez y una especial sensibilidad hacia lo humano, deviene inevitablemente en liderazgo, deviene en política, no degenera en política, ASCIENDE a la Política.

Por cierto, siempre se habla de Acción Democrática como el partido del pueblo, como el partido de masas por excelencia, pero pocas veces se recuerda que también fue un partido que supo atraer a un notable grupo de intelectuales de altísimo nivel, sobre todo con altísimo nivel de conciencia nacional, intelectuales muy en contraste con muchos de hoy en día, igualmente dotados de un altísimo nivel de conciencia, pero con respecto a sus posibilidades personales de ascenso, glorificación, notoriedad y permanencia, dentro de círculos de exclusividad elitista.

Aquellos eran intelectuales dirigentes, pensadores-luchadores, líderes con ideales y visión, seres que practicaban la integridad, porque palabra y obra en ellos no era cosa desigual, en cambio los disfraces desfilantes de hoy en día, aunque no todos desde luego, son cortesanos cada vez más apretujados en los pocos espacios de exhibición mediática que les quedan, son una micro élite, algunos arañando las patas de cierta mesa llamada “de la unidad”, las patas del último reducto de statu quo que les ha quedado.

A lo que quiero llegar es que nuestro problema no es la ignorancia, es un problema cultural que atañe a todas las clases sociales, y es por tanto un problema de ausencia de verdaderas élites, esta decadencia profunda que vivimos como nación, no la explica la “ignorancia del pueblo” ¡olvídense de eso! esta decadencia es cultural y no es otra cosa que la consecuencia última, de la implantación de una cultura oportunista, exasperada por la erosión de valores y la cuasi extinción de referentes civiles que los testimonien. El sustrato mórbido se ubica en lo cultural, y gran parte de nuestras supuestas élites son la demostración más contundente.

Nuestras élites de vitrina y nuestras actuales burguesías depredadoras de apetito nunca satisfecho, conforman extensos estratos lumpen que sólo se distinguen de los ubicados en las clases más populares, por los distintos nichos ecológicos que ocupan llámense estos cultura, academia, arte, ciencia, periodismo, o cualquier otro gremio relacionado con la esfera (microesfera en este caso) intelectual.

Todo ya es sólo cálculo, siendo el más notorio, y modélico, el de una clase política “responsable” y de “alta madurez y sensatez”, que con diligencia plena de sumisión decadente, sólo atiende su archipiélago de sembradíos electorales, tratando de cosechar algún repele en las pocas parcelas dispuestas a ser cedidas por el actual régimen. [2]

De hecho, en el caso de la MUD ya no se debería hablar más de oportunismo, pues hace rato que ya es mesa acogedora y coqueta, que con mantelito, florerito y velitas, forma parte del decorado del Estado chavista, la MUD de hecho, es ya una INSTITUCIÓN DEL SISTEMA.

¿Porque nuestra memoria, tanto individual como colectiva, es capaz de registrar con la nota más positiva posible, a esos insignes protagonistas del 47 sin que su condición de políticos los degrade en modo alguno? ¿cuáles son las claves de esa alquimia que nos permite, aún hoy en día, recordar a Rómulo Gallegos con admiración y respeto, y a Andrés Eloy Blanco con emoción y hasta devoción, a pesar de que fueron políticos? estas desde luego, no son claves sólo racionales, son claves que supieron anidarse en rincones del alma, que en cada uno de nosotros suenan y resuenan con música distinta, y es allí donde precisamente el verdadero intelectual, el verdadero artista más bien, es insuperable a la hora de dejar una impronta, esa es la alquimia reservada al verdadero talento.

(A propósito, no hay mercadeo político ni asesoría de imagen capaz de igualar eso, aquí entramos en el terreno sagrado de lo auténtico, que nunca es tan ancho y populoso como una tarima, una gira nacional o una campaña electoral, más bien, es lugar tan estrecho y apartado como la cima de la montaña más alta imaginable).

La verdad es que estamos lejos de entender muchas cosas, el mismo Gallegos al parecer no entendió lo que estaba en juego, y la historia de sus nueves meses al frente de la presidencia es una historia trágica de incompatibilidad y rechazo de un “tejido extraño”, que a mi modo de ver no ha sido estudiada sino superficialmente, pues no se trató de un mero choque político, como resultado de la reacción de determinados intereses entre determinadas clases, o entre determinadas élites no dispuestas “a circular” o de un choque entre la visión militar y la civil, sin duda todos estos fueron factores, pero las evidencias aportadas hasta ahora no necesariamente resuelven el caso, no es así, porque hay algo más profundo en todo esto, hay algo patológico, como si tuviésemos un serio problema evolutivo que compromete nuestro sistema inmune, que nos lleva fatalmente a una propensión autodestructiva.

¿Qué fue lo que nos pasó? ¿por qué después de estrenarnos en la democracia en forma tan aparentemente “gloriosa” hace 68 años, eligiendo al mejor símbolo posible de la lucha entre civilización y barbarie, esta última termina venciendo, sin encontrar resistencia?

Sí, barbarie, léase bien, es BARBARIE, porque no otra cosa es lo que le sucede a una nación cuando termina viviendo en el miedo, miedo a salir de sus casas-cárcel, miedo a caminar, miedo a hablar, miedo a protestar, miedo a pensar en el futuro. Cuando llegamos a esos niveles de miedo es porqué hemos retrocedido a un estado de indefensión natural, en donde las fieras nos acechan como en épocas prehistóricas, y cual rebaño inerme de simios tan sociables como asustadizos, sabemos que cualquiera de nosotros podría caer en cualquier momento ante un depredador al acecho, pues bien, déjenme decirles que eso significa que HEMOS CAÍDO EN LA BARBARIE.

Dicho en el lenguaje simbólico de nuestro primer presidente escritor: ya no vivimos en “Altamira”, nos volvieron a mandar para “El Miedo”.

Por 40 años logramos que a este país lo gobernaran CIVILES, desde luego esos civiles distaban mucho de ser perfectos, aunque frente a esto deberíamos en consecuencia preguntarnos: ¿es que acaso éramos nosotros los perfectos?

¿Qué somos? ¿un país bipolar? ¿un país psicópata como afirmaba Herrera Luque? ¿un caso psiquiátrico colectivo? ¿o será que nunca hemos salido de un espejismo redentor, y Rómulo Gallegos no fue otra cosa que otro paladín pasajero de una larga serie de encarnaciones mesiánicas? (Quizás la más romántica).

En fin y para aproximarme al campo de aterrizaje que me asignaron los jóvenes de la USB, sólo me queda comentar una frase que forma parte de mi concepción de la política, porque resume, engloba, todo el problema en cuanto al rol que deberían cumplir los intelectuales, los pensadores, las élites, con respecto al activismo político:

"Toda vanguardia debe ser la expresión consciente del movimiento inconsciente"

Bueno, aquí hemos llegado al llegadero, porque si hay una disciplina, arte, oficio o vocación, capaz de aportar la transcripción necesaria para que toda vanguardia pueda cumplir con esa función indispensable, esa es la literatura.

El problema es que nada es más subversivo que la literatura, ella puede ser la mejor musa de todos los héroes pendientes, la gran calentadora de oídos y otros órganos, porque la única literatura posible, real, en épocas de postración como la actual, debe ser una literatura hambrienta de libertad, golosa de liberación, libertaria, libertina, incitadora de la tentación prohibida, la instigadora intelectual de toda desobediencia…

Si apareciese ¡bienvenida sea! aunque tenga que circular, como siempre, por los bajos fondos, con sigilo por cada esquina, en la sombra… ¡No importa!

[1] Poceta: venezolanismo que alude al retrete o inodoro. En Venezuela todavía mucha gente, incluso de clase media y más arriba, afirma haber conocido este recipiente en edad ya adulta, cuando se desplazó o mudó a las ciudades.

[2] En Venezuela, “repele” es una sobra, lo que resta de algo, por ejemplo, de una comida, de un botín o de un monedero después de hacer las compras, en este caso, es lo que sobra del reparto rentista, las migas.

martes, 24 de marzo de 2015

¡Gracias por todo!



para esas masas insatisfechas
la historia ha debido ser de redención
pero fue muy fácil seguir la vía del reparto
inmediato, pronto, e instantáneo
cotidiano y tangible
siempre con cobertura dulce, de épica altisonante

exactamente,

la vía menos revolucionaria posible.

Ajena a la conciencia
alérgica a la dificultad
complacencia,
sueño,

Opio,
Opio a manos llenas
inoculado a ritmo de petróleo
nos lo dieron, no en jeringas…
sino en barriles

esta ha sido la vía del chavismo
de las escaleras del cerro,
a la cola en la avenida,
el descenso de la necesidad
al apremio.

Una sola vía, en bajada, inexorable, indetenible,

hacia la decadencia…

Al final, la mejor entrega imaginable a cualquier designio
hasta el imperialismo sobra ya
no, el águila no se dignará…
esta será, una pelea vomitiva,
entre buitres

la caza a una carcasa…

costillar hediondo
hueco
eviscerado
de vaina quedará cuero seco
para algún transeúnte que desee patearnos

por accidente pisarnos…

Vergüenza eterna.

¡Gracias por todo fidel!
¡Gracias por todo chávez!

Aún así,
de ese país hundido en fosa común
del cual lo único ascendente, serán oleadas repulsivas
de pobredumbre indescriptible

de ese pozo séptico, a cielo abierto…

Algunos pocos querrán hacer algo.

Lo lograrán…

…………………………………………………………..

Nota del cronista:
aparecerán justamente de un lugar
donde supuestamente no había nada
de momentos
que ya nadie esperaba
con palabras
que ya nadie recordaba