viernes, 10 de agosto de 2018

Duque frente al destino



Este especial lo redactamos con el definitivo vencedor en las elecciones colombianas aún empeñado en campaña electoral, empeño que solo cambiará cuando tome posesión el próximo 7 de agosto, a partir de ese momento, comenzará una cuenta regresiva para constatar si Iván Duque trabajará para salvar a Colombia, o, en modo insensato (o cómplice) prolongará su campaña con la mira puesta en la reelección.

El peor error que pudiese cometer Duque sería el de tratar de conquistar a ese sector de la sociedad que votó por un impresentable como Gustavo Petro, sector que no tiene remedio, ni lo tendrá por años, acaso décadas, sobre todo porque será desde ese sector de donde vendrá la guerra, en otras palabras, el electo ahora deberá elegir, si seguirá siendo candidato perenne, o presidente de una nación necesitada de un urgente cambio de timón para enderezar su derrotero.

La guerra de todos modos vendrá, la declare Duque o no la declare, y será contra él, contra su administración, sus obras y su equipo de gobierno, contra sus allegados, su entorno, sus colaboradores, y sobre todo será contra Álvaro Uribe, por más que intente desmarcarse del expresidente, y esto ocurrirá sin importar todas las “cosas buenas” que logre hacer (si lo dejan), ojalá que alguien se lo recuerde.

El legado de Santos

El legado de Juan Manuel Santos consiste en haber logrado imponer el gran plan nacional “drogas en paz”, que en ocho años cuadruplicó la producción de cocaína hasta lograr la mayor de la historia, al mismo tiempo que lograba los acuerdos de paz con las FARC bajo minuciosa supervisión de La Habana. Un logro que ha sido motivo de gran celebración por parte de la “comunidad internacional”, y desde luego, de la opinión pública mundial.

El legado de Santos, de drogas en auge rebosante pero sin violencia, ni sangre, y con la aprobación y bendición planetaria y de otras esferas (desde el Nobel hasta el Papa), conlleva una perspectiva mucho más ominosa que la del narcoestado que es la condición de narconación, el desarrollo de una narconación “pacífica y democrática” en donde todo poder, toda institución, toda organización, toda empresa, sea del Estado o de la sociedad, y sin importar su escala, podrá hacer lo que le venga en gana, incluso cumplir con sus deberes, incluso velar por el respeto a la ley y su aplicación, siempre y cuando eso no moleste, no interfiera, los planes supremos del narcotráfico y su conglomerado de intereses económicos, políticos y sociales a nivel nacional y transnacional. Estamos hablando de un país secuestrado, de un país rehén, de un país en donde todo es una pantomima de normalidad.

Estamos hablando de un Estado que luego de décadas de violencia, en las cuales estaba por vencer a sus enemigos, en la selva y en los salones de sus aliados civiles, al final “se rinde” y emprende la ruta hacia el Estado fallido, un Estado “auto-fallido” que logra dar con la fórmula-disfraz de la paz, para venderse virtuosamente ante un mundo irremediablemente infectado por la corrección política, sentando así un precedente nefasto que no dudamos que podría ser intentado por otras naciones, comenzando por el Estado fallido de referencia en latinoamérica: México.

Breve recordatorio de un poder que muchos se niegan a reconocer

El narcotráfico es una actividad ilícita que genera fabulosas ganancias, al margen no solo del Estado sino de la sociedad, su desarrollo termina por crear graves distorsiones en toda actividad, no solo económica, y produce efectos difícilmente reversibles de descomposición que afectan por igual a todos los estratos sociales, pero el mal no se detiene aquí, el narcotráfico es una empresa de dominación de la nación, un pulpo insaciable que apunta hacia todos los poderes, formales y fácticos, para infiltrarlos, corromperlos, coaccionarlos y ponerlos a trabajar a su servicio, y cuando la relación no es de sumisión o chantaje, termina siendo de asociación. No creemos estar revelando nada desconocido al afirmar todo esto.

Y tampoco se puede tratar como una revelación, aunque se trata de un hecho menos conocido, que el narcotráfico y sus actividades conexas de lavado y legitimación de capitales, más otros tráficos directamente relacionados como el tráfico de armas, constituyen una fuente de financiamiento importante para organizaciones terroristas como Hezbolá, y otros grupos extremistas, no necesariamente islámicos.

Desde luego que un país ya dominado de esta forma, aun si cayese en manos de una supuesta oposición, supuestamente contraria a los designios del Foro de Sao Paulo y las agendas globalistas, de todos modos no puede preocupar a ninguno de los integrantes del “eje del mal” constituido por Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Rusia, China, Irán, Turquía, y próximamente España y México (por los vientos que soplan). Cuando mucho, constituirá un gobierno que de volverse molesto o inoportuno, será saboteado de una y mil maneras llegado el momento, y a eso exactamente se refiere el títere Gustavo Petro, cuando mueve la quijada para ventriloquear ese “por ahora” que pronunció, al reconocer los resultados.

La única forma de impedir que Colombia decaiga hasta ese punto, sería emprendiendo una gran operación nacional e internacional, y a una escala sin precedentes, para erradicar la base material, el tumor primario del cáncer que azota a ese país: los cultivos de coca, esto se debería lograr aplicando una revolución agraria, desmantelando los laboratorios y sus redes de abastecimiento y distribución, y arrasando en general con toda la estructura organizativa y “gerencial” del negocio, desde el tráfico propiamente dicho, hasta el lavado y todas sus actividades y empresas dependientes.

Se trataría de declarar la guerra al máximo enemigo histórico del país, y se trataría también de una guerra que podría llegar a ser una guerra a muerte: o muere el narcotráfico, o muere Colombia.

Para ir a esta guerra, Duque no tendría por qué desconocer ni desmontar los acuerdos de paz con las FARC, solo debería convocar a esta organización a comprometerse inequívocamente con esta guerra, verdadera guerra de liberación y autodeterminación, como demostración sine qua non de compromiso institucional con la república y la democracia. Desde luego que esta convocatoria debería hacerse extensiva a toda organización política y de la sociedad civil, sobre todo porque debería tratarse de la operación de una gran alianza nacional, que deberá enfrentar fuerzas, más bien demonios, en extremo poderosos y peligrosos.

Sería de paso un buen modo de poner a prueba, el verdadero compromiso de cualquier organización con la sociedad y la nación, sobre todo en vista de posibles alineaciones de consenso o de polarización, que se presentan como ineludibles en vista del descalabro final de los partidos históricos.

Los aliados de la guerra

Dos aliados indispensables: las fuerzas armadas y los EE.UU. y no juzgamos necesario explicar el porqué, pero sin ese binomio, trabajando en conjunto y coordinadamente, no se podría lograr nada.

El aparato de propaganda de la izquierda internacional ya comenzó a alertar que Duque, como “cachorro de Uribe que es”, desarrollará un gobierno “militarista”. Desde La Cabilla expresamos nuestros mejores deseos que así sea, pero no porque creamos la soberana estupidez del eventual “militarismo duquista”, sino porque creemos que Duque deberá reconstruir con urgencia la maltrecha relación entre el ejecutivo y las fuerzas armadas, relación que quedó seriamente averiada, criminalmente averiada con Santos.

(una vez más, deseamos destacar la monumental incongruencia de una izquierda intercontinental que defiende a Cuba, a Nicaragua, a Venezuela, a Corea del Norte, cuatro ejemplos de estados privatizados y militarizados donde la base del poder, del verdadero poder, la constituyen sus fuerzas armadas convertidas en empresas mafiosas altamente lucrativas)

Los EE.UU., que tanto han venido objetando el auge de la producción de coca con Santos, deberían pensarlo bien y no perder la oportunidad, deberían tomar conciencia de que en Colombia podrían contar con un gobierno amigo, incluso aliado, que llegó al poder con el respaldo innegable de Álvaro Uribe, que como presidente dio demostraciones más que suficientes de capacidad de compromiso, de empeño y desempeño (aunque está por verse su real influencia sobre Duque).

De alguna manera a Colombia habrá que ayudarla, y ayudarla mucho, porque está a punto de quedar atrapada en medio de una tenaza, una triple tenaza constituida por México, Cuba y Venezuela, tenaza que a continuación describiremos.

Lo que le viene a Duque

(y a los EEUU, si es que alguna vez, y por obra de algún milagro de óptica política lograran recuperar su visión periférica)

1. Aumento de la ofensiva chavista contra Colombia, comenzando por el caos migratorio, una nueva oleada de refugiados podría sería la acción perfecta para poner en dificultades a Duque.

2. Aumento de las operaciones FARC y ELN en Venezuela, de tráfico, lavado y actividades conexas, actividades todas que se sabe contribuyen al financiamiento de organizaciones terroristas del medio oriente (y disculpen la insistencia con este punto).

Venezuela ya no como país “aliviadero” sino como base operativa, estable y consolidada (que creemos que ya lo es, desde hace años).

3. Aumento de la ofensiva mediática progresista (internacional) contra Colombia, especialmente si Duque declarase la guerra al cultivo y producción de cocaína, y pidiese la ayuda de EE.UU.

Prepárense para una FEROZ guerra de opinión pública y propaganda que ya se desató, que se activó a los pocos minutos del triunfo del “derechista” Duque. Por allí anda rondando un maleante de la comunicación, Jon Lee Anderson, atentos a la incursión de este y otros chacales del periodismo progresista mercenario.

4. Multipliquen, por un orden de magnitud no menor a diez, toda esta ofensiva si López Obrador resultase electo como presidente de México, aunque es de esperar que se tome su tiempo para activarse (primero necesitará que Trump sea reelecto).

Duque frente al destino

Duque no solo deberá tomar una decisión de importancia histórica, la de seguir siendo candidato a la reelección y condenar a Colombia al destino de narconación, o la de dedicarse como presidente-estadista a la salvación de su país. Deberá también darse cierta prisa en hacerlo (¿se habrá preparado?), pues las elecciones mexicanas se llevarán a cabo el 1º de julio, y de ganar López Obrador este tomará posesión el 1º de diciembre y a partir de ese momento dará comienzo una cuenta regresiva.

A partir de ese momento, todo podría volverse más dramático para la causa de la libertad, en un rincón del planeta en donde no bastará un muro de aislacionismo miope, para contener amenazas que serán no sólo de orden regional, sino global.

Esperemos que Duque no termine siendo un mandatario sin proteínas como Macri, Piñera, o el defenestrado Kuczynski, “líderes” gelatinosos que uno no termina de entender cómo deben tomarse y masticarse, y si pueden suministrar algún aporte calórico a la lucha por la libertad. Líderes flácidos rodeados de asesores que les hacen creer que la política no es poder, sino “políticas públicas”, a esto agreguen otras plagas tecnocráticas como los encuestadores, que miniaturizan el mandato a la pusilánime dimensión de la popularidad.

[1] Artículo publicado originalmente como trabajo especial del equipo de redacción, el 20 de junio de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

miércoles, 30 de mayo de 2018

ALERTA COLOMBIA


Mañana se van a celebrar las elecciones presidenciales en Colombia, y este servidor se siente en el compromiso de exponer ciertas inquietudes sobre los candidatos y sobre el proceso electoral, las cuales trataré de exponer punto por punto, y con el mayor orden posible.

No insistiré mucho sobre el tema de Gustavo Petro y su más que obvio compromiso con el Foro de Sao Paulo y su agenda, Petro, es el candidato cubano y chavista a las elecciones de Colombia y su triunfo solo ahondaría el desastre, y digo “ahondaría”, porque los 8 años de Juan Manuel Santos en el poder ya fueron un desastre, y definen uno de los más vistosos retrocesos que se hayan podido observar en nación latinoamericana alguna en los últimos años, desde luego que la tragedia venezolana tiende a minimizar toda comparación, pero lo hecho por Santos es una obra de degeneración que deja al país postrado, y a las puertas de ser conquistado por “Venecuba” y sus aliados continentales e internacionales.

Colombia se encuentra fuertemente afectada por un fenómeno conjunto de narcotráfico, lavado de capitales, corrupción, élites decadentes y crisis económica, y cuánto puede haber influido en esto el auge de la producción de droga, es algo que nadie puede obviar sin caer en el ridículo.

Se debe hablar de auge: desde que llegó Santos al poder la superficie de los cultivos de coca aumentó de menos de 60.000 a más de 200.000 hectáreas, y la producción de cocaína pasó de 800 a 3.000 toneladas anuales.

La verdad es que demasiadas cosas recuerdan el camino a la decadencia emprendido por Venezuela hace ya 19 años, y a los que argumenten que Colombia no es Venezuela les tengo una mala noticia: podría ser peor, si se descuidan. Lo único que cambió en la historia de las dos naciones hermanas, es que Pablo Escobar siguió viviendo y pudo llegar al poder en Venezuela, pero cuidado, Colombia puede procrear fenómenos peores, de hecho, ha creado uno particularmente peligroso, y es la producción de drogas en paz y sin sobresaltos, producción cuadruplicada en medio de un proceso de pacificación celebrado por las naciones, hasta el reconocimiento del premio Nobel.

Peaceful coca, or coca is here to stay!

¿Será que los colombianos han dado con la fórmula políticamente correcta de producir cocaína con mucha menos sangre? ¿esa sangre que es lo único que le objetan los drogadictos gringos a la cocaína colombiana que consumen por toneladas, tal y como recuerdo haberle leído a Daniel Lara Farías, en un artículo que se titulaba “Teoría castrista del narco régimen”?

De hecho, las relaciones de Colombia con EE.UU. pasan por un examen que hasta ahora Colombia ha reprobado repetidamente: el examen de narcoestado. En los últimos años la superficie sembrada y la producción han aumentado vertiginosamente, y eso afecta directamente a los EE.UU. y a su sociedad. La gente pronto olvida que la preocupación número uno de los EE.UU. con respecto a Latinoamérica es el narcotráfico, para ellos esa es la mayor amenaza, por encima de cualquier otra amenaza geopolítica, y el que no sepa esto, no conoce los Estados Unidos.

De paso, Estados Unidos no debería subestimar que muchos grupos radicales de Oriente Medio, por ejemplo Hezbolá, se financian en gran parte y directamente del narcotráfico y actividades de lavado, y no solo en Venezuela y Colombia, es en toda Latinoamérica, desde Argentina hasta México, pero ese es otro tema.

¿Colombia en la OTAN? muy bien, este organismo internacional exhibe una curiosidad: dentro del grupo de sus "socios globales" ahora tendremos a los mayores productores mundiales de Opio (Afganistán) y Cocaína (Colombia), dejo al lector que saque sus conclusiones sobre esto, y sobre la validez de un anuncio hecho al final de un mandato, con preciso timing electoral. Pregúntense finalmente cuanto daño le ha hecho la OTAN a la producción de opio en Afganistán (también en auge), o lo que está pasando con un país verdaderamente miembro: Turquía. ¿Saben lo que me parece todo esto?, que el anuncio de Colombia es la confirmación del declive de la OTAN (lo denomino la “onunización de la OTAN”) declive que no le ha pasado desapercibido a Trump (mejor dicho, a sus asesores).

Los candidatos

Volviendo al tema electoral y terminando con el asunto Petro (porque a mí el que realmente me preocupa es Iván Duque) dudo mucho que en su caso siquiera pueda ocurrir el más mínimo deslinde post-triunfal, como ocurrió con Ollanta Humala en Perú, o con Lenin Moreno en Ecuador, si es que lo que ocurrió en Ecuador se puede llamar deslinde. (por cierto, Ecuador figura en la lista de “países prestigiosos” que avalaron los resultados de las recientes elecciones en Venezuela ¿hace falta agregar algo a esto?).

Mi preocupación se centra en Iván Duque, por el proceso por el cual fue escogido, y por el mensaje que transmite.

Iván Duque primero fue escogido como candidato del partido Centro Democrático en un proceso basado en encuestas, donde no se consultó a la base del partido (si, ha leído bien, el proceso quedó en manos de encuestas abiertas por eliminación progresiva. Increíblemente se entregaron a empresas encuestadoras que en Colombia han mostrado su bochornosa incapacidad predictiva, y su capacidad para ser “influenciadas”).

Finalmente, Duque termina siendo escogido como el candidato único de la “Gran Alianza por Colombia” (el movimiento electoral que supuestamente agrupa a uribistas, pastranistas, ramiristas y conservadores libres), en una consulta interpartidista ¡abierta a todo el electorado! que se efectuó el mismo día de las elecciones legislativas, consulta que resultó plagada de escandalosas irregularidades, por no decir sinvergüenzuras, como la del agotamiento prematuro de las planillas para votar, situación que no fue debidamente denunciada por las agrupaciones políticas afectadas, porque al final, Duque resultó vencedor por amplísimo margen (un margen inverosímil que los contendientes no tuvieron otra que aceptar).

En otras palabras, Iván Duque al final quedó ungido en un proceso abierto al enemigo, y controlado por la autoridad electoral del Estado, o sea, por el aliado del enemigo, y llegado a este punto perdónenme, pero no puedo concluir otra cosa: esto se trata de la peor ingenuidad posible imaginable, una especialidad del dúo Pastrana/Uribe, o de algo mucho más siniestro, donde cabe perfectamente hacerse la misma pregunta que se hace el periodista colombiano Eduardo Mackenzie: ¿Iván Duque es el escogido de quién?

Lo otro que no me gusta de Iván Duque es su mensaje sospechoso, que no es el de un liberal (para nada) ni siquiera el de un político de centro. Es el mensaje de un socialista bien maquillado, es un mensaje de “centroizquierda” en el mejor de los casos, y para ubicar su identificación política precisa, basta con apuntar que él mismo se define como “progresista”, y nombrar a sus permanentes referencias: Obama, Trudeau, George Soros, sin olvidar al personaje sobre el cual profesa su mayor admiración: El Papa Francisco.

“El lenguaje es el de un progresista de Suecia o de una democracia apaciguada…” tal como afirma el ya citado Eduardo Mackenzie.

De hecho, Santos y “la izquierda mamerta” [2] alabaron la escogencia de Duque en tonos para nada disimulados.

Se le podría objetar a todos estos razonamientos, que Iván Duque fue escogido -el personaje y su lenguaje- por razones “mercadotécnicas”, buscando un electorado que fuese el más amplio posible, y aquí entra mi duda: ¿Dónde queda el capital político mayoritario y entusiasta, que quedó a la disposición luego del triunfo del NO en el plebiscito de 2016 sobre los acuerdos de paz, proceso en donde, una vez más, las encuestadoras salieron con las tablas en la cabeza?

Mis temores

Temo mucho el poder de compra del Estado colombiano y de muchos de sus socios, entre los cuales, el más generoso en recursos son las FARC. [3]

Temo mucho la fragmentación del electorado colombiano, la cual quedó expuesta en las elecciones legislativas del 11 de marzo, donde justamente el Centro Democrático obtiene un resultado incongruente con el mismo resultado obtenido por su candidato Duque en la “Gran consulta por Colombia”, o sea en las primarias interpartidistas abiertas donde participaron también Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez.

(Siendo este último vapuleado malamente como era de esperarse, al tener a “todos en contra”, algo lógico tratándose del candidato más firmemente contrario al proceso de paz, la injerencia cubana, el Foro de Sao Paulo, y la deriva degenerativa en la cual ha entrado la sociedad colombiana).

Para este servidor, el triste final de Alejandro Ordoñez es la demostración de que Colombia, sea cual sea el resultado, se dirige directamente hacia un proceso oligárquico de consenso político y estamentario, lubricado por el narcotráfico y su industria de lavado y legitimación, y esto es lo peor que podría ocurrir tomando en cuenta que la coyuntura por la que pasa la sociedad colombiana, exige definiciones precisas para contrarrestar, en forma sólida e inequívoca, el asedio al cual está siendo sometida desde que Juan Manuel Santos llegó al poder y comenzó la obra de erosión institucional.

Por último, temo mucho del sistema electoral colombiano, de cuya pulcritud se duda mucho y con toda la razón, luego de los embrollos y pillerías ocurridas durante las elecciones legislativas, en donde sigue siendo sospechosamente alta, la cantidad de irregularidades y la cantidad alarmante de votos nulos y votos en blanco, patrón fraudulento que ya se viene repitiendo desde hace un tiempo.

Desde luego, habrá que votar por Iván Duque, y no pueden quedar dudas en cuanto a esto, pero la sociedad colombiana deberá permanecer muy atenta.

Como se decía en otros tiempos ¡Que Dios nos agarre confesados!

 [1] Extracto del artículo publicado originalmente como trabajo especial, el 26 de mayo de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).

[2] Mamerto: término denigrante que en Colombia designa a los izquierdistas, especialmente a los comunistas.

[3] FARC: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, la más famosa y “legendaria” organización comunista de ese país, que demostró toda su “versatilidad” al desempeñarse con eficacia letal en las artes de la guerrilla, el narcotráfico y el terrorismo. Versatilidad que quedará certificada con su ascenso a partido político del statu quo. Este proceso de consagración, fue el principal objetivo del proceso de paz emprendido por Juan Manuel Santos con la colaboración total de Cuba.

20 de mayo de 2018, se despeja la ruta


“A partir del lunes se despeja la ruta”
María Corina Machado, 18/5/2018

Mañana serán las elecciones presidenciales, desde luego no entraré en el tema de su ilegalidad o ilegitimidad pues para este servidor ambas se perdieron al suprimirse en forma incalificable la Constitución de 1961. No reconozco a ningún presidente ni autoridad posterior a ese hecho, incluyendo los opositores, a los cuales considero tanto o más traidores a la república que los propios chavistas.

¿Qué pasará? El ganador no tiene importancia, es más, estas elecciones son las menos importantes en mucho tiempo, porque otras son las certezas que determinaran el curso de los acontecimientos.

Pocas pero muy importantes certezas, y cualquier cosa que vaya a pasar, deberá tomarlas en cuenta.

1. Tanto Maduro como Falcón, no importa quien gane, serán presidentes provisionales y transitorios, pues dependerán de lo que decida la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

2. La ANC dependerá a su vez de lo que decida el poder militar, y desde luego de lo que se decida en Cuba, en última instancia.

3. La permanencia de Maduro dependerá de que se juzgue o no concluida su misión, misión de destrucción del aparato productivo y de transformación de la sociedad en precariado, para poder avanzar hacia el Estado comunal cuando la ANC con anuencia militar y cubana, lo decida.

4. La eventual permanencia de Falcón como “presidente”, dependerá de la relación que sostenga con la ANC y con los militares, solo se le dejará actuar en esa medida, y de todos modos su actuación será temporal en vista de la transitoriedad constituyente, ¿qué terminará por hacer Falcón? ¿Negociar con el poder y así permanecer dentro del sistema político chavista incluyendo todos sus factores de poder (cumpliendo con el objetivo de sus promotores y financistas)? ¿o se “sacrificará heroicamente” para convertirse en la punta de lanza (de plastilina) de una oposición más desprestigiada que nunca, atascada en el callejón sin salida que ella misma creó por años, y colonizada igualmente y a su vez por hampones de marca mayor comenzando por Luisa Ortega y Miguel Rodríguez Torres?

(Años sin nombrar a Cuba, sin hablar de dictadura, sin mencionar a los militares, promoviendo alegremente elecciones… este es el país irreal que micropolíticos y formadores de opinión crearon incansablemente por 19 años, y en el cual quedamos entrampados todos).

5. Las elecciones seguirán, nos ahogarán en “elecciones democráticas” tal como lo han venido haciendo desde el principio, y al promulgarse la nueva constitución se convocará a mega-elecciones para renovar todos los poderes. Si Falcón se somete a la ANC, gane o pierda en las lecciones, se le presentará la oportunidad de ser el referente de la oposición oficial en los años por venir, debilitada como habrá quedado la oposición “frentista” o “mudista”, y con una posibilidad para nada imaginaria de poder montarse en el juego de una “alternabilidad democrática” carente de todo riesgo, para el sistema de poderes mafiosos que se ha instaurado, y atornillado, en Venezuela (Venecuba).

Aquí nada impide que se instaure en la narco-nación venezolana, un sistema consensuado de “comunismo versátil” que contemple la pluralidad partidista, al ser todos los partidos narco-partidos, y todas las instituciones narco-instituciones, y entre todos totalmente dispuestos a no tocar ni molestar al poder militar, el poder supremo.

Una vez más recordaré el ejemplo de Nicaragua en donde a Daniel Ortega I, le sucedió Violeta Chamorro (sandinismo originario), después llegó Arnoldo Alemán (empresario liberal, noveno en el ranking de los jefes de estado más corruptos de la historia según transparencia internacional) y luego Enrique Bolaños (tan bueno como presidente que le sucede el mismo Daniel Ortega II, permitiendo el regreso del sandinismo al poder).

¿Y qué está pasando actualmente en Nicaragua? Que luego de 11 años de Ortega en el poder, la explosión de descontento y protestas populares terminaron siendo atajadas por la iglesia, y ahora tenemos a los obispos promoviendo el “dialogo nacional”.

“Dialogo nacional” al cual convocarán en Venezuela sea quien sea el ganador en las elecciones de mañana, y nadie podrá negarse, es más veremos corriendo a más de uno tras ese diálogo, comenzando por más de un desenchufado que a regañadientes quedó como la guayabera [1], y más de una nación americana/europea (no solo las “bolivarianas”) hará lo mismo, especialmente si el ganador resultara ser Falcón, pueden apostarlo.

EE.UU. y otras naciones desconocerán el resultado, pero no moverán un dedo en cuanto a la posibilidad de una intervención de fuerza, por los momentos. Ya por los lados de la Unión Europea, su alta comisionada Federica Mogherini invocó graciosamente la mediación cubana para impulsar un “diálogo político”. En cuanto a Trump, no me cansaré de repetir lo obvio, lo que está a la vista, y es que al “Trump interventor” lo veremos, si acaso, después de su reelección en 2020.

Es cierto, a partir del lunes quedará despejada la ruta hacia el chavismo total, tanto de gobierno como de oposición.

Algún día tendremos oposición, a pesar de la sandez infinita de caer, una y otra vez, en el juego del enemigo.

[1] “Como la guayabera”: dícese de alguien que ha quedado “por fuera”, tal como se debe llevar esa prenda de vestir.

Artículo publicado originalmente el 19 de mayo de 2018 en la antigua página de “La Cabilla” (lacabilla.com).


martes, 3 de abril de 2018

El negocio de la conspiración en Venezuela (El Minotauro Militar, parte 3)



La conspiración “cívico-militar” ha sido una constante en la historia de Venezuela, en la fuerza armada nunca se detuvo, ni siquiera durante los 40 años de supuesta “paz civilista” desde 1959 hasta 1999, un gran libro (o enciclopedia) que exponga la historia de las conspiraciones en Venezuela sería de gran utilidad, para comprender los mecanismos ocultos detrás de cada intento y no se trata de un contagio de “conspi-paranoia” afectando al redactor, porque el conspiracionismo degenerado en paranoia, es otra cosa, es como aquellos hombres que veían por primera vez un automóvil y lo revisaban buscando donde andaba metido el caballo.

Sobre el tema de la conspiración como una constante histórica se desconoce demasiado, y eso nos condena a un permanente infantilismo en la interpretación de ciertos hechos del pasado y del presente. Nos impide visualizar, por ejemplo, la componenda permanente entre la derecha (gomecista, post-gomecista y no solo) y los comunistas, en contra de la democracia. Si pudiésemos superar esta infancia forzada, veríamos como existe un proceso de posguerra que comienza con Medina Angarita y con el Partido Comunista Venezolano en 1945, para después seguir un curso subterráneo poco estudiado, que vuelve a aflorar en las vicisitudes que desembocaron en el golpe de estado de 1993 contra Carlos Andrés Pérez. Hay gente que no entiende, cómo es posible que los Boulton apoyaran tanto a Chávez para llevarlo a la presidencia, hay gente que no entiende que los Vollmer anden de carantoñas con Maduro, esa gente que no entiende, son como niños.

Pero la historia de la derecha venezolana acostándose con comunistas para tratar de acabar con la “democracia puntofijista” y sobre todo con un demonio llamado Rómulo Betancourt y lo que consideran su obra (que en realidad termina en 1969, pero eso nunca se recuerda), esa otra historia, de paso historia de alto tenor conspirador de parte y parte. porque también se “nos olvidó” que la insurrección de la generación del 28 no fue solo de estudiantes, había militares “compañeros de generación” incluyendo un hijo de López Contreras, metido en la candela, esa historia dista mucho de haber sido contada a plenitud.

El Doctor Enrique Tejera París, que conocía la historia por haberla hecho en muchas partes, en conversaciones personales que sostuvimos durante un tiempo, me iluminó sobre el tema y me iluminó también sobre el aspecto “folclórico” de la conspiración, aún recuerdo sus relatos sobre cómo es la dinámica de los grupos golpistas, como pululan, y como se multiplican milagrosamente el día del golpe, sus codazos en la repartición inminente, las intrigas y sorpresas que cunden al “destaparse los gallos”.

Sobre el tema, hablaba alguien que vivió plenamente cinco golpes: 1945, 1948, 1958, 1993 y 2002, y aún recuerdo vivamente cuando llega a la conclusión de como el golpismo degrada, de gesta emancipadora a simple negocio, a simple “chamba”, siguiendo un proceso inexorable de mediocrización en los hombres, algo que pudo constatar sin sombra de duda, en los últimos años.

Los golpes, el genuinamente revolucionario de 1945 y el genuinamente conservador de 1948, el golpe democrático del 58, el golpe esperpéntico de 1993, y el golpe vacío, vacío de todo de 2002, nos muestran la paulatina degeneración de la clase política y militar en Venezuela.

No es objetivo de este artículo hacer un análisis de estos golpes (aplicando conocimientos de historia para los tres primeros y de patología para los dos últimos) sino más bien exponer la situación actual. El que quiera buscar paralelismos, convergencias o divergencias será bienvenido, pero para este servidor están claras dos cosas: que la degeneración militar y política, y el tipo de poder incomparable establecido por la empresa trasnacional chavista, hacen muy difícil cualquier ejercicio de anatomía comparada.

Los golpes del 45, 48 y 58 fueron con hombres que bien o mal, cualquiera de ellos pasaría por estadista comparado con las miniaturas actuales, y los movimientos que los impulsaron obedecían a un plan de nación, nos gusten o no nos gusten.

Los golpes del 93 en adelante son golpes de decadencia, en todo sentido, primero la decadencia de un país encantado con la reaparición del minotauro militar, y en 1993 se manifiesta también la decadencia senil y momificada de algunos que de los golpes anteriores habían salido beneficiados.

LA BABEL DEL 93

1993, más de sesenta años de rentismo y en descomposición acelerada en los últimos veinte no son una broma y dejan una secuela de esterilidad profunda que se manifiesta en el proceso de lumpenización de la sociedad, comenzando por sus élites. Pero además los hechos de 1993 muestran una vez más, la complicidad eterna de una élite de derecha enemiga histórica de la democracia y sobre todo del “proyecto adeco”, con el comunismo: me refiero a “los notables”, los tontos útiles más tontos de la historia, y no son los únicos, de hecho, las intentonas del 92 y el golpe del 93 se dan en medio de una situación donde no hay unificación conspirativa en lo ideológico, lo del 93 fue una babel que solo funcionó para desalojar al único enemigo en donde pudieron ponerse de acuerdo: Carlos Andrés Pérez.

2002, EL VACÍO DE PAÍS

El 11 de abril de 2002 y los días siguientes, fueron de suicidio colectivo a escala nacional, en medio no de un “vacío de poder”, sino en medio de un vacío de país, en donde el país militar, el país civil, el país político, el país de cualquier estamento, ninguno de ellos fueron alternativa de poder, y solo fueron la expresión de una carencia aterradora de cualquier cualidad y de cualquier talento, hasta para poner orden en sus propias decadencias.

El golpe de 2002 le confirmará a Chávez la certeza de la perenne debilidad civil, en donde la sociedad civil -si es que eso se puede llamar así- se presenta fracturada y sale molida: Fedecámaras en su trama, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) en otra, y los partidos en ninguna, con la iglesia pontificando sobre purezas sucesorales, los poderes públicos cobijados en sus madrigueras, a la espera de anotarse a ganador, y el río de gente de horas antes, esfumado su caudal como en un espejismo.

En cambio en la fuerza armada no hay molienda, hay sí, tiburones luchando por encontrar agua en la cual nadar, hay generales en perplejidad y generales desubicados y generales muy bien ubicados. La casa militar presidencial, intocada y monolítica, es el signo más alentador, finalmente, aparecerá el rey mago del sincretismo militar, Raúl Baduel, resucitando a Chávez al tercer día.

El conteo de cañones impide que alguien se le atraviese y todo habrá ocurrido casi que de principio a fin, puertas adentro de una “casa club” que sale del trámite con los aporreos menores típicos de las rumbas que se descontrolan, de hecho, las reales posibilidades de fractura se comprobarían después en el patetismo teatral de Plaza Altamira, donde se demuestra que la comparsa insurgente tanto le preocupa al poder, que no interrumpe la función y la permite por meses para poder cosechar toda la información que necesitaba, y en medio de esta farsa, que de increíble tiene el hecho de no haberle parecido una ridiculez a “gente avezada” que se supone con cacumen, en medio de la farsa, el bendito sector “institucional” será como una sombra en noche sin luna, en una cueva: si existe, es un secreto demasiado oscuro…

La peripecia del 2002 le confirma a Chávez que todo el trabajo de establecimiento de su poder, de su consolidación, es un trabajo que deberá seguir haciéndolo en la fuerza armada: los civiles, no tienen remedio.

Once años después, la fuerza armada será su legado.

LA FUERZA ARMADA, EL VERDADERO LEGADO DE CHÁVEZ

La fuerza armada nacional bolivariana es la obra más acabada de Hugo Chávez, es su verdadero legado y es la resultante de un largo proceso de convergencia -que el chavismo encuentra natural- entre el militarismo político venezolano y el sistema político militarista por antonomasia: el comunismo, el cual transforma a sus líderes en comandantes, a las sociedades en ejércitos, a los ciudadanos en tropa y consagra un estado de guerra permanente.

El supuesto fenómeno del descontento militar reapareciendo en estos días, no puede evaluarse en forma completa si se prescinde del hecho que la fuerza armada también se ha convertido en una confederación de mafias (que es lo constituyente en el Estado chavista) y que esta confederación no es ajena a la guerra entre bandas que observamos en el sector civil, con pugnas que apenas se logran disimular y hasta deserciones clamorosas. El caso reciente y muy ilustrativo del mayor general retirado Clíver Alcalá Cordones, por la naturaleza del personaje y su historial, no implica descontento militar, sino guerra “con cuartel” dentro de un sindicato del crimen.

Estas mafias militares son intocables y han acumulado riqueza y poder no por abuso, sino por designio supremo del Estado chavista cuya constitución de 1999 eliminó el requisito de la autorización civil para los ascensos a oficiales superiores y les otorgó el privilegio del antejuicio de mérito, eliminó la prohibición del ejercicio simultáneo de la autoridad militar y civil, eliminó el carácter apolítico y no deliberante de la institución militar, concedió a los militares el derecho al sufragio, y lo más importante, estableció una doctrina de seguridad de la nación y defensa integral, que debe regirse por el principio de “corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil”, el cual debe ejercerse sobre “los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar”. [1]

Esta doctrina, al convertir todos los ámbitos de desenvolvimiento y desarrollo de la nación en asuntos que conciernen la seguridad del Estado por “corresponsabilidad y defensa integral”, se convierte en la base constitucional de la unión cívico militar, del tutelaje militar de todos los poderes, de la militarización del Estado por deber de “seguridad nacional”, justificando la conversión de todo asunto de orden público en un asunto de orden interno (toda alteración de la paz ciudadana es un complot contra el Estado). De paso, respalda toda la actual doctrina militar de “guerra popular” prevista en el “Plan Zamora”, supuesto preámbulo de la futura “ruptura histórica” derrotando al enemigo interno.

Esta doctrina por lo amplio e ilimitado de su alcance es la base del Estado totalitario chavista, el cual es, un Estado militarizado.

LA FUERZA ARMADA, EL GRAN EMPORIO FLORECIENTE

La fuerza armada (FA) en Venezuela, no solo se ocupa de su deber tradicional, de hecho también gobierna, y lo hace con militares activos en rol de ministros y directores sectoriales. Considerada en conjunto, conforma el principal núcleo empresarial, público y privado, legal e ilegal del país. Y hay algo más, algo que se obvia con torpe, irresponsable o sospechosa facilidad: no es la única fuerza armada.

La FA gobierna y se ha hecho con el sector “público-legal” es así como el ejército controla nueve de los catorces ministerios relacionados con el área económica y de infraestructura. Un mayor general de la guardia nacional bolivariana (GNB), es ministro de Petróleo y presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), son militares desde luego, los que dirigen la también estatal “Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas” (CAMIMPEG), adscrita al ministerio de la defensa, desde el cual se manejan además otras diez empresas que aportan al “desarrollo económico” de la FA, por lo tanto, se encuentran en manos militares los sectores que generan la renta tradicional del Estado venezolano.

La realidad de estos últimos años, de destrucción acelerada del mercado y creación simétrica del gran precariado nacional, nos revela que a los militares le corresponderá la administración, la importación y la distribución de los productos, sobre todo alimentarios, para atender al grueso de la población. Emporio en donde los militares actuarán con sus necesarios testaferros y contratistas civiles, pero será un negocio militar. Y no está de más recordar, que el ministro de la defensa el general en jefe Vladimir Padrino, es también el jefe de la “Gran Misión Abastecimiento Seguro” y que otro militar activo, es el ministro del “Poder Popular” para la alimentación.

Y también está siendo controlada por militares, el buque insignia del Estado rentista: PDVSA, la salida de Rafael Ramírez no es por guerra interna (que si existe) pero corresponde a la determinación estratégica de asignar PDVSA a la fuerza armada. Es la culminación de una transferencia que involucra a todo el sector minero. El valor de la empresa transnacional chavista tiene como únicos respaldos materiales, los recursos minerales y la favorable ubicación geográfica del territorio, por lo tanto, no debería costar tanto entender que el sector militar es el llamado a defender y salvaguardar los intereses del Estado privado chavista y sus socios internacionales.

En el sector “privado-ilegal” la existencia de mafias militares dedicadas al narcotráfico y a cualquier otro tráfico, desde armas hasta combustible, incluyendo tráfico humano y otras actividades ilícitas, ya se ha vuelto tradicional y estructural, porque incluso data de antes de la llegada del chavismo al poder.

Y esta actividad económica portentosa, necesariamente se extiende a cuantiosas inversiones pseudo legales de legitimación de los capitales provenientes de sus “emprendimientos” y socios externos como la "Ndrangheta" (la mafia más rica y poderosa del mundo), los cuales por cierto, incluyen medios de comunicación y partidos políticos, sean sumisos al Estado o en apariencia independientes o de oposición.

MADURO, EL GRAN SEÑUELO

Nicolás Maduro es un encargado, debe ejecutar sin vacilación un trayecto crucial dentro de la precisa planificación del Estado chavista, no debe arbitrar, no debe meterse en ninguna confrontación interna, ni civil, ni militar, no es su tarea, y la selección es acertada, porque a la postre Maduro no es ni civil ni militar, no es civil por lo interiorizado de su disciplina y no es militar por no haber sido iniciado en un templo castrense. Y si llegase a caer por una razón u otra, sobre todo al determinarse que su asignación se ha cumplido, su salida de Miraflores (sin dolientes y costo para la FA) será el sacrificio de un peón, no el jaque mate que algunos candorosos bobalicones creen.

NO ES FUERZA ARMADA, SON LAS FUERZAS ARMADAS

Anteriormente, antes de la llegada al poder del chavismo y la imposición ilegítima de la constitución de 1999, a la institución militar se le denominaba oficialmente “fuerzas armadas nacionales” porque constaba de 4 fuerzas, hoy en día, se le debe llamar “fuerza armada nacional”, en singular, y las fuerzas ahora son “componentes”.

Sin embargo, se debería seguir usando el plural de “fuerzas armadas”, porque en la actualidad es lo que verdaderamente corresponde con la realidad de los distintos grupos armados al servicio del Estado: en Venezuela no existe una única “institución armada”.

Y para poner un ejemplo significativo, el general Miguel Rodríguez Torres fue eyectado del ministerio de “Relaciones Interiores, Justicia y Paz”, al final de una trama sangrienta, la del 2014, en donde todos los ejecutores no están bajo su control, y pierde finalmente en su enfrentamiento contra una o más de estas fuerzas armadas, en particular los “colectivos”, demostración del poder de estos grupos y demostración de que hay fuerzas que gozan de un amparo que ni el más inescrupuloso esbirro devenido en ministro, puede contrastar.

Estas otras fuerzas armadas, constituyen el sector supuestamente popular del “pueblo en armas”, preparado para algún día participar de la “guerra zamorana” contra el enemigo interno, el enemigo histórico, porque esa guerra deberá hacerla “el pueblo junto a la fuerza armada” ¿y por qué debe ser así? porque será el paso indispensable para consolidar el estado espía, el estado policial, el estado de terror (y ese es en el fondo el verdadero objetivo).

A propósito, ya vimos otra pequeña demostración durante la masacre de El Junquito, donde Oscar Pérez y su grupo fueron ajusticiados y en donde ambos sectores, militar y miliciano, se presentaron en el “teatro”, no sin ciertos choques (inevitables entre manadas hamponiles) los cuales no suponen otra cosa que una disputa entre verdugos, de lo que debía ser una ejecución pública.

Por cierto, estas “fuerzas armadas” pluralizadas, según el parecer de algunos estudiosos del tema, no deben llamarse paramilitares sino “milicia”, porque no actúan con autonomía operativa, sino que son emanaciones leales y obedientes de un Estado militarista-mafioso, y en muchos casos, han recibido entrenamiento terrorista importado por ese mismo Estado: de Cuba, de Colombia, del País Vasco, del Medio Oriente, etc.

¿MILITARES CONTRA MILITARES?

Lo primero que debe quedar claro, es que tenemos una fuerza armada instalada en el poder como nunca en la historia, rica y poderosa como nunca en la historia y rodeada de otras fuerzas amigas nacionales e internacionales, que disfrutan también de un sueño hecho realidad, como es el de un Estado petrolero, abierto y promiscuo, convertido en un santuario que cobija y nutre a terroristas, guerrilla, mercenarios, cuerpos armados del crimen organizado (mafias y carteles), del hampa organizada (colectivos y pranes), paramilitares, etc, etc, sin distingo de raza, condición social, religión, nacionalidad, estatus político y tendencia criminal.

Ante esta realidad que nadie puede negar o subestimar, algunos pronósticos alucinados por parte de ciertos “conspiradores mediáticos del golpismo”, en los cuales se anuncia que “se caerán a tiros entre ellos”, además de demostrar total ignorancia sobre lo que menos desean los militares en su vida, implica un incompetente desdén hacia lo obvio, porque si llegaran a liarse en algún episodio de “ajuste de cuentas” pueden apostar que será por sus negocios, por un reparto de botines y territorios. Francamente, si algo denota torpeza de entendimiento, hasta de lo más elemental, de lo que está a la vista, es esto.

Además, estos supuestos sectores civiles de un posible golpe militar “institucional” no puede ser más improbables, porque al presentarse como se presentan, sin mostrar sobriedad, prudencia, discreción, inteligencia ni RESPONSABILIDAD, no puede ser tomados en serio. Este es un tema relacionado con el negocio de la conspiración que se tratara más adelante.

Lo que viene haciendo la administración Trump, dándole señales de luz verde a los militares venezolanos para un golpe, es super tardío, y demuestra que no han terminado de entender el meollo del poder en Venezuela. De paso, es de esperar que no sean ciertas algunas informaciones que afirman que, en ciertas esferas, se cree que Diosdado Cabello o incluso un espécimen como Jesús Suárez Chourio son ganables o aprovechables para la causa, esta sería la confirmación de una profunda confusión, y muy probablemente de que los promotores de estas “ideas” han caído en el negocio de la conspiración, o se han convertido sin quererlo, en su principal promotor.

EL NEGOCIO DE LA CONSPIRACIÓN

El negocio histórico de la conspiración me fue revelado y hasta con derroche de exquisito humor, por el doctor Enrique Tejera París y otro personaje más cuya identidad no puedo revelar, pero que igualmente se trata de alguien conocido y respetado (con merecimiento). Los relatos se remiten al pasado y al presente, y coinciden en forma sorprendente: se trata sin duda alguna, de un método decantado en el tiempo y de comprobada eficacia.

Desde hace unos años campea este particular negocio, y desde hace unos meses ha tomado fuerte impulso sobre todo en ciertas mecas del exilio como Miami y Bogotá, es un negocio del cual se aprovechan militares activos, retirados, e intermediarios civiles, todos beneficiarios de la generosa obra de tontismo útil a la cual se prestan periodistas “prestigiosos” de la fuente militar, “militarólogos” de agudeza pulidamente obtusa y “halconólogos” que pretenden demostrar que cada you're fired de Trump, es un paso previo decisivo para activar la operación “Just Cause 2” contra el Noriega venezolano.

La acción de estos tres grupos comunicacionales bastante influyentes en la desamparada opinión pública, resulta indispensable para crear el “clima”, el “ambiente de caída” ese que mucha gente llega hasta a oler y a “sentir”, y que impulsa a la clarividencia espontánea del “aquí va a pasar algo”.

Pero ¿en qué consiste el negocio de la conspiración? pues en confeccionar y vender tramas conspirativas y golpistas cuyo balance entre realidad y ficción puede ser variado y variable, de acuerdo con el gusto de los eventuales “financistas” y “promotores” destinados a ser estafados, y la calidad y abundancia de los rumores.

Los “financistas”, que bien podrían llamarse “los venados” en lo que podría describirse como una cacería de gente u organizaciones incautas, sobre todo del exterior, deben cumplir con dos condiciones: dinero y credulidad en abundancia. Y esto de conseguir crédulos boyantes con algún “afán de gesta” es sencillo, porque se pueden avistar y atraer con cierta facilidad en ciertos hábitats opulentos, lo cual constituye uno de los atractivos principales que ofrece el mercado para esta actividad, sobre todo si se organizan en la ciudad “correcta”.

Una constante en los tramas que cuidadosamente tejen para timar a sus víctimas, es que siempre hay abundancia de rangos militares, abundancia de guarniciones, abundancia de cañones, abundancia de tropas y… escasez de dinero.

El negocio es curioso porque casi siempre debe contar con colaboradores intermedios que deben creerse lo de la trama, y que generalmente son premiados con la promesa de una colocación en “la junta” u otras prebendas futuras, y después de creerse eso también, hasta cooperan ad honorem con los estafadores en la operación de búsqueda, ubicación y raqueteo de “los venados”, porque también creen que el dinero recolectado será destinado a una noble causa, lamentablemente existe gente así, y con sabiduría muy venezolana, pasan siempre por parecer gente “enterada”, perspicaz y sagaz.

Hasta aquí, el negocio podría pasar por un ejercicio muy condenable de viveza y de talento para el fraude, pero en realidad produce un daño, y cumple, a sabiendas o no, una verdadera función de saboteo del verdadero esfuerzo de oposición, resistencia y conspiración contra el Estado chavista, al crear distracción, confusión, desprestigio, desaliento, desconfianza, dispersión, para no hablar de la facilidad con que estas bandas de “conspi-estafadores” son infiltradas, o incluso creadas por el enemigo.

Porque de eso muchas veces se trata este negocio.

UNA CONCLUSIÓN DESALENTADORA Y ALENTADORA

El “material humano” más a la mano para poder conspirar, no ha mejorado nada desde 2002, de hecho, ha empeorado hasta un punto de coagulación cognitiva y oportunismo ramplón, que este servidor en muchos casos considera irreversible.

Si por fin llegáramos a la conclusión de que el país ya no existe, y el 2002 lo certificó en forma abrumadora, todo plan de verdadera conspiración ganaría en claridad y precisión. Sonará terrible, pero la lograda y prolongada inexistencia del país, otorga un montón de ventajas aprovechables. La consistencia de la anomia siempre es blanda...

Pero aprovecharse de esa “blandura ventral” requiere de un tipo de inteligencia que, en todos los predicadores de golpes e intervenciones, y en todos los vendedores de paquetes conspirativos, brilla por su ausencia.

Por ahora.

[1] Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, capítulo II de los principios de Seguridad de la Nación, artículo 326.

@FBoccanera


¿Comunismo o populismo? Un ejercicio de sospecha



El problema de las clasificaciones y etiquetas en política parece un problema insoluble y sobre el cual se pueden cometer errores, pero el máximo error sin duda ocurre, cuando pudiendo disponer de clara evidencia para decir que alguien es comunista, se opte por llamarlo “populista”, es un error tan peculiar que me parece sospechoso.

Y es lo que ocurre, por ejemplo, cuando la politóloga de fama internacional, Gloria Álvarez Cross, acusa de “populista” a alguien como Gustavo Petro, a un comunista molecular como Gustavo Petro, el verdadero candidato de las FARC (de paso ungido finalmente por obra y gracia de un oportunísimo infarto, que providencialmente ocurrió en alguien que notoriamente no tiene corazón).

Este servidor tiene sus clasificaciones políticas, que intentan evitar etiquetas que poco ayudan y mucho confunden, por ejemplo, trato de desdeñar las de “socialdemocracia” y “socialismo real”. Usar la etiqueta “socialdemocracia” aplicándola a partidos que son socialistas, es un error, y sobre aplicar la etiqueta “socialismo real” a lo que es comunismo, ni hablar.

Pero esto no se detiene aquí, hay errores más insidiosos que representan un triunfo, un triunfo rotundo e histórico para la izquierda, sea socialista sea comunista, un triunfo de propaganda perdurable que, serenamente y hasta orgullosamente, ha sido adoptado por los afectados. Este triunfo consiste en haber logrado colocar a todos sus enemigos en “la derecha”, un gran éxito dialéctico sin duda alguna, pero la dialéctica en la izquierda es una trampa, casi siempre.

Es así como al fascismo, que es socialismo nacionalista, lograron colocarlo a la derecha, y no contentos con eso, lograron apresar al mismo liberalismo [1] en la derecha, y esto, con la colaboración entusiasta de muchos liberales, con vocación de fitófagos hipocalóricos.

Al conceder que al fascismo se le llamase “de derecha”, se otorgó una licencia ilimitada que terminaría por poner al liberalismo en el mismo campo de concentración, y mezclarlos sin que a nadie -o casi nadie- se le revolviese el estómago al ver como se juntaba lo más antiliberal con lo liberal, los que endiosan al Estado, con los que más lo detestan, es así como los liberales terminaron mereciendo el escupitajo condenatorio de “facha”.

Liberales, conservadores, fascistas, todos son de derecha ¡misión cumplida!

Y con respecto a la derecha, se volvió inútil repetir que la derecha, puede ser liberal y antiliberal, y ambas corrientes tienen su historia, legítima. Cuando ocurrió la igualación derecha=fascismo por alguna razón quedó relegada la constatación real de que cierta derecha, a pesar de ser tan antiliberal y anticomunista como el fascismo, no puede ser equiparada con el totalitarismo intrínseco del fascismo, que siempre incluye la demolición revolucionaria del cosmos anterior, del cosmos burgués, para sustituirlo con otro, que de "tradicional" solo tiene una pretendida conexión mitológica con pasados imperiales y "espacios vitales". 

El liberalismo moderno, que tiene a la república como forma de gobierno, y a la democracia como forma de estado, y a la economía de mercado no solo como modo de producción sino como modo de realización de la libertad, también busca ese mismo "orden" tan apreciado por la derecha, pero un orden que debe construirse en la misma sociedad: por eso no sataniza el conflicto, lo ventila, lo enfrenta y lo resuelve abiertamente, porque lo procesa y lo metaboliza precisamente como una manifestación de libertad, ese liberalismo por lo tanto no es, esa derecha a la que le aterra todo conflicto, porque puede ser semilla de revuelta, ni es esa izquierda que usa el conflicto como herramienta para llegar al poder, y luego monopolizarlo desde el Estado.

El liberalismo clásico coloca en la sociedad y en el individuo (en ambos), la responsabilidad de la libertad, porque desea una distribución del poder, donde el Estado es un servicio público. El liberalismo es la doctrina que limita la libertad del Estado.

Pero aterricemos de una buena vez en el populismo, que de doctrina solo tiene su cualidad de disfraz, de método astuto, y para decirlo sin rodeos, de truco, un truco perteneciente a la familia de los trucos de enamoramiento, de hecho, hay algo de populista en todo cortejo, quizá de allí derive su eficacia: tiene una base “antropológica” por decirlo de algún modo.

El populismo como definición, como etiqueta, es una invitación a la confusión si se le desea clasificar ideológicamente, por eso me quedo con esta definición que he ido construyendo con el tiempo, que apunta a lo más importante, a lo que debe quedar claro, sin equívocos:

El populismo es una actitud política primitivamente seductora, que se presenta como salvadora y redentora del pueblo, y aplica como estrategia la demagogia, o sea, la conquista de la popularidad halagando a la masa, manipulando sus emociones, explotando sus prejuicios, y exaltando en modo fantasioso las supuestas virtudes del líder, sobre todo las inexistentes.

El populismo transforma la política en una actividad sentimental y mesiánica, cuya misión de dirigir y pastorear al pueblo hacia “la felicidad”, es un engaño colosal.

Y puede ser usado por cualquiera, lo puede usar tanto un Chávez como un Berlusconi, por lo tanto, al despacharlos como populistas, nos quedamos en las mismas, saber que son populistas no nos ayuda, en cambio averiguar cuáles son sus verdaderas intenciones y denunciar sus ejecutorias reales, concretas, es lo único que debería importarnos. Es aquí donde el envoltorio “populista” solo sirve para miopizar y confundir, de hecho, aplicar (o aplicarse premeditadamente) el término “populista”, es una argucia básica de muchos populistas.

Por eso evito usar la etiqueta populista, incluso cuando aplica, incluso cuando aplica descaradamente.

El comunismo que nos atañe, a Venezuela, a Colombia, y no solo a estos países, es una versión actualizada y optimizada, la cual denomino “comunismo versátil”, y que he descrito en otros artículos, un comunismo capitalista al que verdaderamente solo le interesa hacerse con el poder para no volverlo a soltar, y puede usar, manosear y manipular cualquier cosa, incluso cosas sagradas, para lograr su objetivo. Despachar a este comunismo con una etiqueta superficial como “populismo”, es hacerle un favor, un gran favor.

En Venezuela estamos enfrentando un comunismo militar-mafioso-transnacional, que privatiza al Estado y transforma al capitalismo en privilegio del poder [2], y que se puede sentir muy cómodo criando burguesías de conveniencia, pandillas elitescas y chusmas endiosadas que lo ayuden en la tarea hegemónica, un comunismo que incluso es capaz de simular organizaciones civiles, y hasta partidos, para mostrar lo que no hay, y a los cuales se les exige adaptación y complicidad para comprometerlos.

Un comunismo que puede crear dos circuitos económicos, uno para atender al precariado y anularlo como sociedad, y otro para hacer prosperar su Estado privado, traficante, delincuencial, criminal, y convertirlo en modelo exportable, en un germen patógeno de fácil contagio y cura desconocida en términos pacíficos.

(Francamente, el comunismo siempre ha sido así, versátil, tan versátil que nunca conquistó realmente a ningún proletariado digno de tal nombre, y ni por un segundo prescindió del capitalismo para crear su propia oligarquía y burguesía)

Para exponer al mundo este comunismo, que debe ser descrito, narrado y denunciado con claridad, tarea de por si nada fácil porque obliga a retirar ropajes variados, toda una colección de atuendos para poder exponer una desnudez que de todos modos no es simple, sino la desnudez de un monstruo multiforme y contrahecho, para esa tarea, no necesitamos que nadie nos traiga un accesorio de moda, para colocarlo encima de la montaña de trapos, sombreros, bragas e implantes, que tanto trabajo nos cuesta tirar al piso.

Cuando usted tiene en frente a un comunista y viene otro y lo llama “populista”, sospechen…

[1] Al referirme a liberalismo, me refiero a lo que en los EE.UU. llaman “Libertarismo” (Libertarianism) el cual tiene varias tendencias que pueden ser “clásicas”, “austríacas”, conservadoras, anarquistas, nacionalistas, agrupaciones que siempre han impedido una definición única e inequívoca. Además, considero necesario evitar dos confusiones adicionales: la primera es que un liberal en los EE.UU. es fundamentalmente un socialista, aunque ese rótulo lefty es perfectamente capaz de amparar a un comunista. La segunda es que en muchos países de Europa, un “libertario” es fundamentalmente un anarquista, aunque para confundir más las cosas, los meten a todos en un mismo saco donde se agolpan anarquistas colectivistas y anarquistas individualistas, anarquistas capitalistas y comunistas, y desde luego, anarco-liberales (el que haya estudiado el anarquismo sabe a qué me refiero).

[2] Una de mis definiciones preferidas de “comunismo” es muy simple: es el régimen político que con mayor habilidad transforma al capitalismo en un privilegio.

viernes, 9 de marzo de 2018

La Miseria de la Unidad



La Miseria de la Unidad
(Miserias de la representación y la legitimidad)

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre la “unidad” (es posible que “genios” del mercadeo propongan de ahora en adelante usar el término “unión”) y el acto entusiasta en la Jaula Magna de la Universidad Castrista de Venecuba (UCV) me animó bastante, pero fueron dos tuits del inestimable Erik Del Búfalo (que será muy “profesor”, pero para mí es filósofo) los que me dieron el impulso que necesitaba.


¡Bien dicho Erik! porque esa “unidad” al fin y al cabo es un dispositivo de neutralización, paralización y conformismo.

Esa unidad busca “parados” y “neutros”, gente que no quiere ser “enemiga” de nadie, ni siquiera de sus asesinos, y aquí llegamos de una al meollo: la unidad busca abortar el nacimiento de la unidad de combate, la unidad de los dispuestos a ir a la guerra.

La unidad también busca preservar que sean siempre los mismos los que mantengan la dirección, chantaje moral de los que no admiten ser desplazados de sus posiciones, menos aún si eso pudiese venir de una verdadera confrontación, un verdadero conflicto, donde en las urnas en vez de caer votos, caigan ellos.

La unidad en otras palabras es una trampa (y para muchos sin llegar a saberlo nunca, ha sido y será, una tumba).

La verdadera unidad solo puede ser CONTRACULTURAL, y contra-estructural, debe ser anti-representativa, divisionista por virtud, y su legitimidad deberá construirla AL FINAL venciendo al enemigo de la nación. Y será unidad con respecto a un solo propósito: la guerra de independencia contra el Estado, tanto en su tumoración chavista como rentista, un monstruo que no tiene 20 años tiene 90, y que en su basamento militar existe desde que nacimos como país.

No se trata de acabar con el chavismo “y luego veremos”, o de acabar con el madurismo “y luego veremos”, se trata de acabar también con ese “luego veremos” y la miseria conformista que emana de esa visión, que no es de determinación sino de sumisión cristalizada, que una vez más está dispuesta a encargar su destino a otros, y nunca encargarse personalmente.

“Encargar", esa palabra que encierra tantas claves, entre otras, la renuncia a la actitud, y la escapatoria permanente al refugio en el rebaño, ese donde los borregos elige a quien poner en un cargo, los que “encargan” nunca se encargan de sí mismos, porque es necesario que “culpables” siempre sean los pastores, no uno (ni el rebaño engañado), y aquí entra en juego el victimismo como forma de vida, y la unidad también ofrece esa cómoda oportunidad.

Peor aún si se pretende afirmar que solo la unidad puede ser legítima, apelando a la estafa de automatizar representación con legitimidad, "idea-fuerza" que pretenden imponernos y que podría resultar todo lo contrario, y llevarnos directamente hacia la perversión, incluso hacia la destrucción, créanme que no exagero, hablo de algo que esta la vista en el presente, y en el pasado.

Las naciones, nunca han sido el diseño de una mayoría, son hijas de la determinación de una minoría, que se auto elige sin esperar por nadie, y se encarga, pasa a la acción, y se legitima al resultar vencedora, porque la legitimidad -no la infantil- la adulta, la única que puede existir, será siempre la legitimidad del vencedor.

La que otorga el perdedor, por resignación o por esa mezcla de indolencia, cobardía, egoísmo y victimismo que es la idiotez política, es una legitimidad siniestra, que puede ser aprovechada por perdedores ambiciosos que saben que por esa vía abierta por otros perdedores, pueden prevalecer.

País de perdedores, gobernado por perdedores, suena familiar…

Es la legitimidad malsana que otorgan los idiotas [1], que emana de una pérdida de voluntad y no de una transferencia de vitalidad, de virtud (de virilidad en su sentido original), esa es la razón por la cual tantas veces eso que llaman “la voluntad popular”, solo ha servido como preámbulo para la tragedia, por ausencia de determinación y no lo contrario, como pasó cuando los alemanes le otorgaron el "triunfo de la voluntad" a un perdedor nato.

Sólo de la tenaz insistencia de una minoría, imbuida de visión y audacia, depende la evolución de una sociedad.

Ningún país puede exigir una definición pacífica de su destino, desde la cobardía.

La lucha que deberemos emprender NO DEBE ser “representativa”, no tiene por qué ser “unitaria”, porque no será un asunto de representación ni de “legitimidad de origen”, sino de determinación y reconocimiento ante los que deberán hacer la guerra.

[1] Mucha gente desconoce que la palabra idiota proviene del término griego idiotes, con el que se definía en la Grecia Clásica a quien, a pesar de tener la condición de ciudadano y de reunir una serie de requisitos que le permitían participar en los asuntos públicos, eludía ejercer de forma activa la condición de político para dedicarse exclusivamente a sus asuntos privados. (Y por si no lo saben, político viene de polis, y un político no era otra cosa que un ciudadano, es decir, una persona con derechos políticos, que residía en la polis).


@FBoccanera

domingo, 4 de marzo de 2018

Antonio García Trevijano: Genio e Ingenuo


Extracto del Programa “La Voz” de César Vidal, publicado el pasado 1 de marzo de 2018:

Aquí el link original:


Comentario de César Vidal sobre Antonio García Trevijano, sobre el pensador, el personaje y el conspirador, “genio y figura” podría decirse, aunque en su caso, podría afirmarse también “genio e ingenuo”.

De la obra de García Trevijano se pueden extraer nutrientes valiosos, si se sabe separar el trigo de la cizaña, lamentablemente, este servidor terminó descubriendo lo que César Vidal apunta con precisión: la faceta del “tonto útil”, posible caso de efecto Dunning-Kruger reforzado con una especial dosis de ingenuidad, asociable quizás a una muy particular expresión de nobleza, pero también a algo que he podido comprobar que es un sino.

Vidal en su comentario me confirma que García Trevijano durante la transición española, terminó siendo el “tonto útil” del PCE (las transiciones siempre están llenas de esos tontos), y por lo visto, no aprendió la lección, pues a este servidor le consta personalmente su vulnerabilidad hasta el final, para ser mareado y usado por oportunistas hambrientos, farsantes y vividores, exactamente, la fauna que pulula en “el negocio de la conspiración”, negocio que algunos logran desarrollar hasta el nivel de arte, convirtiéndolo así en un modo de vida, y en ciertos casos, en toda una vida.

Le deseo verdadera paz a los restos de Don Antonio, a pesar de ciertos buitres que deben estar sobrevolando sobre su cadáver, aún tibio.