jueves, 30 de agosto de 2018

Una discusión desde el abismo: el carnet de la patria



Las redes sociales en Venezuela desde hace días hierven en polémica con respecto a la pertinencia ¿política? ¿moral? de sacarse o no “el carnet de la patria”, decisión personal o individual que no puede ser impuesta como decisión política, dada la absoluta carencia de fuerza de todos los bandos involucrados, tanto el de la oposición oficial como el de la oposición radical, o resistente, o como se le quiera llamar.

Lo que salta a la vista es el torneo digital aislado del país, frente a un acto, el de sacarse el carnet de la patria, que dada las condiciones absolutamente desesperadas en las cuales se encuentra gran parte de la población, por necesidad de procurarse alimento, medicinas o acceso a cualquier servicio, siempre será una decisión PERSONAL, y aquí lo que parece increíble es que la discusión no parte de este hecho, sino parte de posiciones supuestamente oportunistas (la oposición oficial) o de posiciones principistas, incluso heroicas (la oposición radical).

¿Se habrá dado cuenta la oposición oficialista que quien NECESITA sacarse el carnet de la patria, no lo hará nunca para incorporarse a una supuesta “estrategia de saturación” para hacer colapsar al Estado, sino que lo hará, por ejemplo, obedeciendo a la urgencia estrictamente individual de obtener un medicamento para su hijo? ¿Y que la mayoría de estos carnetizados se soñaran de reclamar o protestar por temor a quedar fuera, definitivamente excluidos de todo soporte?

Y menos que menos se irán a protestar “carnet en alto” por instrucciones de una clase micropolítica que no representa a nadie, y que más bien sólo podrá pescar votantes incautos, en la medida que ofrezca alguna promesa demagógica que jamás llegará a contradecir al carnet de la patria y esto pueden apostarlo: estamos hablando de la misma porquería de “oposición” que ofreció “la tarjeta mi negra” como la gran promesa electoral en 2006.

¿Se dará cuenta la oposición radical que por las mismas razones, quien se saca el carnet de la patria no está renunciando a ninguna “dignidad”, en nombre de ningún “valor patriótico”, sino que lo hace por mero acto de supervivencia y que llegado a este punto decirle a esta persona que lo suyo es un acto de “sumisión”, es al fin y al cabo la más monumental de las hipocresías, una hipocresía del tamaño de un país que de impotencia pura, se dejó llevar a esta situación sin nunca haber logrado nada para hacer retroceder al poder, ni por un milímetro?

¿Qué le están pidiendo a la sociedad estos dos grupos? ¿actos de astucia? ¿actos de heroísmo? ¿una certificación de “viveza” (saca tu carnet para poder exigir tus derechos)? ¿o una certificación de patriotismo (cédula si, carnet no)? Cuándo ninguno de los dos ha mostrado la menor eficacia, salvo para crear un país de derrotados en mil batallas ficticias, de elecciones y calle, en donde a la gente se les arrojó directo al fraude, como fue el plebiscito del 16 de julio de 2017 (el peor fraude posible), o a la muerte, como ocurrió en las “gestas desde el asfalto” de 2014 y 2017, sin que nunca pero ni por un segundo, asomara la menor posibilidad de crear una crisis, un impasse, un “contra-caos” políticamente aprovechable (salvo para micropolíticos de todo pelaje).

¿Con qué cara nos llaman una vez más a la “obligación de exigir derechos” o al sacrificio de privaciones al borde del abismo, esta cuerda monumental de inútiles, incapaces de paso, tanto los oficialistas como los radicales, de asumir la menor responsabilidad por el fracaso colosal, estrepitoso y también sangriento de todas, absolutamente todas sus acciones?

Dos sectores de oposición uno falso, el otro torpe, empecinados en la máxima idiotez política, la de pretender que la población, sumergida hasta el cuello en el tremedal venezolano, sea la que se amolde a sus visiones gloriosas, planes invencibles y consignas de pacotilla, porque si no (y ahí viene la amenaza, la sentencia fatídica): “el venezolano no sirve para nada, no pide libertad, protesta con el estómago, perdió los valores y se merece lo que le está pasando”. Sentencia que siempre es la máxima demostración de esterilidad, de incapacidad, de distancia de la realidad.

Esta infatuación imperdonable, que se sublima en un supremacismo moral inflamado e hipersensible por parte de quienes deberían bajarse de todo pedestal y orientar EN LA REALIDAD, y hacerlo siempre en dirección hacia la preservación y no la inmolación, respetando la esperanza en cuanto sentimiento vital irrenunciable, y no mercadería inagotable con la cual traficar, este extravío inmaculado ante dramas que son de vida o muerte, este impecable aislamiento “de conciencia” y creencia en una “perfección ciudadana” en medio de la destrucción, el salvajismo y la anomia, déjenme decirles que todo esto se parece mucho a un comportamiento de casta privilegiada de un régimen totalitario, que en el caso de la oposición oficial, de más está decirlo, es la ambición que anima a esa clase micropolítica y sus cortesanos y vestales.

Pero cuidado, porque en estos días, y ante la incomprensión casi general que se observa en todas partes ante lo que es un problema INMEDIATO de supervivencia, como lo es el del carnet de la patria, pareciera que ciertas pulsiones de pureza e iluminación, aspirantes todas a una futura nomenklatura, están surgiendo también en quienes deberían constituir la porción pensante de la oposición radical, la cual, el día que deje de ser vulgarmente realista para convertirse al canto épico, se habrá convertido en otra expresión de decadencia irremediable.

En vez de concientizar en la dirección correcta se opta por la fuga onírica, porque lo primero que se le debería explicar a la gente, es que el carnet de la patria no es un mera tarjeta de uso múltiple: estará conectada a un sistema de identificación, control y “tracking” el cual YA EXISTE para todos y cada uno de nosotros, un sistema de vigilancia del cual no se puede ni se podrá escapar viviendo adentro, y solo parcialmente viviendo afuera (servicios consulares, bancarios, de envíos y remesas por ejemplo), y que ese sistema al desarrollarse controlará nuestras vidas cotidianas, nos entreguen o no el carnet, lo aceptemos o no, y de nada servirá que lo quememos en una pira heroica de reafirmación nacionalista, todos elevando sus inútiles cédulas al cielo, en acto que no reafirmará nada, salvo el despiste, para no decir el descarrilamiento de la realidad.

Desde luego, ¿qué más se puede esperar de una sociedad de poetas muertos que cree que el anonimato en las redes sociales ¡LOS PROTEGE! y “es indispensable para orientar y dar anuncios cruciales sobre próximas acciones” ¡¿pero bueno señores qué es esto?! ¿Idiotez en estado puro? ¿Infantilismo? ¿Masturbación colectiva?

Para el tipo de acciones que una verdadera oposición de conspiración y resistencia al Estado chavista debería emprender, sean estas acciones pacíficas, de fuerza o violentas, a la escala que sea, que la gente se saque el carnet de la patria NO INFLUYE NADA, las precauciones a tomar por parte de la insurrección deben ser otras, donde la discreción, el sigilo, la clandestinidad deben aplicarse según un diseño, una planificación, una estratificación que al enemigo le resulte difícil de descifrar y descodificar ¿será tan difícil de entender algo tan elemental?

Más bien negarse al carnet de la patria lleva al debilitamiento, al aislamiento, a la auto-guetización, al auto-asedio, al auto-desgaste, y a una fácil identificación y localización de “los sospechosos”, más aún en un campo de batalla donde el enemigo domina todas las fuentes de abastecimiento, todas las líneas de sustento vital ¿será posible que esto no les dice nada? ¿será posible que esto no les dice que la línea de acción por mucho tiempo no podrá ser la de la confrontación abierta, frontal, a cielo abierto? ¿Que para materializar actos masivos de desobediencia (necesarios llegado el momento) no basta con mensajitos épicos desde las redes sociales, que en la mayoría de los casos, son enviados no por “guerreros o guerreras de la luz” sino desde el mismo enemigo, con el fin de monitorear reacciones, movimientos, identificar conexiones, relaciones, nodos, delimitar zonas, medir niveles de organización, para “perfilar y mapear”?

NOTAS:

Para los que piden propuestas, aquí repetiré las mías una vez más, y son propuestas no planes, el que tenga un “plan” de todos modos no debe mostrarlo, el que tenga un plan y lo muestra, o anda en algún ejercicio ególatra, o anda en una campaña subrepticia, o es un idiota (puro y duro), o es el enemigo aprovechándose de los idiotas (y de los ególatras).

Las agendas de una oposición de resistencia, conspirativa e insurreccional, deben ser dos, una pública y la otra debe ser estrictamente secreta.

La agenda pública debe ser exclusivamente civil, y consiste en organizar y capitalizar todas las operaciones políticas, diplomáticas, legales, mediáticas, sociales y culturales, que puedan materializarse en acciones de denuncia, repudio, desprestigio, desconocimiento, aislamiento, sanción, persecución, disidencia y desobediencia, todas operaciones que deben ser pacíficas y NO EXPONER VIDAS.

La agenda secreta es civil y militar, y debe ser de infiltración, inteligencia, saboteo, conspiración y guerra, debe materializarse en acciones de guerra asimétrica (resistencia propiamente dicha) en lo preparatorio, y proceder a una intervención y golpe en su fase final, es una agenda que no puede ser pacífica, y por lo tanto, tampoco debe ser difundida. No hace falta explicarlo.

Hará falta un ente central, una clásica junta capaz de coordinar y dirigir todo eso, y esa junta podría tener una fachada pública, incluso institucional, algo que se deberá plantear y discutir con sumo cuidado, tomando en cuenta este mundo de comunicación y conectividad universal al alcance de buenos, malos, y tontos, sobre todo porque lo importante será la actividad secreta.

La lucha que deberemos emprender NO DEBE ser “representativa”, no tiene por qué ser “unitaria”, porque no será un asunto de representación ni de “legitimidad de origen”, sino de determinación y reconocimiento ante los que deberán hacer la guerra.

viernes, 10 de agosto de 2018

¡Apunten a Maduro! (El Minotauro Militar, Parte 4)



Hace cinco meses escribí un artículo que se llamaba “El negocio de la conspiración en Venezuela”, donde se describe la degeneración de la conspiración a negocio, incluso mostrándola como una tendencia histórica en la política venezolana y las fuerzas armadas.

Lo que jamás me hubiese imaginado es que derivase en operación de eliminación del objetivo máximo tan rápidamente, y saltándose de una todos los hitos de menor rentabilidad.

Por si acaso, estoy hablando del rocambolesco “atentado aéreo” contra Nicolás Maduro.

Resulta obvio que ha surgido una urgencia motivada por muchos intereses, y que esa guerra de todos los frentes en todos los frentes (PSUV vs Somos Venezuela, Luisa Ortega, PDVSA, Rafael Ramírez, Los Rodríguez vs Diosdado Cabello, los bolichicos, los bancos, los “sobrinos”, Freddy Bernal, apagones inoportunos, apagones de venganza, etc.) pareciera que necesita apurar un conflicto final de resolución y salida, de esta etapa signada por “Maduro el malo”.

El supuesto comunicado oficial de autoría y reivindicación del atentado por parte de los “soldados de franela”, el que leyó Patricia Poleo para mayor precisión, es un comunicado de militares para militares, que acaban de ejecutar una acción frente a la guardia nacional y todo el alto mando militar en tribuna de honor, si algunos creen que hay algo de civil en esto, se los diré inmediatamente: los “civiles en acción”, sobre todo los jóvenes, solo están para ser usados, expuestos, encarcelados y sacrificados dentro de esta trama.

A esta Fuerza Armada hay que infiltrarla, y es un trabajo de años que deberá ser paciente, discreto, precavido, porque su objetivo debe ser la conspiración para preparar un golpe de estado, un golpe de extirpación y terapia radical, contra todo el Estado chavista y todo el Estado rentista. Una operación mucho más compleja que solo sacar del poder a Maduro.

Una operación que al momento de su aplicación decisiva requerirá de coordinación civil-militar, coordinación internacional, un plan para la ejecución y otro muy completo para las horas posteriores, los días posteriores, y también para los años posteriores, porque del golpe deberá pasarse a una situación de pleno orden público e interno, lo cual se llevará su tiempo, y de allí embocar una transición no solo de gobierno y de régimen, sino de Estado, todo en medio de una emergencia humanitaria que atender y con “fuerzas armadas leales” [1] que, de no defenderse al momento y más bien replegarse “a la carrera” tal como lo hicieron los soldaditos de la Avenida Bolívar al desatarse el pandemonio, pues eso representaría un serio contratiempo, créanme que eso sería lo peor, pues podría representar la inauguración de un ciclo de violencia, de terrorismo y de conflicto civil, que nos podría llevar décadas erradicar, tal como pasó en Colombia y otros países.

Esto no es poca cosa, esto, si se quiere hacer en serio y no como pantomima o negocio, es algo que -faltaría más- requiere derrocar a quien detente el poder, un paso indispensable pero no el único, a no ser que lo que se busque es hacer ese solo “trabajo sucio” y entregar el poder debidamente descabezado, directamente a quienes ya lo tienen, o sea al mismo chavismo militar. En otras palabras estamos hablando de un “autogolpe”.

Para muestra un botón: el comunicado leído por Patricia Poleo es chavismo militar puro, chavismo de virtud originaria y constitucional, y si se me pide una definición más clara es “Chavismo del Samán”, ese comunicado lo hubiese podido redactar perfectamente el “general samánico” (también “shamánico”): Raúl Isaías Baduel.

Recordemos que Maduro fue ungido por Chávez, Maduro no fue escogido ni electo, fue impuesto, y fue aceptado en acto de fe y compromiso revolucionario, en cuanto ejecutor temporal de una transición que debe generar caos, descontento y aplicar medidas atroces y de alto costo, para lograr sus objetivos de crisis/ruptura histórica que deberán lograrse en un plazo que no debe ir más allá del año 2021. Cumplida esta tarea y el sacrificio que implica, Maduro se irá cargando con sus logros y culpas revolucionarias.

El que venga después de Maduro, sea quien sea, será aclamado como el que habrá superado la época del desastre y el horror, será la vuelta del legado, será la vuelta de Chávez, del chavismo originario y “democrático”, y bastará con que se supere cierta situación de desabastecimiento esencial, de supervivencia en la población más pobre, y que a la clase media precarizada se le devuelva una mínima “calidad de vida”, para lograr el entusiasmo legitimador, incluso en esa clase media “desafecta” que hasta hace no mucho, se pudo comprar fácilmente con unos dólares preferenciales para negocios, cupos en internet y viajes al exterior, es más, cargar “la carpetica” y llevarla al banco fueron símbolo/ritual de status ¡el bendito status! ¡algún simbolito de status tendrán que proveer!

¿A quién le importaría un final como este? Pues no le importaría a nadie comenzando por los países que se supone nos deberían ayudar. Solo le importaría a esa minoría siempre destinada a ser minoría en la historia, la de los que piden realmente libertad.

Ante esto, Colombia siempre estará dispuesta y más que dispuesta preparada, para atender esas necesidades transicionales, no solo como negocio sino sobre todo para liberarse también de la carga de inmigrantes y refugiados, y eso podría suceder sea quien sea el que se encuentre en el poder.

EE.UU. se contentará como siempre se ha contentado en los últimos 30 años, con estabilidad (palabra mágica), menos presión inmigratoria, un ligero, ligerísimo aumento en la incautación de drogas (el tráfico es otra cosa), y algunos tratados para salvar la cara. Estamos hablando de la nación cuyo presidente visitó La Habana hace 2 años, reconoció a Raúl Castro, reabrió las relaciones y suprimió “el bloqueo” A CAMBIO DE NADA IMPORTANTE.

¿Y la amenaza geopolítica para EE.UU.? pues para ellos, la amenaza geopolítica inmediata y en acto es la que con un descomunal dispendio construyeron en medio oriente, sobre todo en el triángulo contencioso Irán/Arabia/Israel, amenaza y urgencia geopolítica es arreglar que Siria e Irak no queden bajo la órbita del chiismo, amenaza en el sentido verdadero de la palabra es armamento nuclear en Corea e Irán, y sobre todo, la amenaza mayor es China convirtiéndose en potencia, no solo comercial.

En todo caso amenaza regional es México, él solito comandado por López Obrador puede crear todo tipo de problemas, en la frontera, en “El Norte” -esa franja que se extiende desde California hasta Texas- y lo puede hacer por el Caribe y por el Pacífico, y puede bajar hasta Centroamérica, hasta llegar a Panamá, estamos hablando del propio patio trasero. El que se encuentra “pegado de ellos”.

¿Que decidirá Trump? Pues no se trata de Trump, sea este Trump o el Trump 2.0 que logre reelegirse, porque este tipo de decisiones desde hace 60 años, al fin y al cabo las tomará el único que verdaderamente decide sobre esta materia en los EE.UU.: el complejo industrial-militar.

Bueno, volviendo al tema de Venezuela y sus libertadores, o sea al tema microscópico, se debe constatar que el negocio de la conspiración ya vemos por cual vía se decidió, y se decidió exactamente por la que lo cambiaría todo para no cambiar nada: quitar a Maduro solamente.

¿Quién se suma al negocio de la conspiración? de entrada la sociedad boliburguesa de la cual una de sus expresiones de mayor éxito, los bolichicos, se encuentra bajo persecución justo desde hace unos días (que casualidad). Esos desde luego serían los primeros interesados en sacar a Maduro para poder volver a “la normalidad”, y por ejemplo hacer ciertas cosas de “deber patrio”, como recuperar a PDVSA para lo que debe servir, que ya sabemos todos cuál es su verdadera utilidad.

¿El plan de sacar a Maduro por vía expedita tendrá éxito? el resultado por ahora no importa, porque los atentados aunque fallen, crearán presión de opinión pública, presión de decisión sobre el chavismo en general, crearán y consolidarán equipos y escuadrones recolectores de dinero que transformarán la falsa conspiración y la falsa transición, en pingüe actividad lucrativa y modo de vida para muchos grupos en Miami y Bogotá, en Lima y Madrid, y lo más importante, los atentados y sus operaciones conexas permitirán infiltrar, controlar y desplazar a la verdadera resistencia, sobre todo esa que cree que la guerra contra un Estado como el chavista, es un juego de roles que puede resolverse con un jaque al rey.

¿Y cómo queda el “gobierno de Maduro” ante todo esto? pues queda muy bien déjenme decirlo: se puede hacer pasar por víctima, puede justificar todo su discurso, podrá justificar, incluso mediante actos (leyes) constituyentes, todas sus acciones de represión y terror, podrá purgar a placer, y sobre todo se le ha servido en bandeja de plata lo que más ansían: la guerra YA, su máxima necesidad. Y si hubiese de pasar lo impensable, o sea un atentado exitoso, pues ya pudimos constatar que tanto “Delcy Eloína” como Diosdado Cabello como Tareck El Aissami y “el criticón” de Freddy Bernal, se encontraban a buen resguardo (recuerden, se trata de sacar solo a Maduro, de cambiar “lo que pide la gente a nivel mundial”).

Esto es lo que se llama un negocio redondo, y es tan pero tan conveniente, que con respecto a los atentados, prescindir de su uso debería considerarse una torpeza imperdonable, en todos los bandos (a no ser que surjan negocios aún mejores).

De hecho, estos sublevados magnicidas temen tanto ser descubiertos, que usan ¡WHATSAPP! para comunicarse con Patricia Poleo y anunciarle con meses de anticipación, y con una exactitud que solo puede provenir de una asociación con el chavismo militar, que “viene el atentado y contamos con Usted”.

Le temen tanto a cualquier represalia, sea del “G2 cubano” como de la inteligencia de cualquier otro país, que a sus reuniones conspirativas del más alto nivel invitan nada más y nada menos que a ¡JAIME BAYLY! experto internacional en discreción, contención y sobriedad a la hora de abrir la boca, desde luego que lo hacen precisamente por eso, porque la función escogida para el comunicador peruano, era la de aclarar quiénes son los autores del atentado, y Bayly la cumplió con énfasis y esmero, al proporcionar el perfil organizacional más exacto e inequívoco posible, eso sí sin dar nombres, lo cual al final no hace falta porque todos los que han hecho vida más o menos (micro)política en Miami y Bogotá saben quiénes son, y estos a su vez necesitaban demostrar que habían “cumplido con su parte”.

Y aquí la nota doliente: estos grupos como “los soldados de franelas” u “operación fénix”, de los cuales no tendría cómo dudar de sus buenas intenciones y su buena voluntad de querer liberar verdaderamente a Venezuela, ¿sabrán en que se han metido? ¿estarán conscientes? ¿o forman parte de la trama?

La verdad es que no sé qué pensar de grupos insurrectos del siglo XXI que aparentemente ignoran cosas tan básicas, como que todo dispositivo que utilice frecuencias de radio en forma continua y bidireccional es ubicable, llámese tablet, celular o drone, especialmente al penetrar perímetros de seguridad. ¿Estarán conscientes de que los drones pudieron sobrevolar sobre el objetivo porque las contramedidas electrónicas, por alguna razón no fueron aplicadas debidamente? ¿y que eso precisamente debería dar lugar a una mínima reflexión sobre qué es lo que estaban realmente haciendo, y sobre todo ¿para quién? Una meditación indispensable sobre quiénes colaboran, quiénes facilitan, ¿quiénes son realmente los aliados de su movimiento?

¿Cómo fue posible que apresaran tan rápido a los involucrados? porque sabían quiénes son, sus caras, y sabían dónde estaban, o estarían, y lo demás es fantasía de comic.

Con una insurgencia infantil por no decir descerebrada y una resistencia que no logra controlar sus urgencias de exhibición, la lucha se convierte en un macabro juego de challenge tan inútil como mortal, para los que cometen la increíble imprudencia de la inocencia.

De todos modos ninguno de los “atentadores” se privó del anuncio reivindicatorio lanzado a los cuatro vientos (sobre todo en las redes sociales), cosa de lo más curiosa, porque como bien dice nuestro amigo Luis De Lion en un tuit: “reivindicar un atentado fallido, es algo que no aparece en el manual de ningún guerrero”.

Desde luego aquí lo que importó a la hora de hacer los debidos anuncios, lo más rápido posible y usando personalidades de altísima sintonía (y al margen de los “caídos en acción” que como siempre no importan nada) era impedir que los financistas o inversionistas del atentado se confundieran, en medio de una eventual marea de grupos y próceres reivindicando la autoría o su participación (competición que no tendría nada de raro que fuese promovida por el mismo Estado, metiendo ruido o cizaña de guerrilla comunicacional). En fin, había que “picar adelante” para que el financista supiese exactamente que sus contratistas cumplieron, y el dinero se tradujo en acciones concretas.

El negocio de la conspiración es así.

Todo es muy trágico.


[1] Conjunto de grupos armados, sean milicia o sean paramilitares, que se encuentran al servicio del Estado chavista, esto comprende grupos terroristas como Hezbolá o ETA, guerrillas como las FARC/ELN, grupos paramilitares de los carteles del narcotráfico nacional e internacional, grupos de delincuencia organizada a la orden de mafias de todo tipo, grupos de hamponato organizado a la orden de pranes, y finalmente “colectivos”, “grupos zamoramos” y “frentes bolivarianos de liberación”.

El Minotauro militar, Parte 1

El encuentro Trump-Putin, una rara muestra de sensatez


Antes que nada, quisiera aclarar que no se trata de defender a como dé lugar a Donald Trump, sino de tratar de entender ciertas cosas en medio del revuelo histérico, al borde de la enajenación, del colapso mental, que se ha desatado con la cumbre de Helsinki. De antemano me excuso si la exposición no resulta ser del todo ordenada al conectar ciertos hechos que se han venido amontonando en forma casi caótica en los últimos tiempos, por no decir en las últimas décadas.

Lo primero que se olvida sobre Vladímir Putin, es que no ha hecho otra cosa que meterse en los terrenos cedidos en los últimos años por los EE.UU. (por no decir “nosotros”, o sea, todo occidente). Las últimas muestras de ese repliegue están en esa Siria que los EE.UU. comenzaron a ceder desde Barack Obama (no importan las razones) o en esa Latinoamérica que todas las administraciones, después del tándem Reagan-Bush, comenzaron a abandonar y que el mismo Obama cedió por completo a Cuba (no importan las razones).

Y digo no importan las razones, porque más allá del cúmulo de explicaciones que se puedan dar, me interesa señalar, al igual que lo han hecho otros analistas, que está volviendo a aflorar una tendencia histórica que realmente lo que hizo fue ocultarse temporalmente durante la guerra fría: la tendencia de los EE.UU. al aislacionismo, y no tanto como tendencia política “de los gobernantes” sino como persistente tendencia idiosincrática de los gobernados, esos de los cuales depende Trump para su operación hegemónica.

Un aislacionismo sobre el cual se debe recalcar que se opone al intervencionismo como expresión acabada del “destino manifiesto” (el cual queda intacto en su seguimiento, sobre todo en su concepción primigenia “de costa a costa”) y este aislacionismo, que ahora con Trump prioriza el “Make America Great Again For All Americans”, sobre todo se opone a cierta concepción de la función policial de los EE.UU. en el mundo (en su envoltura del “gendarme mayor”) y ni hablar del rechazo a los costos monumentales que eso supone, todas cosas que Trump no ha dejado de proclamar reiteradamente, con insistencia, con obsesión podría decirse, porque conforman la idea central que por igual, ha de guiar tanto su política doméstica como internacional.


"We have spent seven trillion dollars in the middle east over a seventeen-year period, and we have nothing. Nothing. Except death and destruction, it's a horrible thing..."


Por cierto, en esto de meterse en las parcelas cedidas por EE.UU. en esta carrera global, Putin de todos modos está destinado a quedar como segundón detrás de China, una amenaza mucho mayor, desde todo punto de vista, que no será tratada en este artículo.

Europa también ha cedido, la supuesta Unión Europea sufre más que nada por culpa de sus políticos, esos que aporta un continente políticamente estancado por infecciones incapacitantes, todas generadas por una inoculación sistemática en el tiempo de una forma de capitalismo globalista, hostil a cualquier designio que no sea el del “liberalismo para mis amigos”, o sea, liberalismo solo para un cártel internacional de grandes capitales y altas finanzas que desea suprimir los Estados-nación y precarizar a sus clases medias y trabajadoras.

El caso más patético, lamentable y preocupante es España, y la posible excepción podría ser Francia, esa Francia siempre reactiva ante el encogimiento, que sigue interviniendo según su propia lógica de potencia colonial, como lo hace en África por ejemplo, aunque en el caso de Siria se podría afirmar que dos veces salió con las tablas en la cabeza, dos veces como mínimo, pero esa también es otra historia.

Trump no es interpretable como político

Con estupor observo con que facilidad se cae en el error de creer que cada frase, cada palabra de Trump, supone una declaración inequívoca de intención, el anuncio de una acción inminente, olvidándonos que estamos escuchando a un personaje que, aunque no es político, le toca actuar dentro de lo político pero no lo hace simulando algo que no es.

Es cierto que Trump ha sido notable en el cumplimiento de sus promesas electorales, faltaría más, tratándose de una dualidad presidente-candidato en permanente campaña y que lo apuesta todo a dos elecciones de las cuales depende su cabeza: las midterm elections de este año y su propia reelección en 2020, tareas titánicas que deberá emprender en medio de una verdadera guerra que se podría decir que involucra a todo el establecimiento político/intelectual/mediático de aquello que llaman The Deep State, entidad inexistente solo para aquellos a los que conviene convertir en “teoría de la conspiración”, todo lo que no quieren o no pueden (o no deben) exponer a la luz.

Pero ambos “bandos” saben que lo decisivo no está en las batallas que hasta ahora se han escenificado, lo decisivo está en que si Trump pierde el congreso, estará muerto, o casi muerto, y quedará a merced de lo que decidan sus enemigos: impeachment o derrota final del moribundo en el 2020, y no tendría nada de raro que sus enemigos se vayan por lo seguro: el desalojo anticipado, sobre todo después de la “horrible” experiencia en las elecciones de 2016 donde descubrieron que la rebelión del electorado silencioso es impredecible, incontrolable y posiblemente indetenible (un electorado que se descubrió que era silencioso no por mudez de los mandantes, sino por sordera de los mandatarios).

Por cierto, entre las promesas, discursos o anuncios de Trump, nunca ha estado ninguna intervención militar, en ningún país, se podrá argumentar que eso no se anuncia, pero se puede también contraargumentar que la intervención (en términos de operación de fuerza) no forma parte del “corazón” de su programa. Al final, y como este programa es a la vez -y todo el tiempo- promesa electoral, para zanjar esta cuestión no queda más que esperar lo que podrían ser las intervenciones concretas de Trump más allá del 2020, en asuntos como el de Irán, Afganistán, Siria, etc., y también sobre el tema de Venezuela (que está relacionado con todas sus preocupaciones tanto en el ámbito interno como externo), en otras palabras, habrá que esperar por el “Trump 2.0” el cual eventualmente podría aflorar, si y sólo si, lograra triunfar en AMBAS elecciones (Congreso/Presidencia).

Mientras tanto, Putin seguirá avanzando en la medida de sus posibilidades (sobre las cuales pesan las maldiciones analíticas de la sobrestimación y la subestimación), y lo hará en los espacios abandonados por EE.UU. y lo hará también en Europa donde muchos no perciben con suficiente claridad, que Rusia avanza cada vez que la “agenda euroescéptica” lo hace: en Hungría, en Austria, en Italia, en cualquier país (con Polonia será más difícil por razones obvias) especialmente en una coyuntura favorable donde la “agenda elitista-globalista”, por ahora ha sido derrotada en los EE.UU. y en el Reino Unido, con el triunfo del Brexit.

Todo esto lo debe saber muy bien Trump, porque sabe igualmente que esa agenda globalista también lo tiene a él en la mira, agenda en donde George Soros (un enemigo común de Trump y Putin) es un personaje relevante pero solo un botón de muestra, un actor de reparto con respecto a los verdaderos protagonistas, comenzando por ciertos sectores de las finanzas internacionales, sobre todo de la banca y los capitales injerencistas, que se escudan tras una mal llamada globalización, los cuales apuntan contra él desde varios ángulos: desde las alturas de la sociedad con los “Clinton Compañía Anónima”, a media distancia desde el Partido Demócrata, y a quemarropa desde sectores del mismísimo Partido Republicano, y para cubrir todo el perímetro, están los medios.

A los que le piden “acción” a Trump, no solo en Venezuela sino en otras naciones, habría que preguntarles: ¿Cuántos frentes se le puede pedir a Trump que abra? ¿no son suficientes los que ha tenido que abrir, de par en par, comenzando en casa? ¿frente a enemigos dispuestos a liquidarlo, muchos de los cuales se encuentran en la cercanía Ruby más que a la distancia Oswald?

Pero estos frentes de guerra a su vez son indispensables e irrenunciables para que Trump pueda reclutar la mayor cantidad posible de manos (votos) que lo ayuden a sostener y empujar el ariete, no contra el sistema político, al que desea preservar, sino contra el sistema oligárquico.

La intensidad de esta guerra, y su escalada, se explica por algo que Donald Trump ha logrado en forma notable (quizás inédita) y es que por primera vez la narrativa/manipulación/polarización de izquierda (liberals en los EE.UU.) en la que participa también cierta derecha liberal (Libertarians en los EEUU), se ha encontrado con un enemigo sin complejos (sin educación dirían las élites) que no rehúye el combate, pega primero, pega después y los pone contra las cuerdas, y lo peor de todo, parece disfrutar en la refriega.

Todo acercamiento entre Trump y Putin activa la “alerta roja” entre los globalistas, pues podría resultar en una confluencia de estrategias que los establecimientos estadounidense y europeo nunca aceptarán, porque estaría en juego todo el tinglado relacionado con la prolongación indefinida de la guerra fría. Esta es la razón por la cual se embadurna esta compleja y delicada convergencia, en donde ninguno de los dos ESTÁ MÍNIMAMENTE DISPUESTO A LA GUERRA MUNDIAL, sea fría o caliente, con el sentimentalismo histérico de que Trump es “un traidor” y “una vergüenza para su país”.

Cuidado, por allí podría venir el impeachment, expuesto y presentado como “reparo a una afrenta” y que sería aplicado como una necesidad nacional, e internacional.

¿Adivinen quién saldría ganando?

Artículo publicado originalmente el 19 de julio de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

México: la revolución en la revolución será el triunfo del Estado fallido



¿Qué se le puede agregar a todo lo que se comenta sobre el probable triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones mexicanas del 1º de julio? En La Cabilla creemos que muchos análisis que se han hecho al respecto se quedan cortos al no tomar en cuenta un conjunto de hechos, y datos, que deben conectarse para concluir que México representa una amenaza sin precedentes para la libertad y la democracia en las Américas.

El triunfo de AMLO en México representaría el ascenso al poder de algo muy parecido al chavismo, pero no idéntico, y no por aquello de que los países no necesariamente son iguales, y por lo tanto las comparaciones no siempre son válidas. En realidad, el chavismo mexicano podría ser idéntico en su retórica al del resto de Iberoamérica pero hasta aquí podrían llegar las semejanzas, pues tener a México vuelto otra vez “revolucionario”, le añadiría una dimensión monumental a lo que podría ser una pesadilla sin fin, y no solo para los EE.UU.

En este caso preferimos aportar, además de nuestro intento de análisis, ciertos datos, algunos podrán parecer más que obvios, pero como siempre afirma Federico Boccanera al comentar que para mucha gente “lo obvio es opcional y el sentido común una opinión más”, preferimos abundar en el condimento.

Estos datos deberían constituir el marco mínimo indispensable, para poder iniciar cualquier análisis sobre lo que podría pasar como consecuencia de tener a AMLO en la presidencia de México.

México es el país hispanoamericano limítrofe con los EE.UU., del cual lo separa un muro PARCIAL que no fue construido por Donald Trump, ese muro comenzó a levantarlo un tal Bill Clinton en 1994 inaugurando “estructuralmente” un programa federal de lucha contra la inmigración ilegal.

Desde 1994 el muro se siguió construyendo, aunque en muchos trechos se trata más bien de una valla o cerca, pero a su tendido contribuyeron todas las administraciones que sucedieron a Clinton, o sea las de George W. Bush y Barack Obama (si, leyeron bien, Obama también contribuyó y lo hizo mientras establecía un récord de deportaciones que el mismísimo Trump seguramente envidia en secreto).

El muro o valla fronteriza comenzó siendo la demarcación de EE.UU. con México, pero hoy en día sería más exacto afirmar que esa línea ya no limita con México, sino con el Estado fallido del norte de México, entidad que ha derrotado al Estado central en sus monopolios legales, comenzando por el monopolio de la fuerza. Es esa derrota, una derrota incluso militar, la clave que debería usarse para conceptualizar eso que llaman Estado fallido (y que mal pudiera aplicarse al caso venezolano, porque el Estado chavista es el triunfo total, sin conocer derrota alguna, de un Estado sobre una nación).

En el resto de la nación mexicana, naufragó hace tiempo la gloriosa revolución en un mar de corrupción, tanta, que ya en las películas de Cantinflas asomaba como chiste recurrente y de seguro efecto, y estamos hablando de las que son en blanco y negro. Esto, que desde luego podría efectivamente parecer un chiste, en realidad ilustra hasta qué punto en el imaginario colectivo mexicano la idea de la política asociada a la corrupción se implantó para quedarse, y esto no se debe a ninguna “campaña mediática” orquestada por operadores siniestros: se debe a que la cultura asimiló un hecho infinitamente constatado (y sufrido) por la sociedad, a todos los niveles, y generación tras generación.

El Estado fallido es la evolución final de lo que acertadamente se denominó “la dictadura perfecta”, es el desarrollo tumoral de una degeneración política e institucional que ni siquiera pudo ser detenido, cuando la alternabilidad política se inauguró en el año 2000 tras 71 años de dominio incontestado del Partido Revolucionario Institucional (PRI). De hecho, quienes han estudiado la historia de los carteles mexicanos dedicados al narcotráfico, todos coinciden en señalar que la muy deficiente gestión de Vicente Fox al frente del Estado fue “el detonante” de una situación de violencia y auge cancerígeno del crimen organizado, que no ha dejado de crecer y extenderse en todos estos años.

Corrupción estructural, decadencia institucional, auge de los carteles de narcotráfico (en realidad, auge de mafias de todo tipo), Estado fallido y desaliento en la sociedad civil y pensante, son las herencias que recibirá AMLO, y si este personaje una vez en la presidencia resultase ser tal cual como ya lo conocemos, esas herencias para él no serán un lastre, sino un capital político con el cual bien podría terminar de estrenar en todo su apogeo, la narconación mexicana en una suerte de “revolución en la revolución”.

El chavista AMLO se encontrará con todo servido en bandeja de plata, en el despliegue de unas fuerzas de dominación que por dimensiones y “eficiencia operativa” ridiculizan cualquier comparación con países “hermanos”. Esto lo diferencia de Chávez que tuvo que construir el infierno (el mar de la felicidad), no con la prisa que le hubiese gustado, sino con el paciente ritmo que le impuso Fidel Castro, que no quería repetir la mala experiencia chilena con la joya de su corona.

Por eso comenzamos con los datos del muro, porque todo dependerá una vez más, de lo que haga EE.UU. más allá de la retórica locuaz de su presidente constructor de muros.

La llegada al poder de AMLO volvería a ponerlo todo en discusión con respecto a la amenaza geopolítica que se cierne sobre toda la región. Amplifica el problema del avance del comunismo versátil como forma globalista de Estado capitalista, al ser México la segunda economía de Iberoamérica, la primera de Hispanoamérica, la decimosexta en el mundo, y por lo tanto plantea el problema a una escala incluso mayor que la alcanzada por el auge del expansionismo castrochavista en América del sur, por estar de paso relacionada comercialmente con la de los EE.UU., mucho más que la de cualquier otro país “al sur del río Bravo”.

¿Qué nos espera con AMLO? De entrada a Colombia le tocará quedar en medio de una triple tenaza de fuerzas siniestras representada por Cuba, Venezuela y México, y la izquierda globalizada y convertida en empresa mafiosa transnacional, habrá conquistado el segundo país con más católicos del mundo (para beneplácito del Papa progresista), el país donde los carteles de la droga obtienen ganancias anuales por el orden de los 30.000 millones de dólares, algo que ni Putin logra embolsillarse, el país donde ser periodista de investigación es una profesión muy cercana al suicidio, el país que tiene 40 millones de connacionales -entre emigrados y descendientes- viviendo en EE.UU., el país de la continuidad admirable en su relación con Cuba, con Rusia, y antes con la Unión Soviética (demostrada entre otras cosas con la sangre de Trotsky), en fin, habrá conquistado al país que a pesar de todo, nunca ha dejado de sentirse esencialmente revolucionario, porque de hecho, para bien o para mal se autodeterminó mediante revolución.

¿Qué hará AMLO con todo ese poder? Es la pregunta que nos hacemos en La Cabilla sobre todo porque el país que le tocará tratar de someter, no solo es más complejo, mucho más complejo que la linealidad rentista que caracteriza al petro-campamento venezolano. Y para plantear las cosas en términos de una confrontación que podría terminar en un conflicto de muy difícil resolución, México es también la nación que verdaderamente se encuentra en la mira de un personaje difícil de prever, incluso para el más avezado presidente de cualquier país: Mr. Donald Trump.

Si de verdad existiese auténtica preocupación por el destino de la libertad, el triunfo de AMLO debería disparar todas las alarmas, debería agarrarnos a todos preparados, por lo menos para entender la enorme implicación. Desde luego, creemos que una vez más, este tampoco será el caso, ni en nuestro continente, ni mucho menos en ningún otro.

Además, ocurrirá en pleno mundial de fútbol.

[1] Artículo publicado originalmente como trabajo especial del equipo de redacción, el 1 de julio de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

El Paro Nacional de las Mentes


Antes que nada, la destrucción total no ha ocurrido, no es algo “material”, la destrucción total solo ocurre cuando las mentes dejan de razonar.

Para el proyecto chavista, la "ruptura histórica" solo puede ocurrir por medio de un conflicto.

Ellos necesitan una guerra para justificar la destrucción final, de aparatos, estructuras y sociedad.

No se trata de renunciar a darles guerra, se trata de escoger cómo se la daremos, por dónde, y en qué momento.

Es lo que menos desean, no saber dónde estamos y lo que hacemos, no poder anticipar dónde estaremos y lo que haremos.

La resistencia es guerra asimétrica, y la primera asimetría indispensable debe ser un silencio inteligente.

Evitemos la tragedia máxima de no poder salvarnos de nosotros mismos.

Artículo publicado originalmente el 26 de junio de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

Paro, calle y guarimbas: el talento suicida de una resistencia autodestructiva



Por estos días se ha vuelto a hablar de paro nacional, promovido por ciertos enanos micropolíticos e idiotas sin remedio, nacionales e internacionales, pero también por ciertos incautos de buena fe.

Si desean destruir lo poco que queda de tejido empresarial, haciéndole la tarea al régimen, que no depende de él y precisamente busca licuarlo para sustituirlo por otro, controlado totalitariamente por el Estado y sus mafias ¡Adelante! ¡Sigan! Solo pedimos que en algún momento asuman toda la responsabilidad por este acto de cretinismo útil supremo y eterno (no usaremos la frase “tontos útiles” porque quedaría como una gentileza).

Nos parece increíble que ciertos personajes mil veces derrotados en toda “acción” y ridiculizados sus discursos y pronósticos por la realidad, que de todos modos en el país pecera con memoria de pez dorado, siguen aspirando a convertirse en “líderes de la resistencia”, o peor aún en “líderes de la transición”, sean tan asombrosamente incapaces de comprender la naturaleza del Estado chavista, y a estas alturas sigan insistiendo en promover acciones que son justamente las que necesita el enemigo para consolidarse definitivamente.

Paro Nacional, huelga nacional, huelga general política o como se le quiera llamar, es la fórmula más perfecta que se pueda concebir para ir al desastre definitivo, exterminando todo remanente de actividad económica privada, independiente y honesta, sirviéndosela en bandeja de plata a mafias de todo pelaje, y así cavar nuestra propia tumba como sociedad para convertirnos en población inerme, condenada sin apelación a la esclavitud de las necesidades primarias.

Como siempre los promotores de este infierno, en donde podrían dejar en la quiebra irreversible a mucha gente, sin empleo al resto y sin abastecimiento a la población, ni se harán responsables, ni asumirán las consecuencias: no renunciarán ni se callarán, y saldrán con la excusa politiquera por excelencia: “la gente no respondió…”, “la gente no se sumó masivamente”, “la gente no hizo el paro como debía”, “la gente se organizó mal…” etc, etc.

Todas variantes de: “la gente se abstuvo” o “la gente está desmotivada”.

Como siempre también, la sangre, los muertos, los presos y desaparecidos, serán debidamente recordados, homenajeados y USADOS por estos heroicos promotores…

La resistencia al régimen puede llevarse a cabo, y acumular éxitos consistentes, si se hace con inteligencia y organización, sobre todo si se hace cuando al enemigo no le convenga y cuando menos se lo espere, esos momentos propicios llegarán, cuando el caos deje de ser promovido por el poder, por necesidad del mismo Estado de pasar a una situación de estabilidad y orden.

Mientras tanto, se puede comenzar a trabajar silenciosamente en la dirección correcta, evitando la publicidad y mercadeo de egos, micropolíticos y pseudo partidos, capaces de adoptar muchos disfraces virtuosos, solo falta que esos imbéciles que hablan de un “falta poco”, o de una situación “a punto de chocolate”, comiencen a ser ignorados por quienes realmente desean combatir con eficacia y con el menor número posible de bajas materiales y humanas, al maldito Estado chavista.

Un recordatorio urgente

Hace casi un año, después de las muertes irresponsablemente promovidas tanto por la “mesa de la unidad democrática” (MUD) como por grupos alternativos de resistencia y disidencia, que igualmente sabían que eso no llevaría a nada, y que todo se trataba de presionar al Estado con cadáveres conmovedores para obtener concesiones electorales, publiqué un artículo de advertencia, que hoy más que nunca mantiene su vigencia, ese artículo tiene como título “La Resistencia Suicida” y lo podrán conseguir en mi blog.

Artículo publicado originalmente como trabajo editorial del equipo de redacción, el 24 de junio de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

Duque frente al destino



Este especial lo redactamos con el definitivo vencedor en las elecciones colombianas aún empeñado en campaña electoral, empeño que solo cambiará cuando tome posesión el próximo 7 de agosto, a partir de ese momento, comenzará una cuenta regresiva para constatar si Iván Duque trabajará para salvar a Colombia, o, en modo insensato (o cómplice) prolongará su campaña con la mira puesta en la reelección.

El peor error que pudiese cometer Duque sería el de tratar de conquistar a ese sector de la sociedad que votó por un impresentable como Gustavo Petro, sector que no tiene remedio, ni lo tendrá por años, acaso décadas, sobre todo porque será desde ese sector de donde vendrá la guerra, en otras palabras, el electo ahora deberá elegir, si seguirá siendo candidato perenne, o presidente de una nación necesitada de un urgente cambio de timón para enderezar su derrotero.

La guerra de todos modos vendrá, la declare Duque o no la declare, y será contra él, contra su administración, sus obras y su equipo de gobierno, contra sus allegados, su entorno, sus colaboradores, y sobre todo será contra Álvaro Uribe, por más que intente desmarcarse del expresidente, y esto ocurrirá sin importar todas las “cosas buenas” que logre hacer (si lo dejan), ojalá que alguien se lo recuerde.

El legado de Santos

El legado de Juan Manuel Santos consiste en haber logrado imponer el gran plan nacional “drogas en paz”, que en ocho años cuadruplicó la producción de cocaína hasta lograr la mayor de la historia, al mismo tiempo que lograba los acuerdos de paz con las FARC bajo minuciosa supervisión de La Habana. Un logro que ha sido motivo de gran celebración por parte de la “comunidad internacional”, y desde luego, de la opinión pública mundial.

El legado de Santos, de drogas en auge rebosante pero sin violencia, ni sangre, y con la aprobación y bendición planetaria y de otras esferas (desde el Nobel hasta el Papa), conlleva una perspectiva mucho más ominosa que la del narcoestado que es la condición de narconación, el desarrollo de una narconación “pacífica y democrática” en donde todo poder, toda institución, toda organización, toda empresa, sea del Estado o de la sociedad, y sin importar su escala, podrá hacer lo que le venga en gana, incluso cumplir con sus deberes, incluso velar por el respeto a la ley y su aplicación, siempre y cuando eso no moleste, no interfiera, los planes supremos del narcotráfico y su conglomerado de intereses económicos, políticos y sociales a nivel nacional y transnacional. Estamos hablando de un país secuestrado, de un país rehén, de un país en donde todo es una pantomima de normalidad.

Estamos hablando de un Estado que luego de décadas de violencia, en las cuales estaba por vencer a sus enemigos, en la selva y en los salones de sus aliados civiles, al final “se rinde” y emprende la ruta hacia el Estado fallido, un Estado “auto-fallido” que logra dar con la fórmula-disfraz de la paz, para venderse virtuosamente ante un mundo irremediablemente infectado por la corrección política, sentando así un precedente nefasto que no dudamos que podría ser intentado por otras naciones, comenzando por el Estado fallido de referencia en latinoamérica: México.

Breve recordatorio de un poder que muchos se niegan a reconocer

El narcotráfico es una actividad ilícita que genera fabulosas ganancias, al margen no solo del Estado sino de la sociedad, su desarrollo termina por crear graves distorsiones en toda actividad, no solo económica, y produce efectos difícilmente reversibles de descomposición que afectan por igual a todos los estratos sociales, pero el mal no se detiene aquí, el narcotráfico es una empresa de dominación de la nación, un pulpo insaciable que apunta hacia todos los poderes, formales y fácticos, para infiltrarlos, corromperlos, coaccionarlos y ponerlos a trabajar a su servicio, y cuando la relación no es de sumisión o chantaje, termina siendo de asociación. No creemos estar revelando nada desconocido al afirmar todo esto.

Y tampoco se puede tratar como una revelación, aunque se trata de un hecho menos conocido, que el narcotráfico y sus actividades conexas de lavado y legitimación de capitales, más otros tráficos directamente relacionados como el tráfico de armas, constituyen una fuente de financiamiento importante para organizaciones terroristas como Hezbolá, y otros grupos extremistas, no necesariamente islámicos.

Desde luego que un país ya dominado de esta forma, aun si cayese en manos de una supuesta oposición, supuestamente contraria a los designios del Foro de Sao Paulo y las agendas globalistas, de todos modos no puede preocupar a ninguno de los integrantes del “eje del mal” constituido por Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Rusia, China, Irán, Turquía, y próximamente España y México (por los vientos que soplan). Cuando mucho, constituirá un gobierno que de volverse molesto o inoportuno, será saboteado de una y mil maneras llegado el momento, y a eso exactamente se refiere el títere Gustavo Petro, cuando mueve la quijada para ventriloquear ese “por ahora” que pronunció, al reconocer los resultados.

La única forma de impedir que Colombia decaiga hasta ese punto, sería emprendiendo una gran operación nacional e internacional, y a una escala sin precedentes, para erradicar la base material, el tumor primario del cáncer que azota a ese país: los cultivos de coca, esto se debería lograr aplicando una revolución agraria, desmantelando los laboratorios y sus redes de abastecimiento y distribución, y arrasando en general con toda la estructura organizativa y “gerencial” del negocio, desde el tráfico propiamente dicho, hasta el lavado y todas sus actividades y empresas dependientes.

Se trataría de declarar la guerra al máximo enemigo histórico del país, y se trataría también de una guerra que podría llegar a ser una guerra a muerte: o muere el narcotráfico, o muere Colombia.

Para ir a esta guerra, Duque no tendría por qué desconocer ni desmontar los acuerdos de paz con las FARC, solo debería convocar a esta organización a comprometerse inequívocamente con esta guerra, verdadera guerra de liberación y autodeterminación, como demostración sine qua non de compromiso institucional con la república y la democracia. Desde luego que esta convocatoria debería hacerse extensiva a toda organización política y de la sociedad civil, sobre todo porque debería tratarse de la operación de una gran alianza nacional, que deberá enfrentar fuerzas, más bien demonios, en extremo poderosos y peligrosos.

Sería de paso un buen modo de poner a prueba, el verdadero compromiso de cualquier organización con la sociedad y la nación, sobre todo en vista de posibles alineaciones de consenso o de polarización, que se presentan como ineludibles en vista del descalabro final de los partidos históricos.

Los aliados de la guerra

Dos aliados indispensables: las fuerzas armadas y los EE.UU. y no juzgamos necesario explicar el porqué, pero sin ese binomio, trabajando en conjunto y coordinadamente, no se podría lograr nada.

El aparato de propaganda de la izquierda internacional ya comenzó a alertar que Duque, como “cachorro de Uribe que es”, desarrollará un gobierno “militarista”. Desde La Cabilla expresamos nuestros mejores deseos que así sea, pero no porque creamos la soberana estupidez del eventual “militarismo duquista”, sino porque creemos que Duque deberá reconstruir con urgencia la maltrecha relación entre el ejecutivo y las fuerzas armadas, relación que quedó seriamente averiada, criminalmente averiada con Santos.

(una vez más, deseamos destacar la monumental incongruencia de una izquierda intercontinental que defiende a Cuba, a Nicaragua, a Venezuela, a Corea del Norte, cuatro ejemplos de estados privatizados y militarizados donde la base del poder, del verdadero poder, la constituyen sus fuerzas armadas convertidas en empresas mafiosas altamente lucrativas)

Los EE.UU., que tanto han venido objetando el auge de la producción de coca con Santos, deberían pensarlo bien y no perder la oportunidad, deberían tomar conciencia de que en Colombia podrían contar con un gobierno amigo, incluso aliado, que llegó al poder con el respaldo innegable de Álvaro Uribe, que como presidente dio demostraciones más que suficientes de capacidad de compromiso, de empeño y desempeño (aunque está por verse su real influencia sobre Duque).

De alguna manera a Colombia habrá que ayudarla, y ayudarla mucho, porque está a punto de quedar atrapada en medio de una tenaza, una triple tenaza constituida por México, Cuba y Venezuela, tenaza que a continuación describiremos.

Lo que le viene a Duque

(y a los EEUU, si es que alguna vez, y por obra de algún milagro de óptica política lograran recuperar su visión periférica)

1. Aumento de la ofensiva chavista contra Colombia, comenzando por el caos migratorio, una nueva oleada de refugiados podría sería la acción perfecta para poner en dificultades a Duque.

2. Aumento de las operaciones FARC y ELN en Venezuela, de tráfico, lavado y actividades conexas, actividades todas que se sabe contribuyen al financiamiento de organizaciones terroristas del medio oriente (y disculpen la insistencia con este punto).

Venezuela ya no como país “aliviadero” sino como base operativa, estable y consolidada (que creemos que ya lo es, desde hace años).

3. Aumento de la ofensiva mediática progresista (internacional) contra Colombia, especialmente si Duque declarase la guerra al cultivo y producción de cocaína, y pidiese la ayuda de EE.UU.

Prepárense para una FEROZ guerra de opinión pública y propaganda que ya se desató, que se activó a los pocos minutos del triunfo del “derechista” Duque. Por allí anda rondando un maleante de la comunicación, Jon Lee Anderson, atentos a la incursión de este y otros chacales del periodismo progresista mercenario.

4. Multipliquen, por un orden de magnitud no menor a diez, toda esta ofensiva si López Obrador resultase electo como presidente de México, aunque es de esperar que se tome su tiempo para activarse (primero necesitará que Trump sea reelecto).

Duque frente al destino

Duque no solo deberá tomar una decisión de importancia histórica, la de seguir siendo candidato a la reelección y condenar a Colombia al destino de narconación, o la de dedicarse como presidente-estadista a la salvación de su país. Deberá también darse cierta prisa en hacerlo (¿se habrá preparado?), pues las elecciones mexicanas se llevarán a cabo el 1º de julio, y de ganar López Obrador este tomará posesión el 1º de diciembre y a partir de ese momento dará comienzo una cuenta regresiva.

A partir de ese momento, todo podría volverse más dramático para la causa de la libertad, en un rincón del planeta en donde no bastará un muro de aislacionismo miope, para contener amenazas que serán no sólo de orden regional, sino global.

Esperemos que Duque no termine siendo un mandatario sin proteínas como Macri, Piñera, o el defenestrado Kuczynski, “líderes” gelatinosos que uno no termina de entender cómo deben tomarse y masticarse, y si pueden suministrar algún aporte calórico a la lucha por la libertad. Líderes flácidos rodeados de asesores que les hacen creer que la política no es poder, sino “políticas públicas”, a esto agreguen otras plagas tecnocráticas como los encuestadores, que miniaturizan el mandato a la pusilánime dimensión de la popularidad.

[1] Artículo publicado originalmente como trabajo especial del equipo de redacción, el 20 de junio de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).