lunes, 6 de junio de 2016

La Amenaza Castrista: de Venezuela para el mundo


Por Aura Marina Palermo y Federico Boccanera

“El socialismo totalitario no desapareció en 1991 con el colapso de la Unión Soviética, todo lo contrario, ha mutado…".

César Vidal

LA CAÍDA DE LA CASA VENEZUELA

La creciente agitación política, económica y social de Venezuela exige para su debido análisis, el reconocer que la posibilidad de comprender este contexto de extrema incertidumbre ya no depende exclusivamente de la aparente claridad de los hechos, ni de la cantidad de información que se reciba por medios periodísticos o ciudadanos, sino que depende, hoy más que nunca, de nuestra capacidad para integrar nuevas experiencias y crear nuevas perspectivas.

Cualquier persona que interprete el chavismo sólo como un movimiento político demuestra no saber casi nada sobre él. En este caso lo que no sabemos demuestra ser mucho importante que lo que sabemos o creemos saber. A menudo, lo racional es lo irrelevante, y nos distrae de entender que, en lo aparentemente irracional subyacen los verdaderos elementos determinantes que impactan la realidad.

Necesitamos con urgencia identificar y denunciar que lo que está pasando en medio del caos busca no solo materializar sino consolidar, el denominado "punto de no retorno" del comunismo castrista en Venezuela, y su expansión hacia latinoamérica y España mediante el plan denominado "Plan Nacional Simón Bolívar", ejecutado primero de la mano de Hugo Chávez Frías, en su rol de “mesías”, y luego por Nicolás Maduro en su rol de apóstol.

Contrario a lo que muchos piensan, aquí y en el exterior, lo que le ha pasado a Venezuela no es el resultado de políticas fracasadas de malos gobiernos: ha sido la ejecutoria de unos gobiernos del mal, si, así como lo está leyendo.

De entrada se debe anunciar en rigor, que esos gobiernos del mal no obedecieron solamente al dueto de marras, de hecho, son la obra de una trilogía en la que se debe incluir a Fidel Castro, más bien debería comenzar por él: el autor original, el verbo, el padre del mesías y protector del apóstol.

Todo comenzó, o más bien terminó de empezar, con la difícil situación económica que se venía gestando en Venezuela desde la década de los ochenta, que culminó en la supuesta amenaza al statu quo por parte de Carlos Andrés Pérez en su segundo período presidencial (1989-1993) de comenzar a desmontar el petroestado rentista, eso le ofreció la tan deseada oportunidad a Fidel Castro de intervenir y actuar con una eficacia que no había podido ni siquiera soñar, en los años iniciales de su conspiración contra Venezuela, en los años sesenta y setenta.

La incursión finalmente exitosa de Fidel Castro en el terreno político nacional se comenzó a visibilizar con su recibimiento entusiasta por parte de la intelectualidad y los medios, en la cumbre inaugural del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez en febrero de 1989, la cual precede en apenas 25 días al estallido social nacional del “Caracazo”, del cual mucho se duda acerca de su espontaneidad, al menos en su fase de desarrollo inicial.

El previsor Fidel Castro de 1989, ya había sido advertido por la mismísima Perestroika de que la isla “debería defenderse sola” (1986), es el Fidel que en medio de la festividad intelectual con la que es saludado y recibido, inicia la fase mediática, expuesta, de su intervención en Venezuela, y hablamos de “fase mediática” porque la investigación histórica da cuenta de que venía preparando y entrenando sus cuadros civiles y militares en el país desde mucho tiempo atrás, casi desde el mismo inicio de la democracia civil (1958), la cual coincide casi que exactamente en tiempos, con la revolución cubana (1959).

Luego de aquella oportuna incursión triunfante de Fidel por tierra venezolana, a los pocos días estallaría el Caracazo y pocos meses después vendría la caída del muro de Berlín, y al año siguiente, en 1990, da inicio la disolución de la Unión Soviética, la cual obligaría a Cuba a entrar en el “período especial”: sin duda alguna la peor crisis jamás vivida por el régimen castrista.

Y en 1992 se intentan dos golpes militares, y aparece Chávez.

Y en 1993 se logra por fin derrocar a Carlos Andrés Pérez.

Y en 1994, Chávez es sobreseído de su juicio militar en marzo y en diciembre aparece en La Habana.

Mientras tanto en el mundo, se festejaba la derrota del comunismo y se anunciaba el “fin de la historia” …

LA INVITACIÓN ES A NO SUBESTIMAR NADA, NI AYER, NI HOY, NI NUNCA.

El éxito electoral del Chavismo-Castrismo se logró gracias a las élites que apoyaron y fortalecieron el nacimiento del "Fenómeno Chávez" en todas las clases sociales. Chávez contó con el apoyo y financiamiento de importantes grupos y personalidades de la industria, las finanzas, los medios y la academia. Nunca en la historia electoral venezolana candidato alguno había podido disponer de tantos recursos, y de un apoyo intelectual, mediático y económico de tal magnitud.

Han pasado 17 años y ese imperdonable error inicial de subestimación del personaje, y de lo que él representaba como líder mesiánico de un proyecto de conquista, dominación y secuestro totalitario de la sociedad venezolana, es algo que está lejos de experimentar algún tipo de rectificación, pues ese error, en todo sentido, se sigue cometiendo en forma ya trágica, como si fuese la expresión de una fatalidad inexorable.

Lo que no se sospecha y se sigue sin sospechar, es de la existencia de un diseño preciso que ha guiado y ordenado todo lo que han sido estos años de chavismo, diseño de matriz castrista contenido en el “Proyecto Nacional Simón Bolívar” ya mencionado, y que no ha dejado de ejecutarse nunca, ni siquiera en medio de la “crisis provocada” de 2002 y con la desaparición física de Chávez. Plan integral, exhaustivo, que encuentra en una crisis inducida por años contra toda una nación, su herramienta de mayor eficacia para avanzar y consolidarse, sin haber encontrado hasta ahora una verdadera oposición deseosa de comprenderlo, enfrentarlo y detenerlo.

UNA IMPROVISACIÓN PLANIFICADA AL DETALLE

El Proyecto Nacional Simón Bolívar no es un simple plan de gobierno para un período presidencial, es la planificación a veinte años de cómo transformar al país con reservas de petróleo entre las mayores del mundo, en un estado totalitario Castrocomunista, el cual inicia su camino con la constituyente de 1999, en donde se diseña desde Cuba un instrumento de transición gradual para regir toda una etapa de revolución pasiva al comunismo. De allí que cada vez que uno observa a los "líderes opositores” aferrarse a la constitución bolivariana, se debe soportar la grima de ver con qué gusto se entregan a consagrar la primera muestra triunfante de la conquista chavista del poder, pues la primera trampa caza bobos de la revolución fue y sigue siendo, la Constitución del 99.

De allí en adelante, se ha ido avanzando sin prisa pero sin pausa mediante leyes habilitantes y un sin fin de reformas jurídicas, promulgadas casi siempre en medio de situaciones críticas creadas al efecto, culpando y acusando de paso al viejo modelo y sus actores. Con la aplicación de este infalible método de conquista, se ha logrado imponer el proyecto (el proceso) sin experimentar resbalón alguno, salvo el “accidental” de 2002, y se ha ido acorralando cada vez más al país incluyendo esas élites y sus estamentos culturales, económicos y políticos, que han debido ser el grupo que opusiese la mayor resistencia.

La inmensa mayoría de analistas y opinion leaders del statu quo, que han etiquetado en forma displicente al régimen como la "maquinita de imprimir gacetas (oficiales)" llenas de medidas "absurdas e improvisadas", jamás se tomaron la molestia de armar un rompecabezas cuya estructura le ha permitido la destrucción paulatina de la base económica del país, de la producción y el mercado, para avanzar hacia una estatización esencialmente comunista, en donde por un lado se preserva el reparto mercantilista que permite ese “capitalismo para los amigos" que sólo crea riqueza para una minoría selecta, y por el otro y para abastecer en lo básico a esa mayoría de la población condenada a la necesaria pobreza y miseria, se ha ido creando un circuito de importación y distribución de subsistencia/asistencia, por vía de una extensa red de mercados, abastos y misiones estatales, que ahora en estos días ha saltado a la palestra informativa con la creación de los “Comités Locales de Abastecimiento y Producción” (CLAP), supuesta medida de respuesta ante la “guerra económica”, a la cual seguirá la tarjeta de "abastecimiento seguro" de próxima aparición, y todas las misiones y grandes misiones del futuro “Estado Comunal/Estado de Misiones”.

El cambio en el rol del Estado que se viene gestando desde 1999, tiene como objetivo el lograr que el proceso acumulativo se oriente en medio de un caos controlado hasta lograr la "ruptura histórica", para así poder dar el "salto adelante" en un momento determinado a la "revolución socialista”, la cual implicará la colectivización de la producción social, de la propiedad y de la sociedad, que se fundirán en el futuro Estado Comunal.

Es ya un hecho público y notorio desde hace un buen tiempo que esta “caotización” va siempre de la mano de otros anuncios que parecieran aumentar la falsa entropía del falso desorden del régimen, cuando en realidad es lo contrario, y así en apariencia lo son los “conglomerados productivos”, las empresas de producción social, el plan de siembra urbana, el “plan 50”, los “9 motores de desarrollo económico”, la producción comunal, el reconocimiento dactilar en comercios privados y públicos, el “casa por casa”, y ahora los CLAP: todos episodios que son reiteradamente tomados a burla por los forjadores de opinión pública, cuando lo que en realidad está en desarrollo es la construcción paulatina e imparable de la estructura operativa de lo que ellos prevén como la era “post capitalista”.

Paradójicamente quienes se burlan y reducen todo análisis y explicación de este estado de cosas a la consabida rebatiña de una confederación de ladrones, corruptos e ineptos de primera categoría (cuya existencia desde luego no puede negarse), pertenecen al mismo estamento que se encuentra íntimamente relacionado con esos empresarios que, en vez de pedir y luchar por el fin de los controles y la injerencia del Estado chavista en la economía, se han reducido ellos también a volverse tan sumisamente dependientes de ese Estado y tan pedigüeños como la población sometida. Son los que piden que se les “afloje un poco la soga al cuello” y con su ofrecimiento colaboracionista terminan por facilitar su avance.

Son quienes pretenden a su vez financiar a medios, periodistas, encuestadores, analistas, políticos y partidos pseudo opositores, para que la forja de la opinión pública siempre apunte en la dirección errada: no hay dictadura sino “democracia deficitaria”, no hay régimen sino “mal gobierno”, no hay planes totalitarios ni comunistas, sino corrupción e ineptitud, en fin, fíjense que para este conjunto social, cosa curiosa, la libertad nunca es una prioridad en su discurso -ni siquiera aparece en las consignas- y para ello hay una explicación: y es que ellos saben que en una verdadera democracia con verdadera economía de mercado desaparecerían tan arrasados como los propios chavistas.

Frente a esto, se hace muy cuesta arriba exponer y denunciar que todo lo siniestro, lo irracional, lo impensable, es posible, cuando nos enfrentamos a un poder que pretende consolidarse AL COSTO QUE SEA y al que no le importa ni la falta de comida, ni la muerte de seres humanos por escasez de medicinas, ni el hampa desbordada, ni la ruina económica… En otras palabras, la destrucción del país.

Para ello, una vez más insistimos en que el caos -y el conflicto- son indispensables para el régimen y por eso deben fomentarlos, de la misma forma como el mal capitaliza su fuerza realimentándose de las miserias del ser humano, reduciéndolo a solo ocuparse de sus necesidades básicas para sobrevivir, en unos casos, y haciéndolo esclavo de la codicia y los resentimientos, en otros casos.

Esto permite distraer al colectivo -al final a toda la sociedad- y avanzar en la construcción del “socialismo del siglo XXI”, es decir el comunismo, mediante la aplicación de una estrategia llamada de "injerto socialista" que determina una etapa en donde conviven el capitalismo -especialmente en su variante mercantilista- con el socialismo, mientras se construye y avanza con un nuevo marco jurídico y se generan las condiciones objetivas y subjetivas de crisis orgánica, tendientes a provocar la "ruptura histórica" y así dar el siguiente paso a la fase superior: el Estado comunal.

LA MENTE MAESTRA DEL MAL

Si siempre fue y sigue siendo un terrible error histórico subestimar primero a Chávez y ahora a Maduro, peor aún lo es el de subestimar a las mentes siniestras de los hermanos Castro, en especial la de Fidel, que tiene décadas preparando la expansión de sus tentáculos a latinoamérica desde la base estratégica que para ellos siempre ha estado representada en Venezuela.

Esto que debería ser argumento desgastado por el uso, toca repetirlo, volverlo a proponer y volverlo a machacar como si un impedimento cultural impidiese su asimilación definitiva por parte no solo de la gente común, sino de la intelectualidad, la dirigencia y los liderazgos supuestamente llamados a orientar y dirigir su destino.

En 1993 el bloque histórico constituido a partir de la degeneración rentista se rebelaría contra Carlos Andrés Pérez, para así superar la amenaza inadmisible de un Estado despojándose de (parte de) sus poderes, descentralizando la democracia y superando su devenir estatista e intervencionista hacia la economía de mercado (en realidad esta amenaza fue exagerada a propósito por muchos intereses distintos, incluso de signo político opuesto, pero esa es otra historia).

En 1994, ese mismo bloque histórico coloca a Chávez en posición anotadora para hacerse con el poder, creyéndolo maleable y manejable a gusto y conveniencia, y en realidad si lo era, sólo que alguien se les adelantó en el modelado de la figura: Fidel Castro, el incuestionable ídolo de muchas élites venezolanas, latinoamericanas y europeas, ayer, ahora y siempre.

En 1998 llegan al poder, y lo que ocurre es un mero cambio de régimen, el Estado seguirá intacto, el régimen consensual pasa de partitocracia bipolar a uno de partido hegemónico con “cinturón de asteroides”, de su ámbito civil pasa a uno que es militar y civil por igual, con características peculiares: autoritarismo creciente con proliferación de partidos. De hecho, la repartición se amplifica y se diversifica, contrario a los que muchos creen.

Hoy, ese mismo bloque histórico, expandido por la proliferación de la nueva “boliburguesía”, amenaza con ser a su vez superado por un quiebre que nos llevará a un comunismo de conveniente doble modelo, con Estado comunal para el pueblo y clases medias precarizadas, y rentismo/mercantilismo/capitalismo confinado a determinadas zonas especiales, abiertas a la inversión internacional y de burguesías nacionales, militares y civiles, debidamente conformadas desde el poder, siguiendo un modelo semejante al chino que Cuba también transitará junto a Venezuela, en oportuno paralelismo de metrópolis/colonia, y bajo aprobación continental, “imperial” y vaticana.

Y esto podría ocurrir, bien sea mediante ruptura histórica, o por intermedio de un período transicional de régimen consensual, disfraz de democracia, dialogado y pactado de mutua conveniencia entre estamentos de poder locales y “geopolíticos” (EE.UU./Cuba/UNASUR/España/Vaticano/Rusia/China/Irán).

(EE.UU. lo aprobará tanto con la “liberal” Clinton como con el populista Trump, no se ilusionen)

“Todo sea por el diálogo y la paz”.

Luego vendrá Colombia, ya bajo asedio sofocante. Y si se descuidan, también España.

Pero nadie debería sentirse a salvo en el fondo, porque el desprestigio casi universal de las clases gobernantes y sus élites asociadas, podría crear puntos vulnerables a la infección progresista/socialista/autoritaria casi que en cualquier parte, usando para abrirse paso ese populismo demagógico que parece estar viviendo una nueva primavera, incluso en el primer mundo, populismo que por ser la patología política oportunista por excelencia, resulta ser también el instrumento de arado más eficaz para preparar el campo a la siembra del mal.

LO QUE TOCA

Toca antes que nada adquirir plena consciencia de la amenaza del castrismo y su vigencia plena, incluso en vías de reforzarse y expandirse.

Toca identificar esta amenaza en forma inequívoca, sin eufemismos ni expedientes lingüísticos de corrección política. Hay que rescatar y reconstruir el lenguaje para poder volver a llamar a las cosas por su nombre. La amenaza es contra la Libertad y la Democracia en América, y desde hace casi un siglo, esa amenaza ha sido y seguirá siendo el comunismo, cuya punta de lanza excelsa es el castrismo, el cual ahora podría contar con un aliado estratégico en el populismo de primer mundo (y también en cierto “populismo ecuménico” que el Vaticano pareciera estar abrazando).

Toca denunciar esta amenaza y explicarla, y exponer a sus encubridores, incluso a los encubridores inconscientes. A estas alturas hasta los beneficios de la duda han de considerarse pecados de ingenuidad, de omisión, o más directamente de colaboración.

Toca trabajar para orientar y construir alternativas. Solo con nuevas organizaciones, civiles y políticas, con nuevos equipos formadores de doctrina, opinión y liderazgo, se podrá enfrentar el expansionismo castrista y sus extensos estamentos colaboradores, enquistados en las élites de muchos países latinoamericanos, comenzando por la misma España.

Si no lo hacemos corremos el peligro de perder toda soberanía y por lo tanto la capacidad de autodeterminarnos, tal como trágicamente le ha estado pasando a Venezuela.



Aura Marina Palermo, es analista de entorno y de evaluación de riesgo, especializada en el contexto político, social y económico de Latinoamérica.

En twitter es: @APIntegra