jueves, 16 de mayo de 2019

El insoportable teatrino de la crisis venezolana (La Farsa, episodio 3)



Antes que nada se debe afirmar -nunca está de más recordarlo- que la situación venezolana es dramática, pero su descripción no me compete, hay mucho material mediático que refleja debidamente las dimensiones de la tragedia. Dicho esto, considero que mi aporte debe ser otro pues cada uno debe asumir una tarea, y como a mí me ha tocado en desgracia tener que conocer a la clase política venezolana, considero un deber exponer su podredumbre. Para ponerlo de otro modo, soy un destapador de letrinas y desde hace años mis lectores pueden confirmar esta vocación.

Sin embargo y ante los acontecimientos políticos de los últimos días, en este servidor ha sido fuerte la tentación de ponerse a dormir, como siempre para evadir de algún modo la siniestra repetición de una rutina maligna, que solo nos ha llevado a la profundización del desastre, pero esta vez preferí entretenerme con ciertas conjeturas, entre bostezo y bostezo.

Tomemos conciencia de que, aun tratándose de un teatrino con dos títeres muy bien confeccionados, Nicolás Maduro y Juan Guaidó (los creadores hicieron bien su trabajo), las funciones hasta ahora han sido descifrables hasta el aburrimiento, lamentablemente, esto es consecuencia también del hecho que la empresa teatral sabe que su target, es un público nacional e internacional distraído y atontado por décadas de desinformación y manipulación.

Sin embargo, y para poner las cosas en forma un poco más interesante, a la temporada de este año decidí ponerle un título a cada capítulo que iba saliendo:



Pasemos al tercero.

El pasado 30 de abril, Juan Guaidó amaneció junto a su jefe Leopoldo López haciendo un llamado nacional a la rebelión cívico-militar, ahora bien, a estas alturas de la función la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿a quiénes madrugaron realmente?

Ese mismo día, los EE.UU. no se aguantaron, y se aparecen desnudos por el tablado denunciando que fueron traicionados en una negociación para sacar a Nicolás Maduro por la vía rápida.

Luego de pasar por la vergüenza, a los “yanquis” no les queda otra que abalanzarse a recoger el piadoso taparrabo que les lanzan: la culpa fue de Putin.

Mientras tanto, ese día Leopoldo López se pasea por Caracas haciendo un tour de embajadas que ejecuta sin contratiempos, solo le faltó detenerse a comer una arepa o un “perro caliente”, como primer acto de su campaña en libertad.

López sigue libre bajo cuido de España, lo insólito es que Guaidó su compañero de rebelión también sigue libre y “callejero”, desde luego se trata de un intocable, intocable en muchos sentidos.

Primer resultado del primer acto de la función: fuera los EE.UU., pero también queda fuera cierta oposición no dispuesta a plegarse a Voluntad Popular, el partido de Guaidó y López, una empresa del “Grupo Cisneros” que otros dicen que es del “Grupo Polar”, en todo caso, se trata de grupos que bien podrían llamarse “los grupos de siempre”.

Leopoldo López luego contará que durante su casa por cárcel, se reunió con muchos generales y oficiales de la fuerza armada para hacer grabaciones de audio (¿y de video?) entre otras cosas (desde luego no lo dijo así, pero se sobreentiende). Pero ¿qué significa este mensaje? que no era a ningún militar a quien quería madrugar (como mensaje indirecto pongan aquí lo que mejor les plazca, pero solo asomaré que unos días antes, Henrique Capriles, veterano de mil derrotas pero candidato eterno, insinuaba -con toda la intención de sabotear- que nada de malo tendría que Maduro fuese “candidato”). 

(Con respecto a López, recordemos siempre que se trata de un descendiente de “El Libertador”, que es ni más ni menos, el segundo chavista originario después de Jesucristo, y que su esposa -su Jackie- es promotora incansable del “con Chávez esto no hubiese pasado”)

Ahora en Noruega -país de grata recordación para La Habana, las FARC y Juan Manuel Santos- se encuentran negociando por el lado del régimen, Jorge Rodríguez, el escolta (junto a su hermana) de Leopoldo López saliendo de su reclusión y fitness center en Ramo Verde, y junto al escolta (que ahora recuerdo que también es ministro de información) aparece el gobernador del Estado Miranda, Héctor Rodríguez.

Para que les quede claro, por el lado del “gobierno” tenemos como negociadores al escolta del futuro candidato del chavismo de oposición y al candidato “in pectore” del futuro chavismo democrático.

Por el lado de la “oposición” en cambio, es probable que se encuentren egregios representantes de “partidos de la unidad” que no aceptarán, al menos sin las debidas compensaciones, la imposición de estos candidatos, ergo, “hay que negociar”, y es posible que como primera muestra de buena voluntad por parte del poder, se persiga a los diputados de la Asamblea Nacional para “martirizarlos”, o sea para oxigenarlos ante una opinión pública que una vez más, está dando muestras de recelo por sus “representantes”.

Por cierto, Jorge Rodríguez no solo fue el escolta de López en la primera escala de su viaje hacia la candidatura presidencial, fue también el que a pocos días de iniciarse la farsa del 23 de enero, expuso a la opinión pública el video de la reunión “clandestina” entre los tres chiflados: Diosdado Cabello, el “encapuchado misterioso” (Guaidó) y Roberto Marrero, su chief of staff.

El Mensaje de Rodríguez ahora queda claro: con Diosdado no, eso estuvo mal.

Con Marrero el del video, el régimen se ensaña y lo pone preso, y se ensaña también con el diputado Edgar Zambrano del partido Acción Democrática (AD), el mismo que el 30 de abril se acercó hasta “la base rebelde” para dejar constancia que “AD, no se dejará madrugar”. 

Ambos “héroes civiles” ahora en reclusión, no son otra cosa que un nuevo mensaje a Diosdado Cabello*, el único chavista que se encuentra en campaña electoral desde hace años, y que cuenta supuestamente con maquinaria propia: el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), a diferencia de Jorge Rodríguez y su hermana, la vicepresidenta Delsy Eloína, a los cuales no les ha quedado más remedio que improvisar otra agrupación: “Somos Venezuela”.

* el otro receptor del mensaje sin duda es Henry Ramos Allup, pero no me distraeré con un cadáver insepulto.

Ahora cerremos el telón empapado de sangre y vayamos un poco más allá de los episodios que faltan.

Todo este teatrino inmundo, expone el problema de la supuesta “transición venezolana” que no es otro que el diseño de las futuras elecciones “democráticas”, en donde solo está en juego un nuevo pacto de consenso entre poderes, para establecer un nuevo reparto dentro del ecosistema rentista-mafioso del narcoestado minero venezolano, reparto que deberá incluir la alternabilidad. 

Alternabilidad que en Nicaragua ha funcionado maravillosamente bien, tanto para la “izquierda” como la “derecha” (en realidad, para los diversos dueños de ese país).

El diseño de esas elecciones debe ser cuidadoso, y ser aceptable para todas las mafias que concurran a ellas, sobre todo la escogencia de las candidaturas, la “operación impaciencia” que comencé a describir en el capítulo anterior, ha cumplido su objetivo, por ahora.

Y digo “por ahora”, porque hay demasiados asuntos pendientes, por ejemplo ¿cómo queda esa parte de la oposición que le sirvió en bandeja de plata a Maduro, un candidato de oposición para que pudiese reelegirse “democráticamente”? ¿y la que “se dobló para no partirse”? ¿y cómo quedan los que incluso hasta hace pocos días, se dedicaron a promocionar a Maduro como el “candidato más conveniente”? esta última una jugarreta de impotencia por parte de Henrique Capriles, que sin duda debe haber enfurecido a todos los “chavismos democráticos” que lo apuestan todo a la “re-seducción”, o sea a la operación “Maduro es malo y traidor del legado”, operación de diseño habanero que deberá concluir exitosamente con su salida del poder, para permitir la vuelta del “chavismo bueno”, del chavismo del “legado de Chávez”, ideal al cual todos los partidos deberán apelar para dar cumplimiento a la indispensable peronización (chavización) de toda la política venezolana, paso necesario para viabilizar el futuro pacto de reparto del territorio.

¿Y cómo quedará Diosdado Cabello?

Una “pista”.

Guaidó en declaraciones ecuménicas de hace unas pocas horas, declaraciones que uno no sabe si obedecen a cierta “urgencia noruega” o son para calmar amenazas que de todos modos llevan días en ascenso térmico, con extrema generosidad, con subrayada generosidad, reconoce el derecho inmaculado de todo chavismo, incluso del PSUV, a la vida (electoral), estamos hablando del partido de Diosdado Cabello.

Recordemos que Cabello fue el primer escolta de Leopoldo López, si, fue el que lo condujo directo a la cárcel, en 2014.

Como si de una maldición se tratase, en vez de embocar la salida del laberinto, de nuevo nos encontramos ante el sempiterno desorden civil (el histórico “bochinche”) que al parecer, el minotauro militar no desea resolver saliendo a la calle, o tal vez sabiendo que a “la calle”, por enésima vez la enfriaron, a lo mejor por orden de ellos mismos.

Espero que mis “fantasías noruegas” hayan resultado entretenidas.

Continuará.


miércoles, 1 de mayo de 2019

Rebelión en Venezuela: ¿alzamiento militar o de un telón? (La Farsa, episodio 2)


Ayer supuestamente ocurrió una “intentona”, donde por un lado Maduro debía huir y Leopoldo López encabezar la toma del poder. Cuando el pasado 23 de enero titulé de farsa todo lo que estaba ocurriendo, jamás pensé que llegaríamos a tanto derroche de talento, por parte de todos los elencos.

1. Ayer, los silencios de Guaidó y Maduro no contaban, porque los silencios de los títeres no son importantes. El profundo silencio cuartelario si fue lo relevante (y los EE.UU. pero no por su silencio sino todo lo contrario, más bien se les fue la lengua en forma extravagante).

2. ¿Qué significa el silencio cuartelario? lo sabremos cuando salgan, y eso depende de la cantidad de bochinche civil que se acumule en calles y palacios.

3. ¿Ayer presenciamos el inicio de la "operación impaciencia"? en los civiles es obvia “de lado y lado”, en los militares, la impaciencia supuestamente no debe mostrarse, por muchas razones.

4. El control está en Cuba pero los rusos también juegan, y la reacción de Trump más que la labia del dúo Bolton-Pompeo lo demuestra, pero una vez más, cada uno con su discurso.

5. Pompeo volviendo a insinuar la carta militar (porque los rusos ya invadieron), Trump espetando sanciones “al más alto nivel”. La dialéctica ¿intervencionista? en Washington sigue sin unificarse.

6. Como dicen en las series esto “continuará”, solo recuerden que la clase política en esta escenificación es actriz de reparto que debe seguir un guion, los protagonistas son otros.

7. Algo que no se percibe debidamente, es la cuestión del supuesto “interinato civil” de la transición, donde la presencia de los títeres Maduro y Guaidó no necesariamente está garantizada.

8. Si alguna negociación pudiese darse (negociación afuera porque aquí “no pintamos nada”) será sobre la conducción de la transición, que incluye la cuestión de los actuales títeres presidenciales. A lo mejor ya ocurrió hace tiempo.

9. ¿Ni Maduro ni Guaidó? o “Guaidó si, y Maduro también”, de todos modos lo importante es la estabilización del Estado rentista, con un contrato-consenso donde todos puedan explotar su veta, menos los venezolanos comunes por supuesto, que solo deberán aprobar todo esto votando.

10. Por cierto, si hacía falta demostrar que Guaidó es un títere, mejor dicho, el títere de un títere, fue ayer cuando se mostró como presentador del nuevo show de Leopoldo López.

11.  Pedro Carmona, Carlos Ortega, Antonio Ledezma, Luisa Ortega, Julio Borges, Leopoldo López, el interesante historial de las fugas permitidas por el régimen chavista, solo un alma candorosa puede pensar que fueron "descuidos del régimen".

12. El régimen chavista se cuida mucho de “martirizar” a opositores tan convenientes. Y en el caso de Leopoldo López (la gran apuesta de Gustavo Cisneros) cárcel, reclusión casera y “fuga” configuran una campaña de promoción intensa.

13. Estoy llegando a una conclusión sorprendente: el Palacio de Miraflores debe tener una superficie superior a la de El Pentágono para poder albergar tantas "fuentes cercanas" a tantos periodistas, las cuales, y dadas las distancias en juego, emitían informaciones distintas.

14. Además de las lamentables bajas del día de ayer, de heridos y presos incluyendo un muerto (hasta donde sé), se debe resaltar la acción perversa contra Radio Caracas Radio, el medio más heroicamente opuesto al régimen, un abrazo a todos sus paladines. 

Link al Episodio 3

@FBoccanera


miércoles, 30 de enero de 2019

¡Cuidado con una repetición del bloqueo!



Algunas veces este servidor no sabe qué pensar.

Me pasa a menudo porque pareciera que no hay manera que se entienda, el tipo de enemigo contra el cual estamos luchando.

Con lo que eufemísticamente se llama la “oposición a Maduro”, hace tiempo tiré la toalla al finalmente entender no solo en qué consiste, sino su “consistencia”.

En cambio con la primera oposición a Nicolás Maduro en el exterior, o sea con la oposición representada por los EE.UU., y más específicamente por Donald Trump, opté por esperar un poco dada la naturaleza del personaje.

Algunas veces pareciera que la política exterior de Trump se encuentra secuestrada por ese sector que en los EE.UU. se conoce como los “Neocon”, los “policías del mundo en nombre de la democracia”, lo cual ha llevado a desastres como el de Irak. En todo caso no es objetivo de este artículo ilustrar sobre la historia de esta importante tendencia política, los invito a investigar.

Pero Trump no me parece un “neocon” más bien todo lo contrario, lo veo poco dado al intervencionismo, simpatizante (aunque no militante) del aislacionismo, y en todo caso inclinado a actuar internacionalmente no tanto por el deseo de exportar “valores americanos” sino "negocios americanos".

Sin embargo en el caso de Venezuela, Trump parece un rehén de este grupo: Bolton, Pompeo, Rubio y especialmente Elliott Abrams, personaje con un historial más que discutible cuyo reciente nombramiento parece una confirmación de esta tendencia (Abrams incluso fue opositor de Trump durante su campaña, precisamente porque el candidato no parecía un “neocon”).

A Donald Trump le agradecí muchas cosas en su momento, durante su campaña presidencial denunció con alentadora frecuencia la situación en Venezuela -hasta algunos llegaron a hablar de obsesión- y a poco de llegar a la Casa Blanca sancionó con gran acierto al personaje más siniestro y peligroso del régimen, Tareck el Aissami, algo que saludé con cierto entusiasmo en un artículo que se llamaba “Tareck el Trumpeado”, escrito a dos manos con nuestra colaboradora Aura Palermo. [1]

Todo parecía desenvolverse con cierta coherencia, hasta que comenzó la epopeya manchuriana de Juan Guaidó sobre la cual ya expresé mi parecer, en mi artículo anterior. [2]

Antes que nada me preocupa la posibilidad de una intervención armada, tal como se está planteando, la considero una jugada en extremo peligrosa, una operación semejante no puede ser de coalición forzada, no puede ser precipitada, y sobre todo debe esperar por Colombia y Brasil, países que se van a encontrar pasando por trámites nada fáciles, esto también lo expliqué un poco en mi artículo anterior y prometo extenderme más en el futuro.

Pero lo que más me preocupa en estos momentos es el asunto de las sanciones comerciales, desde luego, los EE.UU. no son los únicos que las están aplicando, hay otros países, comenzando por los de la Unión Europea que las aplican también, y todos las ahondarán porque Maduro seguramente no responderá a las exigencias.

Aun así, me preocupa especialmente el rigor sancionatorio de los EE.UU. por una razón: podrían terminar por incurrir en un error histórico, el “error epocal” que espera el enemigo.

Hablo de la conversión de este conjunto extremo de sanciones, en el “bloqueo”.

El bloqueo lograría la igualación de la épica castrista con la chavista, y al régimen de Nicolás Maduro le estarían sirviendo en bandeja una medida en la cual los cubanos son maestros consumados, de paso, el bloqueo sería la justificación perfecta que necesita Maduro, para pedir ayuda humanitaria a los “países amigos”.

Recuerden que un eventual bloqueo de los EE.UU. es algo nada difícil de prever, por lo tanto, un enemigo especializado en este tipo de crisis como lo es el castrismo, ya lo debe tener ampliamente “encajado” en sus planes.

Al luchar contra una tiranía, el peor error que podemos cometer es ser predecibles.

Fidel Castro era un maestro de las crisis, y Maduro es un producto perfectamente acabado del castrismo, un ejecutor a sangre fría muy bien preparado que conoce la arena internacional, y no ha perdido ocasión para permanecer en contacto con todos sus aliados, algo que ha cuidado mucho, y sus incontables viajes dan cuenta de esto.

Maduro "el burro", el “maburro” siempre subestimado, cuando no objeto de burla.

¿Quiénes podrían responder al pedido de ayuda? Como voy a quedarme en el vecindario voy a dar dos ejemplos: México y Uruguay, estos países podrían estar de primeros, ya tienen intereses establecidos con Venezuela en exportación de alimentos, son de paso países con bastante “simpatía” en el continente ¡y que casualidad! ya se han ofrecido como mediadores.

¿Alguien se atrevería a bloquear esta ayuda humanitaria entre países “hermanos”?

¿Algún país latinoamericano podría ponerse en el plan de impedir el desembarco de esta ayuda pedida por un país bajo bloqueo de los gringos? Recuerden que en latinoamérica el sentimiento antiestadounidense es fuerte, es persistente, es mayoritario, y con Trump se ha exaltado.

¿Y si los "gringos" se entrometiesen impidiendo la ayuda, con un bloqueo naval?

El escándalo mundial.

Desde luego los EE.UU. podrían extorsionar, podrían presionar a Uruguay por ejemplo, ¿pero podrían hacerlo con México?

¿López Obrador se echaría para atrás? o sea ¿se alinearía con Trump, con el del muro? Aquí el cálculo de AMLO podría ser por partida doble: el primer cálculo pasa por la necesaria reelección de Trump para consolidar la “dialéctica mural” que necesita para su épica, y para adivinar el otro cálculo, averigüen un poco sobre la popularidad de Trump en México.

Cuidado y Trump nos construye el otro bloqueo histórico y el otro muro histórico…

El meollo de las sanciones

El meollo de las sanciones comerciales es algo relativamente simple y me sorprende que muchos "analistas" no lo expongan debidamente en sus rodeos explicativos: las sanciones para ser realmente eficaces deben aplicarse a un país aislado internacionalmente, o en creciente proceso de aislamiento, este es el caso por ejemplo, de lo que está pasando con Irán, nación que desesperadamente busca evitar esta situación, y no pareciera estar lográndolo, con las únicas excepciones importantes de Rusia y China, las cuales a su vez deberán meditar hasta qué punto se seguirán comprometiendo, especialmente cuando las naciones europeas inevitablemente cedan a la presión de los EE.UU.


Este no es el caso de Venezuela de ningún modo, por más que se intente resaltar el notable apoyo multinacional conseguido por Juan Guaidó y la Asamblea Nacional. Ningún “país hermano” del Estado chavista ha abandonado a Nicolás Maduro, y dudo mucho que lo haga, a lo sumo se pedirá una “salida dialogada” con gran cinismo, y esto es lo que está planteado, sobre todo porque la identificación Trump-Guaidó como “binomio”, seguramente no le caerá bien a nadie en Latinoamérica y en Europa, pueden apostarlo.

Por último, y como corolario obvio de lo anterior, de no lograrse este aislamiento de forma efectiva, se corre el riesgo de radicalización, y de terminar de arrojar al país infractor a los brazos de enemigos más poderosos, con la muy posible agravante de provocar un despertar de “conciencias humanitarias” o “solidarias”, en muchos otros países que no simpatizan con EE.UU. y menos aún con Donald Trump.

 [1] “Tareck el Trumpeado”, artículo de 2017 https://federicoboccanera.blogspot.com/2017/02/tareck-el-trumpeado.html

[2] “23 de enero, la historia se repite como farsa”, el artículo anterior a este http://federicoboccanera.blogspot.com/2019/01/23-de-enero-la-historia-se-repite-como.html

miércoles, 23 de enero de 2019

23 de enero, la historia se repite como farsa (La Farsa, episodio 1)


En 1868, veinte años después del asalto al congreso, vuelve José Tadeo Monagas, el Chávez del siglo XIX sobre todo por su sumisión al resentimiento y al odio. La anomia que esto crearía, según Jorge Olavarría [1], la resolverá temporalmente Antonio Guzmán Blanco, pero su sistema modernizador comenzará de nuevo a decaer a partir de 1892 para provocar otra anomia, que solo se resolverá en 1898 con la creación e irrupción de un nuevo ejército, el ejército restaurador tachirense.

Y el camino a la libertad de 1898 a 1958 requirió 60 años y un "incidente" importante a mitad de camino, 1928, constituido ni siquiera por una minoría: eran cuatro gatos.

Si ha ocurrido algún "cisne negro" en nuestra historia es “la generación del 28”, eso es lo que debería volver a ocurrir antes que nada.

¿Qué pasará?

¿Que podría pasar hoy 23 de enero de 2019? me lo han preguntado demasiado y en la medida de lo posible, he evadido la respuesta.

No soy vidente, me ha costado mucho sacarme el "ansia predictiva" para poder trabajar con alguna pretensión de seriedad, intentando aprender a distinguir entre capas de información, desinformación y ruido, en un mundo donde hay lavado de cerebros y lavado de la realidad.

Tengo un conocimiento y una percepción, si cuadran lo señalo, si no cuadran me aparto y me pongo a estudiar. El solo trabajo de ponderar lo que percibo es ya bastante, transformar una percepción en evidencia es un proceso de alto riesgo.

Aun así me arriesgaré, si me equivoco será porque lo merezco ¿no creen?

La hoja de ruta

Aquí lo primero que debería señalarse es que el papel que jugará la Asamblea Nacional y su presidente manchuriano Juan Guaidó, ya fue debidamente explicado y difundido en algo que llaman “la hoja de ruta”, a la cual denomino “la hoja de ruta nicaragüense”.

Invito a mis lectores a investigar la historia del poder en la Nicaragua liberada y reconstruida por la revolución de 1979, la ruta de Daniel Ortega a Daniel Ortega en 22 años, con sandinismo originario y derecha “Liberal Constitucionalista” como rellenos suculentos.

El método nicaragüense es perfecto: robó, repartió, y permitió la alternabilidad, incluso con su “enemiga” la derecha. Incluye revolución, transición, elecciones, dictadura, pluralidad, revueltas, represión, urnas para votar y para muertos, un paquete completo, insuperable.

El episodio resistente

La resistencia, de llegar a sentirse traicionada una vez más “por los políticos”, podría desatarse en furia insensata de autoasedio autodestructivo, con planes esperpénticos de tranca y guarimba mil veces descritos al enemigo, con mandos infiltrados hasta los tuétanos, con reservas logísticas mínimas para su autonomía, con todas las líneas de abastecimiento vital y de comunicación en manos del enemigo, es “la resistencia suicida” que ya describí en 2017. [2]

Resistencia cuyas acciones no obtendrán apoyo de la “legítima Asamblea Nacional reconocida internacionalmente”, ergo, tampoco la apoyará Mr. Pence (ni ningún otro).

Si no lo creen, es que entonces no han escuchado las advertencias de Juan Guaidó contra los “violentos”, a los cuales de paso, agrega las calificaciones de “frustrados” y “arrebatados”.

(a partir del minuto 7:37 en el video cortesía de VPI TV)




Aquí no ha pasado nada

Y pudiese no pasar nada, hoy mismo o al cabo de unos días de caos, muertes heroicas de radicales (también radicales chavistas, cuidado con esto) y desgaste autoinfligido, quizás este sea el plan maestro, un plan de demolición de las ilusiones que ya se está alimentando con frases criminalmente irresponsables como “Venezuela un río crecido”, “esta vez es distinto y tú lo sabes”, “ahora o nunca”, “dios con nosotros”, frases equivalentes a las que sirvieron de marco épico a las matanzas de 2014 y 2017, y que siguen siendo proferidas, por no otra cosa que ambiciones candidaturales de apetito inextinguible.

Por último, meternos en una agenda aérea de gobiernos paralelos, sea en el interior o en el exterior, solo sirve a élites atemporales re-empacadas con “nuevo diseño”, que desean enchufarse o re-enchufarse, y esto está tan claro que por respeto a la inteligencia no lo explicaré.

Lo que si explicaré del modo más sucinto posible, es el escenario “transición comenzando hoy mismo”, pero lo haré más adelante.

La repetición del mal es lo siniestro

Dentro del drama lo verdaderamente trágico, hasta el grado de sino maldito, es que siempre nos montamos sobre agendas que no son nuestras ni nos convienen y con goce las reforzamos, y lo peor de lo peor, algunos incautos intentarán meterse como cuña entre la agenda del chavismo de Estado y del chavismo de oposición, en otras palabras, nos meterán, con o sin cálculo, en la posición perfecta para ser aplastados.

Y aquí el papel de los medios será decisivo para llevarnos de la mano a la trampa, basta ver cómo abordaron la insubordinación en el comando de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de Cotiza, evento que se describe una vez más sin explicar lo importante, lo crucial, por ejemplo, que las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y la GNB son fuerzas armadas con asignaciones teatrales que obedecen a un guion político que puede variar a conveniencia del Estado, el FAES (los malos esta vez) son los que intervienen en Cotiza, limpiándole la cara a la GNB (los buenos esta vez), de forma que los periodistas del sistema puedan alimentar la leyenda de un supuesto apoyo soterrado de los mandos superiores hacia los sublevados, una operación de “pulitura” previa a la eventual salida de los militares a la calle para restablecer el orden, “el hilo”, la ruta a la fiesta democrática, y por lo tanto la ruta de vuelta “al legado”. ¡Fuera Maduro y que viva el ejército libertador!

Mientras tanto, el control social en desarrollo en manos del “pranato” y otras emanaciones “colectivas” del hampa organizada y del crimen organizado, constituye la ruta de “guerra zamorana” hacia el Estado policial, el Estado de terror, esa función no la ejercerán las fuerzas armadas, ellas deben preservarse de esas bajezas.

La fuerza armada oficial en cambio se encargará de controlar el orden público, p.ej. cuando algún sacudón promovido por las otras fuerzas armadas se active a conveniencia para justificar avances, cambios o “rupturas” en el Estado chavista, recuerden, las fuerzas armadas siempre deben aparecer como las salvadoras.

HELP!

Ante todo esto ¿qué país con dos dedos de frente se va a meter en esta trama post-bananera de narconación de mafias, maras, terroristas y clase política 99% socialista?

A los Estados Unidos le basta reconocer a Guaidó y a la “AN legítima”, y su impecable e inobjetable hoja de ruta, efectivamente, ya lo han hecho y con eso ya los han atornillado (no por nada el régimen permitió el triunfo de esta asamblea “opositora”).

No se van a meter en un país donde régimen y oposición apoyan a la fuerza armada, la reconocen como poder (el poder), le garantizan impunidad por ley y la invocan a cada rato.

No se van a meter en un país donde los políticos, todos chavistas de conveniencia en diferentes grados, no ven la hora de pactar una transición y una ruta electoral. (Recuerden, el futuro Estado comunal con población totalmente dependiente del Estado, es el sueño húmedo de todo político rentista-populista).

Además ¿qué es lo que al fin y al cabo pide EE.UU.? pues ¡Fuera Maduro!, no pide más…

Los EE.UU. en sus "proxy-wars" contra el comunismo especialmente durante la “guerra fría” siempre usaron militares y lumpenburguesías, y debe decirse que salvo en Cuba y en Vietnam, el juego les salió bien.

El problema es que Castro, Ortega y el Foro de Sao Paulo tomaron nota, varias notas, especialmente después de Allende, y aprendieron a trancar ese juego. Es la tranca que vivimos.

Donald Trump no se desviará de su alergia al intervencionismo, de su America First, de salirse de los teatros para poder actuar con menos presión, más libertad y más practicidad desde afuera, tal como piensa hacerlo con Siria, y alimentar por los momentos sus “proxy wars” del siglo XXI con ventas de armamento si es posible. En todo caso no hará nada diferente mientras no sea reelecto, mientras no pueda ser un “Trump 2.0”.

No se va a meter Colombia que deberá escoger entre narcopaz y guerra, además nunca podría movilizarse sin asegurar antes su retaguardia, dicho de otro modo, no se moverá mientras Colombia y Venezuela sean un único territorio, sin frontera desde hace décadas, para toda suerte de fuerzas irregulares y terroristas.

No se va a meter Brasil, a Bolsonaro lo esperan sus “12 fatigas” en un país que es subcontinente, incluso más variado que el continente que lo rodea. Quien le pide a Bolsonaro ocuparse de lo externo, incluso como prioridad, no ha entendido lo que la palabra "extensión" significa en Brasil.

Aquí no se va a meter nadie, sin Estados Unidos dando antes la luz verde y mostrando voluntad de acción concreta en esa dirección. Entonces, ¿podría hacerse algo mediante “encargo hemisférico” a Brasil, como lo han insinuado algunos "analistas"? El pequeño problema que le veo a las "encargadurías", es que solo se otorgan después de concretados y establecidos ciertos negocios, y a un volumen satisfactorio (más aún con Trump). Los encargos, son una sociedad.

La transición YA

Ya lo he explicado en artículos anteriores pero toca machacarlo.

Nicolás Maduro fue asignado para cumplir con una misión: ejecutar a sangre fría la etapa "impopular" de la planificación del Estado chavista, rumbo al Estado comunal, Estado que tendrá dos sistemas o circuitos económicos (comunismo versátil).

Como consecuencia Maduro deberá concentrar y cargar con el costo político, esto es crucial para poder escenificar "la vuelta del legado de Chávez", la superación del horror, la instauración del chavismo pacifico-democrático-constitucional con las fuerzas armadas intactas, y posiblemente en el rol estelar de libertadoras, en otras palabras, estoy describiendo la “re-seducción” de la cual Aura Palermo siempre nos habla.

Maduro no está para meterse en peleas de bandos o facciones, no está para crear su propio grupo o tendencia, no está para ser popular, ni para ser amado, y lo más importante, no puede decidir nada sobre su permanencia o su final. Él sabe que deberá cargar su destino a cuestas sin chistar, el fardo del revolucionario.

Una vez que cumpla su misión, será despachado, si alguna certeza puede existir es esta.

La creación del “madurismo”, algo que no existe, de “Maduro el traidor”, y al final del “Fuera Maduro”, son obras maestras de La Habana.

¿Quién lo decidirá? ¿lo decidirá Cuba, la Fuerza Armada, el “Foro”, los socios internacionales del Estado? Eso no se podrá saber hasta que ocurra, aquí lo que interesa es quién ejecutará su salida simulando autodeterminación civil, y activará la transición.

¿Eso podría comenzar hoy?

Difícil saberlo, aunque depende de algo obvio que desde hace dos años se ha expresado en posicionamientos “públicos y notorios” del propio chavismo, pero aún no sabemos cuál puede ser el grado de urgencia a nivel del Estado, solo podemos sospecharlo.

Hay chavistas impacientes, “chavistas críticos”, de oposición y de revancha, y hay chavistas de Estado, chavistas con sangre fría que saben que Maduro antes debe cumplir la ruta impopular, en otras palabras, debe cumplir con una planificación, la del Proyecto Nacional Simón Bolívar que de todos modos tiene una fecha límite: 2021.

Entre los chavistas impacientes están sobre todo civiles, están todos los del “chavismo originario”, del “chavismo crítico” y del “chavismo democrático”, está la fiscal Luisa Ortega, está Rafael Ramírez, está José Vicente Rangel (que no quiere morir sin ver el final) y hasta Elías Jaua no anda tranquilo, y a este grupo de hienas deben sumarse todos los chacales del chavismo de oposición MUD-FA (Mesa de la Unidad Democrática y Frente Amplio), cuya definición final solo espera por el anuncio de megaelecciones convocadas por la Asamblea Nacional Constituyente, por la Asamblea Nacional, o por ambas (quien lo haga no importa, los militares al apoyar a quien sea marcarán el rumbo), elecciones donde en forma variopinta, todos se alinearán a la promesa de "la vuelta del legado" para captar a la masa, así culminará la peronización de la micropolítica venezolana, la verdadera UNIDAD.

Entre los chavistas de Estado (del Estado Venecubano) que insisten en no precipitar los tiempos, deben estar chavistas castrenses y chavistas castristas, pero sobre todo los realmente subordinados a La Habana, encabezados por el verdadero segundo de a bordo, prevenido al bate para cualquier eventualidad: Tareck el Aissami.

No hay dualidad de poderes, no hay guerra de posiciones, podría ocurrir una simulación de crisis orgánica, pero no hay poder alterno, ni situación pre-revolucionaria, porque toda la fuerza está de un solo lado, en la Fuerza Armada. Es la diferencia con 2002, un cambio que se desarrolló a partir de las lecciones que aprende Hugo Chávez del 11 de abril: generales en encerrona privada, en casa (como debe ser) contando con muchísimo cuidado los cañones conforme la discusión avanza, y los civiles mientras tanto, en su "bochinche", en su incapacidad permanente de servir de algo.

Resumiendo

¿Un golpe militar contra un régimen militar? La Fuerza Armada podría sufrir fisuras, por parte de versiones militares del chavista impaciente, especialmente si hay caos, pero no “se van a caer a tiros entre ellos” a lo sumo pedirán una hoja de ruta más “rápida”.

La Fuerza Armada es el verdadero poder, inamovible e indisputable (soberano) y sus órdenes políticas en el ámbito civil deberían ejecutarse por medio del “suprapoder originario”, el regalito imperecedero de los constitucionalistas venezolanos civiles: la Asamblea Nacional Constituyente.

“Este es un problema que lo van a resolver los políticos. No es por la vía militar que se va a resolver […] los políticos venezolanos deben reconocerse, respetarse, dialogar y negociar para llegar a un acuerdo de convivencia”.

Vladimir Padrino López, 28 de mayo de 2017

Mientras tanto, por un lado tenemos a "la política" encerrada en su esfera cloacal.

Por el otro, "lo político", el conflicto en la sociedad, abandonado a su suerte.

Algo es seguro: el orden interno está atado, bien atado.

Y el orden público quedó listo para ser instrumentado por quienes tienen la fuerza, ya saben cómo promover “sacudones” o "caracazos" útiles a la causa. Hoy podría salir la Fuerza Armada contra los “violentos, frustrados, arrebatados” (Guaidó). Hoy podría salir la fuerza armada del hamponato (esos sí podrían caerse a tiros entre ellos) y por lo tanto, además de caer “radicales” podrían caer chavistas. Hoy podría haber caos, tanto inducido como espontáneo.

Ante esto se supone que la “madurez política” podría repetir “el grito de Chúo” [3]:

“o dialogamos o nos matamos”

La historia del 23 de enero, repetida como farsa.

En el transcurso del año desarrollaré muchos de los temas planteados en este artículo. Solo queda recordar algo muy importante:

La guerra que nos hicieron ya la perdimos.

Toca hacer una nueva, no repetir la que ellos ganaron.

"Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad" Romain Rolland.

Nota: ¿Vieron que no me detuve en la eventualidad de Juan Guaidó como “presidente legítimo”? Lo hice porque quise concentrarme en lo importante, no en la escenificación teatral.

[1]: Al respecto consultar mi artículo de 2015 “Las Visitas del Delirio”

[2]: Al respecto consultar mi artículo de 2017 “La Resistencia Suicida” 

[3] "Chúo" es Jesús Alberto Torrealba, exsecretario general de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

  


jueves, 27 de diciembre de 2018

Y Así Nos Va Especial del 26 de diciembre de 2018 con Federico Boccanera

El cabillero Daniel Lara Farías conversa con Federico Boccanera sobre el lamentable estado de la libertad en el mundo, no solo en Venezuela.
¡No se lo pierdan!

lunes, 5 de noviembre de 2018

La cocción de los Estados Unidos a término medio

“Midterm” o elecciones a término medio

Comencemos informando a los lectores que las elecciones a medio período o midterm no solo escogen a miembros del congreso, se trata de unas elecciones de rango general en donde se eligen 34 gobernadores de estado, en muchos casos con sus respectivas asambleas, y también algunas alcaldías.

En un país realmente federal como lo son los EE.UU., desde luego que la elección de gobernadores es muy importante, y el esfuerzo de campaña puesto en ellos lo comprueba, pero es en la elección de miembros del congreso donde se concentra el interés de los analistas políticos, por su influencia directa sobre el gobierno central. En este tipo de elección la totalidad de la cámara de representantes y un tercio de la de senadores es renovada. Lo que explica también, porque es más probable que los vuelcos políticos del partido opositor de turno ocurran en la cámara baja.

Encendiendo la brasa

Estas elecciones ocurren en un momento especial, entendiendo por especial, su alejamiento de la “normalidad” vivida en los EEUU al menos en los últimos 40 años, y que solo los atentados del 11 de septiembre de 2001 tuvieron el suficiente impacto para alterarla.

Cuando hablamos de períodos de normalidad o de paz en los EE.UU. debemos estar atentos porque no siempre la situación ha sido así, en el siglo XIX el país tuvo que enfrentar la carnicería de la guerra de secesión, cuya impronta aún sigue viva en muchos estados, digan lo que digan, y en el siglo XX ni hablar: apartando las guerras mundiales, se debe reseñar la gran depresión de los años 30 a raíz del crack bursátil de 1929, y desde luego, lo que les tocó vivir en los años sesenta, y en ese período vamos a hacer hincapié porque de algún modo podría repetirse, esta vez como resultado de una dinámica controlada por ciertos factores, que tanto este servidor como Aura Palermo hemos estado estudiando desde hace tiempo, lo cual nos lleva a concluir que podría estar en desarrollo una situación de conflicto interno creciente en donde pareciera que se está haciendo de todo, de lado y lado, para ir hacia una escalation como la de los años sesenta.

¿Recuerdan los años sesenta en los Estados Unidos? si por alguna razón no los recuerdan, los sesenta fueron la década de los asesinatos de John Fitzgerald Kennedy, Malcolm X, Martin Luther King y Robert Kennedy, la década de Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles y Vietnam, la de los disturbios raciales no solo en el “Deep South” sino en grandes ciudades como Los Angeles, New York, Chicago, Detroit, Washington, fue la época de las “panteras negras” y del black power en todas sus salsas retando al sistema, época de “fresas de la amargura” con rebelión estudiantil y universidades en operativo policial, de liberación femenina y revolución sexual, de contracultura, psicodelia y alucinógenos. En un estado como California “convivían” Charles Manson, pacifistas, hippies, Ku-Klux-Klan y Black Panthers. En los años sesenta el ejército de los EE.UU. no solo intervino en Vietnam sino en muchas calles de muchas ciudades americanas, y pasó trabajo.

Los años sesenta para muchos “ciudadanos normales”, representaron una “época de fin de mundo” donde todos los valores se iban perdiendo y todo cambiaría para peor, sin embargo, el país aparentemente superó el apocalipsis y ya en la década de los ochenta con Reagan todo parecía un lejano recuerdo. En realidad, las cosas siguieron igual, porque nunca hubo una resolución convincente, definitiva, capaz de superar cierto estado de cosas, solo hubo una tregua, un armisticio, el “American Dream” seguiría siendo una cuenta pendiente en muchos sectores y niveles de la sociedad, que se podían anestesiar aumentando la dosis de consumo y crédito fácil en la ecuación del “American Way of Life”.

Los que creen que los Estados Unidos andan mal, no tienen idea de cuán mal se podría poner la cosa -en términos más que palpables- de seguir la exacerbación de los ánimos en plan de caos políticamente aprovechable, y existe un precedente ominoso en esos años sesenta, y en el país de la guerra de secesión cien años antes, el país de las tensiones internas permanentes (no solo raciales) que forman parte de su historia, que han moldeado su historia.

Por eso cuando en los EE.UU. se habla de instituciones y de su solidez y estabilidad se habla muy en serio, y la preocupación es grande, porque su historia no es la de una nación de perenne paz interior, se trata de una nación que ha sido embestida internamente hasta por su bolsa de valores en 1929, generando crisis, desempleo, pobreza y hambre, hasta un punto que fue aprovechado para la aplicación de cierto "socialismo" (keynesianismo) en receta “New Deal”.

La situación actual donde nos encontramos con tiroteos a cada rato, francotiradores, lobos solitarios, linchamientos morales, una dramatización mediática de agitación y propaganda desbocada y asfixiante, y la función teatral de la caravana-cruzada para recuperar tierra santa al norte de la frontera, escénicamente balanceada por la movilización del ejército para levantar "el muro" en versión militar.

Se podría decir que estos son los ingredientes, algunos en farsa, otros en drama, de una cocción que todavía se encuentra a término medio, en el país occidental donde el terrorismo de matriz interna hace más víctimas que en ningún otro, el país donde el Estado renunció al monopolio de la fuerza permitiendo que millones de ciudadanos conviertan sus hogares en arsenales, el país donde al fin y al cabo, el warfare (Estado de preparación continua para la guerra) predomina sobre el welfare (Estado social de bienestar).

Desarmar la bomba de tiempo

Hay algo que debería ser tratado con sumo cuidado, y es la cuestión de la guerra que se ha desatado desde toda trinchera contra Donald Trump y las posibles consecuencias que esto podría traer. Sacarlo del poder a como dé lugar, podría desatar demonios que no sabemos si han sido debidamente identificados y ponderados, sobre todo porque la hipótesis de conflicto civil en la sociedad estadounidense no puede ni debe descartarse nunca, menos aún si observamos lo que ha pasado en los últimos años, especialmente a partir de la administración Obama en donde comenzó a hacerse visible una descarada obra de manipulación y polarización (que Trump lamentablemente no desactivó, todo lo contrario, al nunca volverse políticamente transversal).

A esto súmenle la reacción que ha aflorado en otro sector de la población, ese que algunos denominan el “proletariado blanco” (aunque mucha burguesía, no solo pequeña, entra en él), sector mayoritario que tiene a Trump como su mesías. Sumen todo esto y sabrán que se ha instaurado una “dialéctica” que de no ser detenida, o por lo menos atenuada, podría llevar a la confrontación y la fractura, y es obvio que pareciera que ambas partes actúan como si guerra quisieran, como sabiendo que la mecha ha sido recortada y la carga bélica reforzada, de hecho, la caída de Trump ya podría contar con una narrativa lista para ser usada: “no lo dejaron gobernar, lo sabotearon sin piedad, la guerra contra Trump, es realmente contra nosotros” ¡cuidado! porque este relato coincide con la tipología de la “puñalada en la espalda”.

Por otro lado y lejos de las trincheras en donde siempre se ubican los radicales de todos los bandos, el ciudadano común, ese que conforma la gran “mayoría silenciosa” a la cual se refería Nixon, tiene como sana tendencia histórica “repartir el poder” entre ejecutivo y legislativo, y la ocasión siempre se ha presentado en las elecciones a medio período. Es así como en más de una ocasión, la oposición ha reconquistado el congreso a mitad de camino, es algo que colectivamente se percibe como “bueno para la democracia” porque implica el cumplimiento del sistema de “pesos y contrapesos” diseñado por los padres fundadores (inspirándose en los ingleses).

Esta posibilidad está planteada, en el pasado la oposición ha sido capaz de remontar los escaños necesarios para acceder al control de alguna, o ambas cámaras del congreso, incluso con desventajas superiores a las actuales. En esta oportunidad, los expertos comentan que es posible que Trump conserve su mayoría republicana en el senado pero podría perder la cámara de representantes en pos de los demócratas.

He aquí el punto más interesante que plantean estas elecciones, y no es otro que el de la “gobernabilidad en Washington”, pero en su vertiente actual, de gestión entrabada por una dinámica extremizada de batalla política por la “hegemonía sobre el imaginario”.

Una derrota del partido republicano, por ejemplo en la cámara de representantes, podría ser una catástrofe para Trump en el sentido de los obstáculos inamovibles que podrían ponerle a su accionar, aunque también, y con cierta dosis de cinismo, podría verse como una buena noticia para quienes refuerzan la narrativa del saboteo contra su gestión, algo que dada la habilidad comunicacional de Trump hacia su electorado no debe subestimarse. Obviamente si esto llegase a plantearse así y el “Trump víctima” cobrase aún más popularidad, algo nada descartable dado el clima político, las posibilidades de impeachment para impedir que llegue al 2020 podrían aumentar, para “cortar por lo sano” e impedir una repetición de la sorpresa de 2016, aunque semejante operación podría encontrar un obstáculo insuperable si Trump conserva su mayoría en el senado.

El primer reto de Trump hacia el 2020

Los mercados realmente no andan tan bien como se pregona, han ocurrido "baños de sangre" que no trascienden a la opinión pública, solo se cuela como información al pueblo la crecida de la economía y del empleo (pero sin ningún cambio estructural en el aparato productivo, por lo tanto, hablamos de una prosperidad inestable a medio-largo plazo), y en cuanto a la “guerra comercial”, mientras dure lo suficiente para provocar alguna emergencia oportuna que justifique, no las debidas rectificaciones, sino tomar “medidas de rescate” que permitan seguir con el trend global de emitir deuda como si no hubiese un mañana, esto podría hasta contar con el soterrado apoyo de esas mismas élites (dominantes) que se supone deberían estar sufriendo por los embates de Trump (podría apostar por esto a ojos cerrados).

Esto es así, y explica por qué nunca se han tomado las medidas de desahucio e higiénicas que deberían haberse aplicado desde la crisis de 2008, y la razón es simple: no se puede cambiar nada porque el sistema económico basado en emisión, deuda y alcahuetería bancaria global se ha cristalizado, intente usted hacer algo sensato y la estatua hueca de cristal finísimo estallaría, y las astillas dañarían a todos, incluso a quienes provocan los ciclos económicos adrede para prolongar la prosperidad de "deep states", corporaciones, especuladores y bancos.

Los antitrumpistas que se cuiden

¿Estarían los antitrumpistas dispuestos a seguir con su obra de demolición, pase lo que pase en las midterm? Bueno, aquí la pregunta no se le debería hacer a ellos, sino a los lobbies, grupos y capitales que dictaminan y sustentan sus agendas, porque para nadie es un secreto que hay sectores del partido demócrata que no están tan interesados en ahondar la conflictividad, sino más bien volver a prácticas de oposición más sensatas (y responsables), estos sectores desde luego no cuentan con el apoyo de la fracción elitista-globalista de Clinton-Obama, ni con la tendencia abiertamente socialista de Sanders, sectores que esperan lograr un gran avance en estas elecciones, en este sentido, las midterm podrían decidir el futuro del partido demócrata, un futuro seguramente conflictivo.

Desde luego, la vuelta de un partido demócrata no dispuesto a la diatriba, al insulto, al dogfight escénico y a la polarización estridente, es algo que en modo alguno podría beneficiar a un Trump que necesita como el oxígeno, alguien con el cual caerse a ladridos mediáticos sin los cuales, el personaje se podría desinflar entre sus hinchas, creemos que no hace falta explicar mucho esta parte.

¿Para cuándo el Trump 2.0?

El Trump 2.0, o sea, un Trump más “presidencial” y menos “personaje” podría no llegar nunca, sobre todo si su “naturalidad” le sigue dando tan buenos resultados ¿usted desecharía el método exitoso que le permitió llegar a la presidencia y reelegirse?

Sin embargo, algunas decisiones de cierta envergadura sobre todo en política exterior podrían representar la evolución a un Trump en versión 1.1 por los menos, especialmente si lograse retener un congreso que no fuese tan desfavorable, y eso sí, sin abandonar nunca su estilo gruñón e irritante de “primero asustar y luego negociar”.

(Por cierto, la aplicación machacona de ese método es una de las pocas cosas realmente predecibles del personaje, y lleva siempre a que mucha gente se equivoque de lo lindo de buenas a primeras, como ha pasado todas las veces que lanza algún ladrido contra Maduro).

El énfasis en contra de Irán seguirá aumentando, porque pareciera que se ha convertido en el meollo de su política exterior, indudablemente por obra de la poderosa influencia de Arabia Saudita e Israel (Wahabismo-Sionismo, invariable desde los tiempos de Clinton). Otras cuestiones, como las tensiones con China y con Rusia dependen de demasiados factores que ameritarían un trabajo especial bastante extenso, en otra ocasión.

Con respecto a Venezuela, en trabajos y artículos anteriores hemos apuntado que esto dependerá sin duda alguna de su reelección, por tratarse de una materia de ámbito “latino” que en los EE.UU. es sensible y tiene su importancia (aunque no tanta como la sobrevaloración sistemática que se hace de ella en los medios hispanos). Una intervención en Venezuela nunca podría ser unilateral, y por lo tanto depende de “cuadres” que llevarán su tiempo y deberían insertarse en una nueva política de seguridad hemisférica, que requerirá de todo menos precipitación, sobre todo porque factores cruciales como Duque en Colombia y Bolsonaro en Brasil todos se encuentran o se encontrarán por un tiempo, enfrentando prioridades internas de cierta gravedad, y Trump se encontrará fajado en su campaña electoral permanente, interesado más en ser un “Trump 2020” que no “2.0”.

[1] Artículo publicado originalmente, el 5 de noviembre 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

Alerta sobre Brasil: ¡Fascistas en Copacabana!



Ante la inminencia de las elecciones en segunda vuelta para elegir al próximo presidente de Brasil, el equipo editorial de La Cabilla presenta un trabajo especial tal como ya hizo en los casos de las recientes elecciones presidenciales en Colombia y México.

Bolsonaro, el “facho brasileño”

¿Es Jair Messias Bolsonaro un “fascista de ultraderecha”? la calificación de entrada es risible porque para ser fascista antes que nada hay que ser socialista, sobre todo ferozmente antiliberal, que es exactamente lo que Bolsonaro no es. Sin duda, es nacionalista y buena parte de su discurso moralista-cristiano cuadra perfectamente con la categoría de conservador, pero al no ser un “antiliberal” convicto, tampoco puede ser considerado de derecha, si fuese un candidato de derecha pediría “mercado justo” no pediría “mercado libre”, que es algo muy pero muy distinto (y que lo haría semejante a Donald Trump).

Bolsonaro es nacionalista, es cristiano, y al parecer, es liberal (algo que está por verse) cualidades que no son excluyentes, a pesar de lo que pudiese alegar un “europeísta” de esos que malignamente afirman que nacionalismos y mercados libres son incompatibles. De todos modos y de no llegar a comprobarse el liberalismo de Bolsonaro (más bien de su equipo de gobierno) tanto la acusación de fascismo como de extrema derecha seguirían siendo insustentables, porque lo más probable es que todo termine en un gobierno más bien socialcristiano, con acento conservador sin duda, pero nada parecido al fascismo con el cual se pretende aterrorizar a los ignorantes.

Llegados a este punto, vamos a aclarar que el discurso personal de Bolsonaro (más allá del que desaprueba en bloque y con obvias manipulaciones, la agenda progresista de la izquierda internacional) no puede agradar sino a fanáticos de cierto discurso, ese si ultra-radicalizado y de por si ínfimamente minoritario, hasta en Brasil. No estamos hablando de un candidato ideal (¿existe?) de hecho, en otras circunstancias, en circunstancias normales, este discurso sería inaceptable, y en una elección “normal” en un país “normal” Jair Bolsonaro no habría pasado de ser un candidato excéntrico derrotado en primera vuelta, y con votación entre los colistas.

Para ponerlo de otra forma, el discurso homofóbico y machista de Bolsonaro no fue el discurso que “prendió” entre el electorado brasileño (todo lo contrario), en cambio el discurso de lucha, incluso de lucha violenta y sin cuartel contra el hampa, ese sí obtuvo máxima receptividad, una entusiasta receptividad. El pretendido discurso racista, tan amplificado por la prensa local y mundial, en un país como Brasil y de haber sido cierto, o de haber sido asimilado así por la población, ha debido ser su condena irremediable, pero no fue así, y basta ver el mapa de votación en la primera vuelta para saber que la distribución no fue exclusivamente la de un “país blanco” votando por Bolsonaro.

Llegado a este punto es importante recordar que a pesar de una aplastante hegemonía cultural de izquierda, en Brasil siempre ha existido un sustrato conservador que no es minoritario (con la excepción del nordeste, sector que no por “negro” si no por ser ya un coto tradicional izquierdista, muestra una tendencia distinta).

Sin embargo, la histeria “antifascista” contra Bolsonaro ha sido muy fuerte, y medios de cierto prestigio en particular medios “mainstream” en Europa, se han zambullido en ella sin el menor pudor y en cierta forma han logrado su objetivo en la opinión pública, hasta el punto de enganchar por igual, a personas de comprobado cacumen como a los infaltables bobos universales que presumen de sensatez y equidistancia, sobre todo cuando no entienden algo. Menos mal que el “brasileño de a pie” si ha sabido diferenciar y establecer prioridades, que una vez más el primer mundo tardará en captar, quizás “por exotismo indescifrable”.

Los militares, un punto clave

Jair Bolsonaro es recordado en la fuerza armada brasileña como el que defendió el sueldo de los militares, en 1985 cesó la dictadura militar después de 21 años de dominio del poder político, y la democracia recién estrenada, o reestrenada, comete el error de castigar a los uniformados por donde más duele: por los salarios, en aquella época el entonces capitán Bolsonaro denuncia esta política en la prensa, y llega hasta el punto de planificar “atentados de protesta” contra el mismo ejército (lo cual da una idea del apoyo interno y el liderazgo que había logrado).

A raíz de una denuncia, Bolsonaro es puesto preso, dado de baja con degradación y con un expediente psiquiátrico, sin embargo, en instancia superior saldrá airoso hasta el punto de ser absuelto y ser reintegrado con el mismo grado de capitán, de todos modos y a partir de ese momento Bolsonaro no volverá a la vida militar y emprenderá en cuestión de poco tiempo, una ajetreada carrera política cuya descripción no es el objetivo de este reporte, pero que ya sabemos hasta donde lo ha llevado.

Aquí lo que queremos resaltar, es que el episodio da cuenta de un personaje, mejor dicho de una personalidad bien particular, que sin duda dejó una huella en la fuerza armada, huella de principios y determinación fuera de lo común más allá de toda sumisión y conformismo, algo que por lo visto los años no han logrado borrar, porque si hay algo de lo que no se debe dudar, es que si los militares desconfiaran de Bolsonaro, o lo hubiesen encontrado “inconveniente”, hace tiempo que hubiesen saboteado su trayectoria (desde luego en acuerdo con los políticos) especialmente durante esta fase “estelar” que ha protagonizado en los últimos tiempos.

Mientras tanto ¿qué ha pasado en todos estos años con los militares en Brasil? pues lo primero que se debe apuntar es que se han convertido en la institución más popular del país: según una encuesta de la empresa Datafolha de junio de este año, la fuerza armada cuenta con 78% de aprobación en cuanto a “confianza”, dato que contrasta con cifras en poco superiores al 30% para instituciones como los partidos políticos, el congreso nacional, la presidencia de la república y la prensa.

Pasa también que desde hace un tiempo muchos brasileños, hartos de la corrupción de su clase política y aterrados por el deterioro de su calidad de vida y en especial por la inseguridad, están pidiendo la intervención de las fuerzas armadas para limpiar al país de “políticos corruptos” y enfrentar a pandillas de narcotraficantes armadas hasta los dientes, clamor que se ha visto reflejado en sondeos de opinión donde se informa que más del 60% de la población, respaldaría que los militares “se expresen sobre la situación política”.

Ante esta situación, los militares no actuaron como la gente pedía pero si se pronunciaron: el comandante del ejército brasileño, general Eduardo Villas Bôas, afirmó en mayo de este año que “no existe la posibilidad de una intervención militar en la misma modalidad del período de la dictadura militar […] pero de todas formas, las fuerzas armadas, y el ejército, por el cual yo respondo, si eventualmente tendría que intervenir, será para hacer cumplir la Constitución, mantener la democracia y proteger a las instituciones…”

Pero antes, en abril, el mismo general Bôas en forma francamente insólita, había mandado un comunicado ¡por Twitter! que fue interpretado como una advertencia para el Supremo Tribunal Federal, ¿y qué era lo que decía el tuit? que “el ejército brasileño, comparte el anhelo de todos los ciudadanos de bien” y “repudia la impunidad”, en referencia más directa que indirecta, a la posibilidad de que el expresidente Luis Ignacio Lula da Silva quedase en libertad mientras cursaba su apelación por la condena que recibió por corrupción, decisión crucial para impedir que pudiese postularse nuevamente a la presidencia.

“Coincidencialmente” y a los dos días de este anuncio, el tribunal en decisión cerrada 6 a 5 confirmó que Lula debía seguir preso (y no podría ser candidato).

Pero ¿cuál podría ser el grado de conciencia del estamento militar -más allá de su comandante- como poder decisivo en esta hora? aquí los hechos hablan y los militares incluso antes de hablar ellos, tuvieron antes que salir a la calle, no a dar un golpe de Estado sino a combatir la delincuencia, y es que si de verdad existiese en la fuerza armada una “clase militar”, hace tiempo ha debido entender que si se debe actuar se debe hacer siguiendo el principio de “cuanto antes mejor”, y la lección ejemplar que han recibido es contundente, aún está viva, y consistió en la tardía respuesta que una democracia plagada de corrupción e incapacidad y en el súmmum del desprestigio, le dio a la situación de inseguridad que se vive en una ciudad inmensa y compleja como lo es Rio de Janeiro, en donde una criminalidad desbordada hasta el punto de protagonizar hasta 22 tiroteos diarios, obligó al gobierno central a militarizar la ciudad en forma indefinida y crear el Ministerio de Seguridad Pública en febrero de este año.

No cabe la menor duda de que Bolsonaro de llegar al poder, llegará con el apoyo y la muy posible participación “activa” de la fuerza armada, y por lo tanto llegará al poder con un suprapoder al que solo le faltará la cuadratura legislativa (que deberá resolver su equipo de gobierno) y llegará más que listo (porque así lo ha anunciado) para enfrentar las fuerzas del caos y la desestabilización que la izquierda, en sociedad con la criminalidad organizada, tratará de desplegar en algún momento. Se podría tratar de una situación inversa a la vivida en Venezuela donde el militar comunista Hugo Chávez llegó al poder para asaltarlo con el apoyo de “sus” militares, a los cuales potenció sin límite al otorgarles un radio de acción sin precedentes en el mundo moderno occidental, con la constitución militarista de 1999.

En este sentido se podría afirmar que el excéntrico, el egocéntrico, el deslenguado, el militar capitalista Bolsonaro, podría resultar el “anti-Chávez” por excelencia, y que la izquierda esta vez “se encontró con la horma de su zapato” (mejor dicho de su bota).

(Y los EE.UU. podrían tomar nota, si es que alguna vez se despiertan de su letargo geopolítico hacia Suramérica, algo que seguramente ocurrirá “por las malas”, pero no estaría de más mostrar alguna capacidad de anticipación real, y no solo de escandalización retórica para contentar a las comitivas de turno por Washington).

No es polarización, es radicalización

Esta no ha sido una campaña electoral normal, ni podría ser de otro modo, es una campaña en donde una porción importante de la sociedad desea con fervor digno de un mesías, que un preso por corrupción vuelva a ser presidente-redentor, y en el otro extremo, porque de extremos se trata todo esto, tenemos a un militar que amenaza con las armas a diestra y siniestra y que no conoce de la contención a la hora de expresarse, superando no solo la noción de “corrección política”, sino la más elemental sensatez.

Esto es como si Hugo Chávez estuviese compitiendo desde la cárcel de Yare con Donald Trump atrincherado en El Pentágono ¿locura? sí, definitivamente es locura y sus efectos son reales, en Brasil hemos podido observar un duelo de tribunales por liberar a Lula, y a Bolsonaro le propinaron una puñalada en pleno acto político, y tenemos a un Fernando Haddad al que solo le falta hacerse una cirugía plástica para ponerse la cara de su amo, acompañado en su fórmula para la vicepresidencia por una comunista militante, en cambio el vicepresidente de Bolsonaro, es un general de la reserva del ejército que defendió públicamente la necesidad de dar un golpe contra el gobierno.

Esto no es polarización, es radicalización, y por lo tanto se trata de un fenómeno más profundo, más irracional y por lo tanto más duradero, en otras palabras, algo que trasciende la contienda electoral, ergo, las elecciones no constituirán acto conclusivo sino episodio, posiblemente un preliminar.

En este contexto, el porcentaje que obtenga Fernando Haddad del PT (Partido dos Trabalhadores más toda la izquierda unida) será igual de radicalizado, y se trata de un porcentaje que en modo alguno debe ser subestimado, primero, porque podría tratarse de un porcentaje importante (en torno al 45% según sondeos) que celebraría desvergonzadamente que un hampón como Lula pudiese salir de cárcel y volver a tomar las riendas del país, y segundo porque esto significa que, incluso la izquierda moderada, tanto la laborista como la socialdemócrata, prefieren sumarse a un programa de caotización y desestabilización del país (y eventual reseducción de las masas) que enfrentarse a una cruda realidad: que a pesar de que no fueron engullidos totalmente por el PT de todos modos perdieron vigencia.

En Brasil, la escena está servida para el clásico péndulo, ante la perenne imposibilidad de unión o alianza de las fuerzas vivas de la sociedad civil, para enfrentar una situación que es de crisis y apunta directamente al estado de conmoción interna y al estado de necesidad.

En una democracia medianamente funcional lo deseable es la deliberación ordenada ante la ventilación pública de los conflictos en la sociedad, pero cuando se pierde la forma democrática porque su fundamento, la república, se ha convertido en una madriguera de oligarcas que secuestra la institucionalidad, en una “cosa privada” moralmente debilitada que es blanco permanente del desprecio público, el intento de rescate por la vía puramente democrática puede fracasar estruendosamente, es como tratar de pintar la fachada a punto de desplomarse.

Lo que se debe rescatar es la república, la ley, el orden, sus instituciones y sobre todo sus monopolios, el tratamiento del mal solo puede ser por cirugía, terapia e higiene, no se valen tratamientos tópicos.

Quienes desean impedir el desarrollo de una crisis que puede ser deseable en el sentido de “sanadora”, son los que siempre por aprensión, debilidad, arrogancia u oportunismo, fragilizan a una sociedad y comprometen seriamente tanto su metabolismo como su sistema inmune, y aquí los peores de todos, los verdaderamente malditos, son los que ante la necesidad de una cirugía, se quedan en la anestesia.

Esta crisis no es solo de Brasil, el auge de los populistas (de todo signo) es una reacción ante la cual analisiados incurablemente zoquetes, solo atinan a señalar una exasperación (precisamente el populismo) sin entender la causa, o peor aún, sin querer hacer el menor esfuerzo real por comprenderla, cayendo en meros rituales de virtue signalling (ostentación de virtud). Las situaciones de radicalización son de auge de los extremos y este auge siempre ocurre por desconexión y colapso de un centro político que cuando no se corrompe, o se estanca, se ensimisma tercamente en un narcisismo idealista y a la vez arrogante en donde “todos están equivocados” menos ellos por supuesto.

¡Es el comunismo estúpido!

Esto lleva una vez más, al manido discurso de la equidistancia, de la neutralidad, que es una variante presuntuosa de la corrección política, ergo, una forma más de censura, que la mayoría de las veces solo sirve para erigir altares individuales de pureza, la forma de evasión más cara a muchos supuestos intelectuales, pero que no sirve cuando lo que está en juego no es un torneo electoral sino una nación llevada al extremo por directa inoperancia o degradación de su clase política, más aun si se entiende que el juego tiene serias implicaciones no solo a escala local sino continental, y más aún si se comprende que en este juego, la “comunidad internacional” cuando no alcahuetea, no hace nada -o casi nada- para evitar la deriva final, o sea, la llegada al estado de necesidad que obliga a plantear el conflicto como única salida posible.

El actor Bolsonaro

La palabra “actor” significa “participante en una acción o suceso”, pero también puede significar “persona que interpreta un papel en una obra…” y el DRAE nos apunta otra acepción interesante: “persona que exagera o finge”.

¿Cuál de estas acepciones podría cuadrar con Bolsonaro? solo el tiempo lo dirá, porque lo electoral que es un arte escénica, obliga a la interpretación de un papel mejor aún si es exagerado o fingido, pero el poder exige más, y el poder debiendo actuar necesita tanto actores que ejecuten como actores que interpreten, en este caso, pueden ser actores tanto el titiritero como el títere, especialmente si el teatro es uno de operaciones.

Bolsonaro deberá enfrentar de entrada, un primer teatro de operaciones representado por un congreso más fragmentado que nunca, de cara a una exacerbación de la tensión social que requerirá la urgente construcción de un piso político, que a su vez permita apuntalar un nada fácil equilibrio entre confrontación y gobernabilidad.

Superado el acto siempre falso y teatral de las elecciones, muchas fuerzas “vivas” de la sociedad deberán moverse y ver bien hacia dónde lo harán, porque el no saber moverse en esta “bipolaridad” podría implicar la desaparición, especialmente para cualquiera que pretenda dárselas de “centrado”: cuando lo que está planteado es un péndulo, quien se quede en el centro podría ser derribado si no se aparta.

Y sobre todo porque el actual partido de Bolsonaro (el Partido Social Liberal, PSL, al cual se adhirió en enero) realmente no existe (como partido de masas), es un movimiento con tejido, incluso con tejidos claramente diferenciados: militar, religioso, conservador, pero sin órganos, necesita vertebración y necesita interfases, esto es algo que ocurre con frecuencia en la (casi) siempre difusa derecha, a diferencia de la izquierda y sus compartimientos fuertemente estructuralizados, comprometidos y militantes, muy claros, definidos y preparados en su “vocación hegemónica”.

Pero Bolsonaro y las fuerzas civiles y militares que lo apoyan en algo si están claros: van a dar la guerra, sobre todo porque saben que la izquierda la va a dar, hagan lo que hagan, no importa lo que hagan, y si dan signos de debilidad o de vacilación la ofensiva será aún mayor. No nos engañemos, aquí se trata de enfrentar al comunismo versátil del PT, del Foro de Sao Paulo y sus cómplices oportunistas, que siempre son los socialistas especialmente los “globalistas-progresistas”. No estamos tratando con un rival civilista, en una dialéctica por la definición y evolución de una nación, sino confrontando a enemigos de la nación, que desean cambiarla destruyéndola primero, y aplanándola después.


Artículo publicado originalmente como trabajo especial del equipo editorial de “La Cabilla”, el 27 de octubre de 2018 en su antigua página web (lacabilla.com).