jueves, 26 de mayo de 2016

LA SUMA DE TODOS LOS MALES


EL MAL VENEZOLANO

Después del triunfo de la oposición venezolana oficialista en las elecciones legislativas del pasado 6 de diciembre y la materialización de este en una nueva asamblea nacional, se produjo en gran parte del país el renacimiento de la ilusión y la esperanza en una solución política definitiva, a la gravísima crisis de nación que padecemos.

Cabe recordar que el triunfo del 6D no fue meramente un triunfo electoral, en donde los ciudadanos votaron por su fórmula preferida de candidato o partido para elegir a sus representantes al poder legislativo, no, ese triunfo político responde a un mandato unívoco de la voluntad popular donde se expresó un profundo e irrevocable rechazo hacia el régimen de Nicolás Maduro, y el ferviente deseo de lograr un cambio urgente en la conducción del país.

Esta expectativa, alimentada por la contundencia del triunfo obtenido, exigía por parte de los representantes electos la entrega total a la tarea de lograr en el menor tiempo posible, la interrupción del período presidencial de Maduro por la vía constitucional, institucional o insurreccional que más pudiese ahorrarle al país los sufrimientos de una crisis de penuria en todos los órdenes, que no sólo configura una crisis humanitaria en términos dramáticos de hambre y enfermedades, sino que además ha terminado por constituir lo que bien podría llamarse, un estado de necesidad.

Estado de necesidad de inminente y extrema amenaza para la preservación de la libertad, la paz, la vida y los bienes de todos los ciudadanos, por cuanto esta violación de los derechos más sagrados proviene del mismo Estado que debería ampararlos y defenderlos.

Sin embargo, la oposición oficialista agrupada en los partidos del statu quo ha estado muy lejos de responder adecuadamente a este clamor nacional, y en oposición casi diametral a ese sentido de deber y urgencia ante la emergencia, ha optado por seguir una serenísima vía de exquisito rigor institucional/legal de no colisión con el régimen, en otras palabras, ha optado por evitar cuidadosamente el “choque de trenes”.

Una vez más hay que decirlo: contra un régimen como este, autoritario y abusador, dictatorial en términos netos, eventualmente se acude a elecciones para provocar un encontronazo, un impasse, y precipitar una crisis, una crisis terminal, y si además se logra como en efecto se logró, la conquista de un supuesto poder público ¡con mayor razón se debería actuar! Y más contando con un aval de mayoría electoral contundente: fueron 8 millones de votos. El momento proporcionado por el apoyo de un mandato popular tan entusiasta como masivo, así lo exigía.

Pero no, nada resultó ser como debería ser y a estas alturas, luego de casi 5 meses de imperdonable melindre por parte de la comparsa opositora, son muchos los votantes decepcionados, tanto o más que en otras ocasiones -que lamentablemente no han faltado en los últimos años- pero esta vez todo resulta más difícil de digerir porque esta vez se obtuvo un claro triunfo, no fue ninguna “victoria de mierda” [1] y todo esto a pesar del Consejo Nacional Electoral y sus trapisondas.

A 5 meses de ese inobjetable triunfo, la situación se ha vuelto realmente grave y el descontento es extenso, es real, es persistente y creciente, esta vez, se confronta a un Maduro que supuestamente anda más repudiado, odiado, debilitado y asustado que nunca, al menos según el decir persistente de la vocería de la unidad opositora.

¿Y entonces?

EL MAL ENCARNADO EN UNA CLASE POLÍTICA

Todo este cuadro patológico de parálisis concomitante con urgencia tiene una explicación, o mejor dicho varias, y todas históricamente relacionadas.

La actual oposición oficialista agrupada en la “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD) representa a una clase política conformada por partidos tanto viejos como nuevos, pero la diferencia sólo se queda en lo cronológico pues ni los unos ni los otros han logrado sustraerse a la infección populista en su variante más virulenta: la que procede de un petroestado rentista degenerado hasta el último estado de la improductividad.

El Estado venezolano gracias a un rentismo en grado ya paroxístico, ha terminado con hacerse de todos los poderes tanto formales como fácticos, suyo es TODO el poder político, económico y militar hasta el punto de que, aunque no se declare nunca como tal, es totalitario de hecho. Y si a alguien le queda duda los invito a estudiar la microbiología de esa cuasi entelequia que es la sociedad civil venezolana.

El petroestado venezolano es el trono, el arsenal y el botín al mismo tiempo, sin que quede mucho por afuera, en efecto, cada poder o factor de poder que en apariencia podría suponerse independiente, en la práctica depende de él o se debe a él, y si no es así sobrevive en todo caso por graciosa concesión. Con decir que en Venezuela el poder es oligárquico uno corre el riesgo de quedarse corto, y con el advenimiento de Chávez llegamos a extremos casi absolutistas, que aún persisten en forma espectral con la figura del “comandante eterno” y su legado teocráticamente determinante.

Por lo tanto (y desde hace unas cuatro décadas) llegar al gobierno en Venezuela es llegar al poder en los términos más amplios y tajantes, pero este poder, aún bajo la impronta tiránica de Chávez y su heredero, es poder basado en una práctica constante, virtuosa a su modo, de negociación y logro de pactos indispensables que sirven a la oligarquía de turno no sólo para consolidarse en la cima, sino para perpetuar el sistema de reparto de la renta a los poderes súbditos, reparto indispensable para sustentar el “consenso democrático”.

Se trata del mantenimiento fetichista de un decorado “democrático” a todo nivel y sin el cual, hasta el último comisario de la última jefatura de Venezuela se sentiría a la intemperie.

Mejor dicho, sin el cual hasta el último funcionario o contratista se sentiría a la intemperie, a la hora de zambullirse en la corrupción.

Es por tanto el poder en Venezuela tan consensual como caudillista, tan “democrático” como dictatorial, y de la concentración del poder se derivan extensos andamiajes de concesión clientelar y prebendaria que hacen posible el mantenimiento en el tiempo de dirigentes, figuras, cortes, partidos, empresas y, al fin y al cabo, toda clase de organización más o menos vertebrada.

Desde luego y faltaría más, el factor constituyente, aglutinante y fluidificante al mismo tiempo, de todo este modus vivendi y operandi es la providencial corrupción, sin la cual todo acuerdo, alianza, pacto, unión, seria de poca solidez y credibilidad y sobre todo, de poca productividad en el sentido más amplio imaginable del término.

De hecho, sin corrupción no sería posible viabilizar (ni explicar) ascensos y descensos, auges y ocasos, agrupamientos, alianzas y clases políticas, partidos nacientes (y murientes), en fin, casi todo lo que pasa bajo el sol en Venezuela.

Durante la democracia civil de la “cuarta república”, al menos por un tiempo (de 1959 a 1973) se mantuvo lo que podría llamarse una “democracia virtuosa” que supo mantenerse sobria y mantener al país por cierto rumbo, con las excepciones que siempre son inevitables. Esa democracia, perfecta precisamente a partir de todas sus limitaciones de poder, comenzaría a decaer con el tsunami de petrodólares que nos sumergió a partir de 1973, el cual hipertrofió al Estado y cuya degeneración postrera nos llevaría directo al chavismo.

Al único gobernante que se le ocurrió tratar de enfrentarse (muy tímidamente) a la degeneración rentista, sobre todo en sus bastiones consensuales (partitocracia, centralización, paternalismo, proteccionismo, clientelismo), lo siquitrillaron en componenda casi todos los poderes habidos y por haber, eso fue lo que le ocurrió a Carlos Andrés Pérez (CAP, irónicamente el creador del “Estado omnipotente”) en 1993, y el golpe de estado que lo expulsó del poder, como un cuerpo extraño e indeseable, representó el triunfo definitivo del mal que actualmente nos agobia como nación, ni más ni menos.

Pasamos entonces de una partitocracia bipolar a un régimen de partido hegemónico (siempre consensual): pero el Estado oligárquico derivado del petroestado rentista quedó intacto.

Y la actual oposición representada en la MUD constituye un subproducto inevitable, fatal, de todo este sistema, y chapotea felizmente en él desde el mismo principio del chavismo y las excepciones conocidas por todos, no son sino eso y obedecen al desvarío imprudente y enajenado de quien en Venezuela se atreve a cometer la peor locura: sustraerse al consenso corporativo prebendario y a su statu quo.

Esta oposición es una BENDICIÓN para el régimen, Chávez y ahora Maduro no han podido correr con mejor suerte, hasta el punto de que siempre me causa gracia quienes imaginan escenarios donde se les persigue, apresa o disuelve, cosas que no hacen falta (no al menos en forma sistemática) pues una oposición tan inofensiva y a la vez, tan decorativa en su nuevo disfraz asambleario de separación de poderes y democracia ¡es que ni mandada a hacer!

Esta oposición además, cumple disciplinadamente con dos funciones que la vuelven útil cuando no indispensable para ciertos planes políticos, uno: es irremediablemente populista y se apresta a convertirse en universalmente chavista, del mismo modo que en Argentina el peronismo terminó empapando a la casi totalidad del estamento político, y dos: nunca pero nunca jamás, romperá el hilo que realmente importa, el cual faltaría más no es el “constitucional”, se trata del hilo rentista, el hilo con el cual se puede tejer todo tramado populista, clientelar, paternalista, proteccionista.

PERONISMO Y RENTISMO: CHAVISMO FOREVER

Desde los tiempos de la pasión, agonía y muerte de Chávez vamos hacia la peronización de la política venezolana y es muy probable que en los próximos años, la casi totalidad de la clase política, de “lado y lado”, se estará disputando en forma más o menos desfachatada el legado de Chávez, y la competencia proselitista consistirá en quien “lo interprete mejor”.

Así será como el chavismo (al igual que el peronismo y como lo hizo el sandinismo) podrá siempre volver, y siempre será así mientras tengamos élites hambrientas de status y privilegios, de clara vocación rampante, y aspirantes de todas las clases sociales a lograr esa “inclusión”, de clara vocación reptante. De hecho, chavismo y peronismo como variantes extremas que son del populismo, sólo pueden vivir de las debilidades que logran inocular en la sociedad, por lo tanto, podrán reciclarse y regresar con “una nueva presentación” mientras no se supere la cultura de la depredación y la dependencia, la cultura de pobreza moral que les sirve de sustento.

EL MAL QUE NO SE IRÁ

Si de verdad ocurriera el milagro, trabajosamente logrado por el régimen y su oposición, de mantener a Maduro por unos años más, se abrirían muchos escenarios pero ninguno de transición verdadera hacia la democracia, muchos menos de superación del Estado rentista.

Uno de los escenarios bien podría desembocar en una ofensiva del régimen hacia el “Estado Comunal”, con su nueva “geometría del poder” y una constituyente de base y deliberación “popular”, donde se volvería a invocar el “poder originario” pero ahora en clave de profundización de un proceso que llevaría a la creación del verdadero “poder popular”, dicho de otro modo, el expediente final para terminar de desechar cualquier remanente de institucionalidad y “poderes burgueses”.

El escenario alterno podría ser el de una pseudo transición pactada entre el chavismo y su oposición MUD, que llevaría a la instauración de un régimen gatopardiano de alternancia “a la nicaragüense”, en aras de mantener el bien más preciado: el Estado todopoderoso.

EL MAL QUE VIENE DE CUBA

Lo otro que desde luego se pactaría entre las partes, es que a Cuba “ni con el pétalo de una rosa” y esto viene muy bien al caso, porque a la potencia dominante se le seguirá honrando y respetando, tal como se instauró como práctica cultural en este país, desde la muy inolvidable “Carta de Salutación y Manifiesto de Bienvenida a Fidel Castro” entusiásticamente firmada por parte de una notable porción de la “intelectualidad” venezolana, en 1989, cuando nadie siquiera sospechaba de la existencia de un tal “Hugo Chávez”.

Por cierto, y que casualidad, que Castro irrumpiera justo a tiempo en 1989, como si se tratara de un movimiento oportuno, ejecutado con la audacia de un marine frente a un peligro máximo, y vaya que sí se estaba corriendo un gran peligro, porque CAP a lo que venía en su segunda presidencia (según un imaginario que se inoculó por todos los medios) era a acabar con el festín rentista, y horror de los horrores, despojar de poderes y prerrogativas al Estado, y a sus oligarquías y factores de poder conchupantes…

Tan solo 25 días después de la toma de posesión de CAP (con Castro presente en rol estelar), estalla el “Caracazo” no solo en Caracas sino en varias ciudades, a pesar de que el “paquete de medidas económicas” anunciado 11 días antes, apenas había comenzado a aplicarse.

¿Casualidad?

Desde luego que los Castro, Fidel y Raúl, no deberían temer en ningún caso, de hecho esta oposición agrupada en la MUD hasta se ha movido internacionalmente para promover la inversión en Cuba, además, si a ver vamos ¿que podría temer una Cuba en plena apertura (y expansión) que goza del apoyo internacional irrestricto y sonriente de Obama, El Papa, Putin, China, Colombia (toda Latinoamérica salvo indeseables como Macri), la ONU, la Unión Europea, y varios etcétera más.

Es más, La Habana después de lograr su triunfo máximo en clave colonial con la entrega de Venezuela por parte de Chávez, y consolidarse en Ecuador, Bolivia y Nicaragua, se apresta a dar la batalla con todos los hierros en Brasil y Argentina, y a celebrar el comienzo de la conquista definitiva de Colombia, con el apoyo de sus élites y estamentos de poder.

Cuba más bien pareciera estarse encaminando hacia una verdadera fase expansiva, lo cual no le vendría mal después de haberse estrenado en forma tan brillante como potencia colonial en Venezuela, y es posible que la clave, más allá de las consabidas complicidades conscientes, encubiertas o inconscientes, de las imbecilidades útiles de intelectuales y académicos, las vulnerabilidades sociales y culturales de ciertas sociedades, y la infiltración sistemática y paciente en los estamentos (militares, culturales, académicos, mediáticos, empresariales), más allá de todo esto, ese fenómeno de capacidad de adaptación (mafiosa) y supervivencia (narcotraficante) que es el castrismo, es posible que haya descubierto un nuevo filón lleno de posibilidades en lo que bien podría llamarse, el populismo de primer mundo.

EL MAL QUE VIENE DE NOSOTROS

Sólo diré una cosa: cuidado con ciertas retóricas de altísima carga demagógica que ya retumban en pleno hemisferio norte, como lo podemos apreciar en Europa o en los Estados Unidos. En ambos casos, sociedades que, con toda razón, experimentan un descontento creciente hacia sus establishments, sus élites, sus clases políticas, pueden llevar al triunfo de remedios peores que la enfermedad, que terminen debilitándolas hasta hacerlas vulnerables a infecciones múltiples (comenzando por la autoritaria).

Lamentablemente, y mientras no se encuentre remedio a la inevitable degeneración/corrupción oligárquica del poder, que afecta en forma aparentemente inexorable a muchos Estados del mundo occidental, nos estaremos debilitando frente a ciertas amenazas geopolíticas de otros “mundos” y continentes, que solo esperan nuestra inflexión o agotamiento cultural y político, para pasar a la ofensiva.

Mientras no tengamos ciudadanía activa, sociedad civil realmente organizada y también dirigencia y partidos dispuestos a trabajar con sus comunidades y a reinaugurar la política desde la base, estaremos entregando nuestro destino, el de nuestra familia y nuestros países, a la mediocridad irremediable de las actuales clases políticas, las cuales han fallado tanto hasta comenzar a sumar en el descrédito, lenta pero inexorablemente, conceptos tan fundamentales como libertad y democracia.

Las bases de nuestra civilización.

[1] Esta fue la frase precisa que usó Chávez para definir el triunfo de la oposición en el referéndum constitucional de 2007, y la pronunció en cadena nacional de radio y TV.

viernes, 26 de febrero de 2016

LOS PARTIDOS SOCIALES


Desde el surgimiento de los partidos políticos y los movimientos sociales hace más de un siglo, se habla incesantemente de lo que deben ser los unos y lo que no deben ser los otros, y viceversa, esta ha sido una discusión tras discusión avivada por épocas, gracias a las innumerables crisis políticas y sociales –crisis en términos generales- donde los que se sienten representados por cada tipo de organización, no tardan en despotricar de cualquier transformación o hibridación entre partido/movimiento que pudiera surgir, y un buen ejemplo de esto, lo encontramos en los movimientos que surgieron del 15-M español, en donde los “indignados” que lograron algún nivel de organización, se encontraron de repente, en un ingrato limbo indefinido entre sociedad civil, partidos políticos y la aspiración –genuina- a sustituir desde abajo, a una sociedad política devenida en clase política y peor aún, en casta política.

La discusión que se generó y que aún perdura, y que se puede investigar en internet con gran provecho para el estudio de la política, permite observar como este movimiento de los indignados, movimiento sin duda alguna “social”, mostraba desde el principio una fragmentación en islas y archipiélagos, que muchos desde fuera se apresuraron en calificar como “caos”, no sin sentir cierta satisfacción y alivio al constatar que todo no pasaría de ser un nuevo aluvión estacional, que dejaría un sedimento con poca o nula tendencia a la aglomeración: era la tranquilidad geológica del político conservador, sea de derecha o izquierda, que no quiere que nada ni nadie le amenace el basamento granítico, del statu quo en el cual medra.

Pero lo más decepcionante se encontró al comprobar que muchos de los integrantes de ese mismo movimiento, también adoptaron una opinión escéptica, pues encontraban también en ese cinturón de asteroides políticos orbitando en torno a la Puerta Del Sol, algo que difícilmente podría generar gravitación y mucho menos crear un planeta, ni siquiera un planetoide.

Se trataba de gente que, aunque igual de indignada y plantada en la calle exigiendo una renovación política y del poder en España, de alguna forma entendían que el sistema imperante terminaría disgregando o engullendo al movimiento, por absorción modélica tanto consensual como institucional y… ¡QUE VIVA LA DEMOCRACIA!

De hecho, hoy en día vemos como el partido PODEMOS, en cuyo manifiesto fundacional encontramos aquello de “convertir la indignación en cambio político…”, ni más ni menos ya comenzó a actuar como un partido más del sistema imperante en España: la partitocracia, y de sus inicios como partido con una propuesta integral de renovación, incluso en lo organizacional y estructural a nivel de democracia interna, se convirtió, justo a raíz de su primer proceso interno, en “partido de combate” a por el poder, como dirían los ibéricos, un partido leninista como muchos de los que conocemos aquí mismo en Latinoamérica, para luego y al calor ya de la contienda por el poder, ver como se iba “aclimatando” -con un talento insospechado- al odiado sistema, hasta llegar al clímax de asimilación como lo observamos hoy en todo su esplendor, al verlos negociando como peces en el agua (como si toda la vida lo hubiesen estado haciendo) con los otros partidos del parlamento para coaligarse en gobierno ¡justamente con esa casta tantas veces despreciada y denunciada!

¿Tenían entonces razón, los escépticos del 15-M?

Pues no.

La fragmentación de los indignados españoles era lo mejor que tenía el 15-M como movimiento, esa fragmentación indicaba justamente, que se trataba de una convocatoria real de grupos reales, representando cada uno su área o esfera de intereses particulares, locales, específicos.

La fragmentación no debía ni debe verse como atomización, desunión, caos o anarquía... esas fragmentaciones son unidades energéticas esperando por una conexión que las reconozca como comunidades, y las comunique y coordine para formar una verdadera red, en donde los canales de interacción no debieran ser unidireccionales, ni estar codificados, ni estar rígidamente secuenciados… pues no debieran ser canales, deben ser sinapsis y por lo tanto, ser capaces de comunicarse para crecer, y en la medida que crecen, comunicarse más y más, hasta poder coordinarse por áreas, patrones, o globalmente, de acuerdo a sus necesidades particulares, locales, o globales…

Hablamos de algo que en algún momento del futuro, podría constituirse como una red capaz de funcionar como una red neuronal, donde la sociedad del conocimiento se dará a sí misma, y se concederá a sí misma, un poder pensante.

Si ya lo sé, estoy corriendo, me puse a volar más bien, pero el 15-M, y las manifestaciones, y las “primaveras” (y veranos) y lo que venga y ha de venir como expresión de una “sociedad de comunidades” cada vez más divorciada de una clase política anquilosada que sólo entiende de votantes, y no de gentes, y cuyo mapa mental dice “electorado” donde debería decir “ciudadanía”… pues esa sociedad de comunidades-comunicadas-en-comunión, se mostrará cada vez más desbordando a sus poderes, mostrándose ella misma en poder, adquiriendo conciencia de ese poder, hasta que comenzará a exigirlo.

De una vez lo diré: las redes sociales que se están desarrollando, tanto las virtuales como las reales no son “caos”, constituyen una sopa primigenia que posee todos los nutrientes necesarios para generar la nueva política, y seguramente una nueva democracia, superior sin duda a la del paradigma representativo.

Las comunidades y los grupos sociales obedecen cada uno a su propia conciencia, que salvo manipulaciones, no es ideológica sino grupal, hay desde luego, un cuerpo central, un backbone, hacia el cual pueden derivar todas las troncales comunitarias, y ese espinazo son los derechos humanos, pero los movimientos asociados a cada grupo, pueden perfectamente actuar en red, sin necesidad de codificarse ideológicamente, en todo caso, los derechos humanos pueden proporcionar el basamento, mas no el firmamento, como antes lo hacían las ideologías, al actuar en clave religiosa de explicación del mundo y orientadoras del camino redentor: eso no podrá seguir existiendo porque ya no hay un camino, que se presentaba como lineal y a lo sumo con algún altibajo… lo que tenemos hoy día es una telaraña, en 3D y cuidado si en 4D, de hecho, el autor gusta de comparar las ideologías decimonónicas con esténciles en 2D, que algunos insisten en aplicar a universos en expansión/aceleración en 4D.

En este nuevo ecosistema social, la permanencia de paradigmas como “partido político” y “movimiento social”, pudieran verse tan superados como un floppy disk con data de 8 bits, buscando donde está la ranura en un smartphone para entrarle (y pedirle adhesión o voto)…

El punto es, que semejante acumulación de potencial político podría aprovecharse con partidos políticos que, sin dejar de ser partidos “políticos”, comiencen a actuar como multiplataformas de captación, coordinación, desarrollo, comunicación y sincronización de movimientos sociales, en otras palabras, el partido como la red que une a las comunidades y grupos, concepto que por cierto, de alguna forma rescata un viejo elemento de los partidos de masa: los correajes, sólo que ya no como concepto de transmisión de necesidad/mando entre base/dirigencia, sino como la sinapsis multimodal ya explicada.

Se trataría de Partidos/Red que de hecho hasta podrían superar la tradicional dicotomía entre partidos de cuadros y partidos de masa, al lograr el reconocimiento de las comunidades y grupos, y potenciarlos/empoderarlos como los elementos transversales capaces de lograr esa adhesión a escala aumentada, en todas las clases y subclases socioeconómicas que una sociedad compleja plantea, siempre y cuando se actúe sobre la base de atender y trabajar cada interés diferenciado y especifico. Se trataría de una modalidad que asume la complejidad, no como el trabajo político de tratar con un conjunto de compartimientos estancos, incluso con algunos de ellos en lucha de clases, sino de trabajar los grupos con necesidades/intereses coincidentes, como constelaciones que se superponen o solapan (neuronalmente).

Estos partidos sin ideología (partidos de necesidad de derechos), partidos red (partidos de comunicación/coordinación/sincronización), partidos de cuadros/masa (de comunidades/clases transversales) que de hecho emulan en su extensión, a planos en escala 1 a 1 de la sociedad a la que representan, sin reducciones ni simplificaciones (partidos complejos), partidos así, son los que de hecho se podrían definir como Partidos Sociales, tal como suena...

Estos Partidos Sociales, nunca dejarían de asumir las tareas básicas de un partido político tradicional, mas bien, serían capaces de asumirlas todas como un desarrollo natural de la complejidad que asumen como una fortaleza y no como una debilidad, de una complejidad que los capacita para el orden, precisamente por la multitud de flancos desde el cual una complejidad organizada/comunicada/coordinada/sincronizada puede siempre enfrentar a una complejidad fragmentada/disgregada, o sea una complejidad en “modo caos”.

Es así como un Partido Social, que siempre debería estar activo de todos modos, y en forma permanente como organización de lucha y trabajo social, sobre todo como organización promotora de empresas sociales*, este partido de nueva generación igualmente podría, tal como lo hace cualquier partido tradicional, ofrecer las capacidades fundamentales que la sociedad espera de ellos: capacidad dirigencial, para proveer a la sociedad de verdaderos liderazgos, liderazgos verdaderamente relacionados y comprometidos con las comunidades de las cuales surgen, capacidad electoral, para convertir esos liderazgos en candidatos preparados, y ponerlos en condiciones de ganar elecciones, capacidad gubernamental, para proveer a la sociedad de equipos de gobierno capacitados y coherentes con planes, programas y proyectos y, capacidad innovadora, para proveer a la sociedad de nuevas ideas y visiones y nuevas generaciones de aspirantes al liderazgo, para así contribuir a la indispensable renovación del poder.

Aunque resulte temprano decirlo, un partido así, debería ser un partido que una vez llegado al poder, no debería degenerar en poder oligárquico, y esto hay que explicarlo, porque efectivamente, todo poder es oligárquico per se y si no lo fuera, de él no podría emanar mando ni capacidad organizativa ni ejecutiva, esto debe quedar claro, y este servidor esto lo tiene más claro aún, por declararse firme sostenedor del presidencialismo en contra de los regímenes parlamentarios (asunto que no viene al caso explicar en esta oportunidad).

Lo importante es que el partido del equipo gobernante no se convierta en oligarquía, en “casta”, sobre todo, en casta integrada al estado y por lo tanto inamovible (los individuos pueden ir o venir, o irse para siempre, pero el partido queda) algo que nosotros los latinoamericanos conocemos en mayor o menor grado, y que los españoles lo experimentan en carne propia con su democracia de la transición, degenerada en partitocracia, o sea, en régimen corrupto de consensos oligárquicos entre partidos, poderes formales, poderes fácticos y redes burocráticas, funcionariales y clientelares (que en Venezuela definimos con el muy apropiado nombre de conchupancia).

Mi esperanza, es que dada la estructura reticular de poder difuso y distribuido que debería tener un verdadero Partido Social, la dirigencia que emane de él debería ser genéticamente distinta, y por lo tanto responder al reto del poder exhibiendo conductas distintas, esto desde luego, resultaría una ilusión infantil, si en el estado rige algún régimen consensual o directamente, un estado de partidos, lo que significaría república mediatizada, con separación de poderes afectada por pactos, y democracia reducida a la mera expresión electoral.

Ahora bien, el reto que plantearía el surgimiento de organizaciones como los Partidos Sociales, implicaría un cambio también en la práctica de los agentes que actúan e interactúan con el activismo político, especialmente en lo que respecta el ámbito de lo electoral.

Es un hecho notorio para cualquier observador y estudioso de la política, que ésta ha ido degenerando, especialmente en Latinoamérica, hacia formas populistas cada vez más demagógicas, las cuales con el tiempo han determinado una transformación cada vez mayor de la actividad política, en una verdadera arte escénica, asistida por no decir dominada, por prácticas y técnicas propias de los medios de comunicación de masas.

En consecuencia, los políticos han ido dependiendo cada vez más, de los medios de comunicación para poder articular sus mayores o menores aspiraciones al poder, hasta el punto que hoy en día se concibe el quehacer político, esencialmente como una campaña electoral permanente, continuamente tutelada y manejada por una tecnocracia especializada en demoscopia, mercadotecnia y cobertura mediática.

Este dominio elitista/tecnocrático del entorno político y especialmente del “candidatural”, convierte a la política actual, con sus cenáculos de poder y sus cortes colonizadas por profesionales y técnicos –muchas veces sin líderes naturales por ningún lado- en algo esencialmente antipolítico, entendiendo la antipolítica como el abandono fundamental de lo político, en otras palabras de lo verdadera y abiertamente público y en especial, del conflicto intrínseco en toda sociedad, por parte de la política (que debería ocuparse de ordenar y dirigir el conflicto), lo que ha dado como resultado la conversión de las sociedades políticas (que deberían ser abiertas) en clases políticas (cerradas), clases fines en sí mismas y demonizadoras del conflicto público, y de toda dialéctica que debería ser intrínseca a la democracia y su perfectibilidad.

Por lo tanto y con el advenimiento de los Partidos Sociales (y la eventual conversión de los tradicionales hacia ese modelo mediante su modernización), el rol del consultor o estratega político debería cambiar.

El consultor político frente a este reto ineludible, debería poder cumplir un rol corrector, incluso regenerador de la política y creo que debería estar en su interés promoverlo con prioridad y emergencia estratégica, pues la galopante obsolescencia de la política actual, de sus actores, métodos, visiones, organizaciones y hasta de sus programas e ideologías, ya no puede compensarse con maquillaje, bueno… ni con maquillaje ni con cirugía plástica ni siquiera aplicando técnicas reconstructivas… pues ya estamos a un paso del maquillaje de cadáveres, incluso del oficio taxidérmico, especialmente en el caso de muchos especímenes de la fauna política americana, y ni hablar de esos templos megalíticos que algunos aún se atreven a llamar partidos.

Soy de los que siempre ha pensado que el verdadero consultor político, debe ante todo ser un promotor del desarrollo y la modernización del ámbito donde desea actuar, en otras palabras, de la política, pero estudiando lo político, en otras palabras (de nuevo) debe ser un estudioso de la sociedad y de su evolución, un investigador no solo del comportamiento, de la conducta, sino de la sociedad en toda su complejidad.

Las sociedades modernas llevan un buen tiempo ovulando, pero falta el agente fertilizante, y ese agente en muchos, demasiados lugares, no aparece por ningún lado, sobre todo del lado de la oferta política, y en este panorama ya paradójico de fertilidad social y esterilidad política, el consultor político y de mercadeo político, estimo que ha fallado también. Desde luego, la responsabilidad es compartida con la clase política, pero una vez más insisto en que, si los políticos se vuelven momias, el asesor debería buscar “nuevos vivientes” que atender, y dejarle el trabajo de embalsamar y envolver con vendas, a otros competidores, por ejemplo, a los mercenarios .

La política del siglo 21 va a consistir sobre todo de comunicación y coordinación entre comunidades y grupos… ¿y cómo va a ser el poder en el siglo 21? pues lo mismo, porque los estados también deberán transformarse acorde con los cambios en la arena política, en este sentido, la comunicación política representará cada vez más el meollo de la política, pues toda la funcionalidad de partidos y estados convertidos en redes, dependerá de una capacidad de transmisión, coordinación, sincronización y realimentación, que exige comunicación transparente y eficiente como requisito fundamental.

En otra palabras, para la política la comunicación será el medio, el vector y también la estructura -el espinazo- y también deberá representar contenido, en la medida que esa comunicación se reconozca y se desarrolle finalmente, como un derecho universal que no puede ser dominado ni secuestrado por grupos de poder: esto significa que la política del siglo 21 basada en comunicación, significará el verdadero advenimiento de la comunicación social realmente social, y de una opinión pública realmente pública, y este solo hecho, revolucionario en toda la extensión de la palabra, determinará la evolución de la política y de la sociedad misma.

Como podemos apreciar, el rol que puede desarrollar la asesoría política deberá desarrollarse hasta abarcar un ámbito que inevitablemente, será el de la sociedad toda, porque si ha de ser verdad su empoderamiento en términos reales, entonces tendremos sociedades en activación política permanente, y con el desarrollo constante de la tecnología, hasta podríamos terminar con formas de gobierno realmente democráticas, donde una sociedad se instituye en forma permanente, hacia formas cada vez más participativas.

En este sentido, una de las propuestas más interesantes que han surgido en los últimos años con respecto a la comunicación política, es la propuesta de “Politing” o mercadeo político integrado, formulada por el consultor internacional mexicano Carlos Salazar Vargas, la cual me parece que incorpora admirablemente, todos los ámbitos en donde la comunicación política y la consultoría en políticas públicas, va a adquirir inexorablemente, su máxima expansión e importancia.

¿Quién quita y sean los consultores y estrategas políticos, los autores intelectuales de la modernización política latinoamericana en los próximos años? Si me lo preguntan a mí, ya saben la respuesta…

*Entendiendo por empresas sociales, las definidas así por el sabio Muhammad Yunus.

Federico Boccanera
Analista y consultor comunicacional / político.

sábado, 23 de enero de 2016

El 23 de enero de 1958: Una revolución democrática


Fue una revolución democrática porque en ella participaron diversos sectores de la sociedad, desde los estudiantes hasta la iglesia, más allá del grupo de conspiración civil militar, fue un movimiento transversal en lo civil/político. Fue un movimiento sincronizado de la sociedad civil, de las fuerzas vivas, de los distintos estamentos, una oleada lúcida que se extendió por todos los estratos sociales, y que de hecho daría origen a lo que se llamó “el espíritu del 23 de enero”, y así fue comprendido y asimilado, por todas las fuerzas políticas, lo que luego desembocaría en el Pacto de Punto Fijo, acuerdo indispensable para defender el logro democrático, de cualquier resaca.

La democracia incipiente de la revolución de 1945 fue una democracia insurgente, de ruptura, que interpretaba sobre todo el anhelo de una élite apenas surgida, de jóvenes militares y clase media educada, ese trienio dejó sin embargo una crisálida que eclosionaría 10 años después. La democracia del 58 ya no es el golpe de un sector, surge de un movimiento de amplio alcance social, de alcance popular. Lo que en 1945 era ensayo aventurado de un grupo esclarecido, donde la acción quirúrgica debía ante todo, cortar netamente con el pasado, y donde la democracia era proyecto político. En 1958, es ya el clamor de una sociedad que pide democracia como modo de vida, la democracia como valor, como norma, como exigencia moral.

martes, 22 de diciembre de 2015

Manifiesto del Solsticio de 2015


Hay triunfos que son los peores

porque corresponden en suerte a enanos
que no se merecen nada

En el año que termina
todo queda reducido a un triunfo noble
de esperanza noble, de pueblo noble
que esperará por un remate
en manos de enanos innobles

No, este triunfo no me alegra
me espanta
porque es emanación valiosa
que cae sobre terreno cenagoso

El año pasado fue de horror
y aun así, al final tenía esperanza
este año termina con la gente triunfando,
y aun así, creo que vamos hacia el horror

No, no veo al receptor gigante
de este deseo gigante
solo veo a hormiguitas cargando sus tacitas
peleándose por un escupitajo negro en el piso
de petróleo reseco, ya apenas húmedo

Esos son nuestros “políticos”…

Ya paso el triunfo
y se termina el año
y el triunfo ya se diluye en un primer asesinato colectivo
donde el tiempo angustioso de padres buscando medicinas
se pisotea en escoger en comidilla
al que será el avergonzante presidente de una entelequia

Donde el tiempo agobiante de presos
enterrados en muerte diaria
se ensuciará con la ignominia de pedir una paciencia
cuya calidad es la de una cobardía
que hiede igual a la de los carceleros

Sobre la barca de oro que al fin se orilla
para poder ser abordada por los héroes necesarios
una vez más se monta
una clase excremental de falsos líderes

Que creen que la unidad
es repartirse el poder por cuotas
calculadas al milímetro
con ese rigor admirable, preciso, que solo aplican en sus asuntos
en esos acuerdos que siempre consisten en
tragar todos callados,
el hecho monstruoso de que no libraran ninguna batalla
ni siquiera por sus madres

Esta es la noche de solsticio que esta vez nos toca
en el día más oscuro del año
no, esta vez no aliviaré a nadie con promesas de futuro
ese, ya quedo sembrado en un día seis de diciembre

Que quedara flotando
que quedara saturando el aire
de combustible suspendido en miles de gotitas
esperando por la llama de esos pocos
que saben que todo tiene que ver con algo que se llama libertad

Al final (o al principio)
lo único que nos queda es un seis de diciembre de 2015
esperando por algún otro mes
esperando por algún otro año
esperando por alguien que quiera cumplir

A no ser que de verdad ocurra el cambio
el único posible
el de nosotros mismos

pídanle eso al espíritu…

sábado, 19 de diciembre de 2015

SÍ HAY UN CAMINO: LAS COMUNAS


Una propuesta que se quedó en nada…

Un artículo que se quedó en nada, publicado en noviembre de 2012, a propósito del tan mentado poder comunal. Lo escribí cuando aún sentía que podía pertenecer a AD.

SÍ HAY UN CAMINO: LAS COMUNAS
21 de noviembre de 2012
Federico Boccanera

Después de las elecciones (las presidenciales de 2012, N. del A.) y la incertidumbre que de lado y lado ha quedado sembrada para una germinación a plazo más que incierto, en medio de un clima imperante de historia agotada, de ensayo general previo a una defunción no solo individual sino generalizada, en este nervioso ambiente, ha surgido de forma tan cínica como insólita, el tema de las comunas.

Digámoslo de una vez: esta propuesta del poder comunal es la primera oportunidad clara que se presenta en años, de poder impugnar al poder regente desde la misma base popular, pero corre el riesgo de resecarse entre las dos involuciones que promueven la desertificación de la política venezolana de comienzos de siglo, representadas por un régimen particularmente infértil, especialmente en lo revolucionario, y una oposición que lo complementa perfectamente en la esterilidad del debate.

Desde luego que la oferta comunal que lanza el régimen chavista no es la oferta virtuosa de un estado dispuesto a deslastrarse de prerrogativas y delegar poderes, y sobre todo, a renunciar a la oportunidad de aprovecharlos para ejercer su perenne extorsión sobre la sociedad, no es así, de hecho, la oferta chavista de las comunas se hace para crear nuevos receptores clientelares, y extender la dependencia existencial de todos los estratos del poder, al dictado implacable de un régimen de incontrolable propensión totalitaria y por lo tanto, indetenible en su afán de someter y dominar en forma cada vez más incontrastada.

Es por lo tanto la oferta del poder comunal chavista la estafa final, el engaño final, la carnada definitiva que se le tiende a un pueblo que, en su buena fe, podría hasta ilusionarse con que al fin podrá “bypasear” a esos intermediarios vagabundos que se la pasan engañando al comandante y escondiéndole la verdad, o a esos políticos malandrines que lo que quieren es quedarse con el presupuesto y embolsillarse la plata que mandan de Caracas.

Lástima porque esto de las comunas, presentándolas como un verdadero proyecto de profundización de la descentralización, podría representar una de las mejores ofertas posibles de salvación y rescate del país nacional, especialmente si se llegara a la audacia de proponer un poder más horizontalizado y cercano a la gente, con lo cual y de paso, tendríamos la oportunidad histórica de descoser enteras redes de tráfico clientelar, que son el desarrollo tumoral de una relación estado-país sépticamente determinada por el vicio rentista.

Sobretodo podría representar una ocasión para la oposición si una gran parte de ella no estuviese tan supeditada en relación de vida o muerte, a sus feudos regionales de supervivencia residual. Pues a la limitación que podría hacerse del poder estadal o regional, podrían oponerse ciertos establecimientos que visualizan su ámbito administrativo como un coto vital de apropiación/incautación del reparto rentista y emporio de mantenimiento de sus propias clientelas locales.

Los partidos democráticos venezolanos no pueden cometer el error trágico de sustraerse de discutir un poder que se podría proponer como el más popular y cercano al pueblo, sin quedar seriamente comprometidos en su posibilidad de ofrecerse como alternativa de poder… y olvídense del termino oposición, porque aquí de lo que se trataría es de superar definitivamente esa condición, con la cual se puede incluso sobrevivir indefinidamente, para lanzarse de lleno, y sin red de seguridad, al reto de desafiar al poder máximo, al poder centralizado y concentrado en la prepotente Caracas, con una oferta superior, con un liderazgo fusionado con el pueblo exigiendo mas poder para la gente, desde cada rincón del país.

Si hay un discurso con el cual la política pudiera volver a aterrizar exitosamente en lo social, y colocarse en la perspectiva ventajosa de retar al poder central omnímodo desde la mejor posición posible/imaginable que es al lado de la gente, es precisamente con una verdadera propuesta de avanzada sobre el poder comunal, el verdadero, el que saldría de un debate nacional sin precedentes, y no el paquete trampajaula impuesto por la neoburguesía chavista caraqueña y habanera.

Especialmente si logramos demostrar que el discurso del régimen chavista en el fondo es una estafa monumental que, desvirtuando una propuesta que parece pero no es, no transfiere verdadero poder popular sino más bien extiende y tentaculiza el control del poder central.

Para cualquier agrupación política que se plantea como una organización para proponer un proyecto de país posible y proponer también los líderes dispuestos a hacerlo realidad, todo desafío de participación popular debería ser atendido con entusiasmo en lugar de andar creando resquemores, porque discursos como el de la inconstitucionalidad y el de la amenaza comunista, representan cuestiones que sin duda alguna deberán tratarse y hasta denunciarse, pero ponerlas en el centro de la discusión, o peor aún, en el centro de las consignas, podría constituir la mayor torpeza posible, además de atascarnos justo en el brete donde el chavismo nos esperaría “pa caernos a palo cochinero” y regocijarse con nuestros chillidos estertóreos…

Además, se podría visualizar esta propuesta del poder comunal, como una ocasión inigualable para plantearse la gestación de una verdadera política del siglo 21, desarrollando por ejemplo, una campaña que se enfoque en el impulso a redes sociales reales de iniciativa ciudadana, precisamente como la expresión de un poder lo mas cercano posible a la gente y sus intereses.
Dicho en otras palabras, la palabra clave para explicar la política del siglo 21 será la palabra “REDES” y el poder comunal podría representar su desarrollo mas consustancial y hasta natural.

El discurso de la comuna, bien planteado y bien llevado con propuestas reales de gestión comunitaria y contraloría social, podría constituirse en el más eficaz de los recursos en contra de cualquier tentación autoritaria y totalitaria, es mas, podría convertirse en el mensaje antitotalitario por excelencia y en el más virtuosamente democrático.

La propuesta del poder comunal podría ser la ocasión y el ámbito perfecto, para proponer un nuevo modelo de sociedad democrática, socialmente sostenible, un proyecto dirigido por “inteligencias colectivas hacia la autoorganización y la autodeterminación”, y no esta estafa que propone el chavismo, fraudulentamente empaquetada por “inteliguentsias” agavilladas en nomenclaturas donde el compromiso principista o ideológico, sólo es un sastre que ronda por las cortes, confeccionando disfraces.

Entonces por fin estaríamos hablando también de transición, y no solo de transición en el modo más profundo posible, al movernos en la dirección correcta para proveer estabilidad y gobernabilidad, ante una crisis futura que se vislumbra sistémica, con peligrosas decadencias pandémicas en la representatividad y la legitimidad, porque además estaríamos abordando el tema de la transición en el modo como el conjunto estado-sociedad-comunidades se podría comenzar a restructurar en modalidades de relación, interdependencia y cooperación, que rehúyen la concentración totalitaria, la sumisión cómplice de poderes que solo aspiran a hegemonías inapelables, y los inevitables callejones sin salida a los cuales nos podría llevar, el agotamiento de un modelo de estado populista/rentista tan cristalizado y esclerosado como el actual.

Dentro de este contexto de asumir y no rehuirle al reto del poder comunal, y mas bien arrebatárselo a sus ominosos proponentes originales (incluso en el caso de llegar a tratarse de otro caso más de “amenaza interrupta”, de esas tantas que se han quedado en la nada, como la fibrilación axial apureño-orinoquesa, el cooperativismo o el trueque…). Aun así, lo que queda de dirigencia política nacional capaz de pensarse más allá de lo electoral, y partidos de verdadero espesor social como Acción Democrática, no deberían perder el menor tiempo en plantearse seriamente el “rapto de la iniciativa”.

Para un partido como Acción Democrática la discusión sobre las comunas sería como un retorno estelar a los planteamientos de vanguardia, a los “desafíos epocales”, y en ese campo sería de las pocas organizaciones políticas de verdadero alcance nacional, que además podría sonar auténtica en una propuesta de empoderamiento de las comunidades, a diferencia de otros partidos que, además de carecer de la indispensable “capilaridad geográfica”, si se metieran en eso podrían verse demasiado como “vestidos para la ocasión”.

Por lo tanto para AD podría ser la gran ocasión para recolocarse en el epicentro de la lucha política con naturalidad y credibilidad, y si lo hace recuperando cierto sentido del trabajo político en donde antaño fue campeona, esta vuelta al centro del ruedo podría coincidir con otra gran oportunidad: la de volver a disputar la tenencia del mensaje de inclusión social y su semántica asociada (un campo que siempre fue especialidad de AD, hasta un pasado ni tan remoto).

Es la gran oportunidad para volver a hacer política, en vez de limitarse, como algunos proyectos personalistas hacen por deficiencias insuperables de concepción y liderazgo, al mero rol opositor.

Es la gran oportunidad para recuperar el sentido de aquello que mientan la “vocación de poder” distinta a la “vocación de medrar” que pareciera distinguir a cierta supuesta dirigencia.

¡Adelante!

NOTA ACTUAL: si fuésemos realmente políticos arrebataríamos iniciativas, tomaríamos la pelota al rebote, el capital político está allí ¿o no es así? pero nos paraliza una vez más, la ausencia de visión y la ausencia de audacia... la política reducida al cálculo y este reducido a la maniobra, sin altura, sin aire, sin vuelo…

Sin tamaño.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Hay que felicitar al pueblo (no a la oposición)


Definitivamente hay que felicitar al pueblo votante por el logro obtenido este 6 de diciembre de 2015, tristemente nunca se sabrá cuál hubiese podido ser el verdadero resultado, sin ese fraude aplicado en todas sus modalidades, antes, durante y después del evento electoral, el cual de todos modos no impidió que la oposición obtuviese la mayoría calificada para las curules a la Asamblea Nacional (AN).

Si, al pueblo se le debe felicitar pero no a la oposición, a la oposición solo se le podrá felicitar si eventualmente llegara a cumplir con su promesa estelar de campaña: el cambio.

Los votantes no sufragaron a favor de la oposición, esto hay que tenerlo claro: los votantes lo que expresaron con su asistencia a las urnas, fue un profundo e irreversible repudio hacia el régimen de Maduro y sobre todo, un fervoroso deseo de cambio urgente. El mandato de la voluntad popular no es otro que el de lograr un cambio en la conducción del Estado, que esta oposición supuestamente deberá acelerar o incluso precipitar en la medida de lo posible ¡es eso y nada más!

Pero eso no será lo que hará la oposición de la “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD) en la AN, pues los flamantes diputados de la “unidad” seguirán una ruta del todo particular, que poco o nada coincide con los deseos y urgencias del país: elecciones regionales el próximo año, las municipales en el 2017 y las presidenciales en el 2019, esa es la ruta “rápida” de la cual, nada ni nadie, mucho menos el pueblo, los sacará.

En cuanto al revocatorio, dificulto que la MUD se encuentre realmente interesada en promoverlo por varias razones, la primera es que esta gentuza no tiene prisa, vive en un mundo paralelo donde se pueden dar el lujo de calcular a 1, 3, 5 años, sin que el sufrimiento de la gente les importe salvo para usarlo en operaciones de agitación. La otra razón, y no me cansaré de repetirla, es que no están para cambiar nada sino para tratar de lograr ciertos acuerdos, un reacomodo que desde la muerte de Chávez es asunto pendiente: la negociación de un nuevo pacto de consenso entre poderes.

No les interesa hacer uso inmediato o urgente del poder soberano que han obtenido con los votos, porque no están mínimamente interesados en ir a ningún conflicto verdadero, a un conflicto terminal con un vencedor neto. Para ellos los votos de ayer implican poder pero para negociar, sin duda se las ingeniarán para incrementar la presión, sobre todo usándonos, pero no quieren guerra, quieren llegar a una nueva “Pax Rentista” donde “todo deberá cambiar para que todo siga igual”.

Conciudadanos, nunca le encontraremos la salida al callejón en el cual nos metimos como nación, si esa salida no representa una verdadera transición del país para superar definitivamente al Estado rentista y su ecosistema político y económico, y así poder trabajar en las transformaciones necesarias que restituyan orden, ley, república, libertad, democracia, y nos conviertan en un país verdaderamente decente y productivo, capaz de autodeterminarse.

Recuerden siempre que la clase política agrupada en el gran polo patriótico y la mesa de la unidad nunca llegará al poder para servir al país sino para servirse de él. Para ellos, emprender el camino descrito en el párrafo anterior implicaría su suicidio en masa.

No, nunca felicitaré de entrada a esta falsa oposición que no representa a nadie, y a ese pueblo esperanzado tras la gesta de ayer, solo resta decirle que aún queda por hacer la tarea más importante, la de hacer cumplir una promesa ahora transformada en mandato:

Un verdadero cambio para Venezuela.

Feliz Navidad.



jueves, 12 de noviembre de 2015

El Doctor Tejera no descansará en paz…


“El país debe estar contenido en cada uno de nosotros, hasta confundirse totalmente con nuestra vida y hacerse indisoluble, si sientes eso ya eres político, ya eres líder, ya eres todo lo que hace falta…”

Enrique Tejera París (1919-2015)

Esto NO es algo preciso, y no sé si ha quedado registrado en algún escrito, pero es así como recuerdo algo que me dijo (o me citó) el Doctor Tejera en su magnífica biblioteca, cuando hablábamos de algo tan indescifrable como lo es la vocación política (la verdadera).

El que escribe, se considera un ser privilegiado por haber tenido la oportunidad de conocer personalmente al “Doctor Tejera”, que era la única forma como uno podía dirigirse a él.

Forma que nunca abandonaré porqué cuando uno conoce a alguien así, entiende no solo el respeto, sino esa forma exaltada de admiración, que es la veneración.

El Doctor Tejera era el remanente de un país que uno pudiera pensar superado, fósil, muerto, tan muerto (o cercano a la muerte) como él mismo.

Nada más lejos de la realidad…

Conocerlo, fue igual a recibir el impacto brutal de una mente, de una inteligencia, de una lucidez sin descanso, el impacto inolvidable de toparse con un ser dedicado sin pausa posible y con febrilidad tangible, contagiosa, embriagante, a pensar el país.

A pensar el país, sobre el país, por el país…

La obsesión de un VENEZOLANO que a pesar de sus 96 años, sabía perfectamente que todo el trabajo, todo el esfuerzo, toda la tarea, estaba sólo al comienzo.

La visión del Doctor Tejera era ya la de una vida que desde una dimensión que era temporal, extensamente temporal, era al mismo tiempo ajena a ella, y entendía que la historia es un acto permanente, continuado, cotidiano, imparable.

Y que él que quiera hacerla ¡DEBE SER IGUAL!

Y sobre todo y lo sorprendente, terminar entendiendo gracias a él, que la historia debe ser precedida por pensamiento, estudio, reflexión, planificación, cálculo.

Pero al mismo tiempo entender que solo puede ser parida de una forma…

Mediante LA ACCIÓN.

Que en el Doctor Tejera siempre y en forma esencial, esa acción sólo podía ser democrática, porqué mentes como la de él, no pueden concebir acciones para detener, atrapar, incautar, cerrar…

¿Revolucionario? El Doctor Tejera era capaz de ridiculizar al mismísimo concepto ¡pues nunca conocí a alguien más joven hablando de lo que debería ser una revolución! en el sentido más fulgurante del término.

Y desde la limitación de un cuerpo que ya no permitía otra cosa que no fuese contención, se proyectaba una mente que todo lo contrario, era de todo menos contenida, una mente que aún desbordaba por sus ojos, perfectamente luminosos aún.

¡No señores! ¡Si hay algo que no pediré por el Doctor Tejera, es que descanse en paz! porque no puedo traicionarlo: porque lo menos que deseaba para sí y para todos nosotros, era el descanso...

No hasta conseguir de nuevo a ese país que él sabía perfectamente posible.

Vayan sabiendo que en este servidor y en cada venezolano que quedó hechizado por él, el Doctor Tejera nunca descansará en paz.

Hasta que por fin hagamos lo único que se puede hacer.